Es difícil hablar de desradicalización de cara a ataques espantosos, como los de Londres y Mánchester: los pedidos de represalias a menudo son más sonoros que quienes plantean la posibilidad de la redención. Pero apoyar la desvinculación del extremismo es una parte importante de una respuesta a largo plazo al terrorismo.
Voces eminentes como las de Maajid Nawaz y Hanif Qadir, quienes condenaron los ataques, estuvieron ellos mismos alguna vez involucrados en redes milicianas islamistas. Esto no solo muestra que es posible alejarse del extremismo, ilustra que los ex milicianos pueden ser importantes en la lucha contra el terrorismo.
También hay un argumento pragmático para la desradicalización. En comparación con la vigilancia, la encarcelación o el confinamiento, es una solución más efectiva en costos y a largo plazo. De manera importante, apoyar la desvinculación también reafirma esos valores democráticos que el terrorismo busca socavar, de maneras que la detención sin juicio no lo hace.
¿Qué tanto sabemos?
Históricamente, la investigación se ha enfocado en entender por qué la gente se involucra en la militancia. Esto significa que sabemos menos de la desvinculación de lo que sabemos de los procesos de movilización. No obstante, está creciendo el conocimiento sobre por qué y cómo la gente deja los grupos extremistas.
A menudo se hace una distinción entre desradicalización y desvinculación. La desradicalización por lo general se usa para hablar de un cambio en las actitudes o ideas que apoya el alejarse del extremismo, mientras que la desvinculación se refiere a un cambio de comportamiento.
Una suposición común es que la desvinculación lleva a la desradicalización. Pero esto no es siempre el caso, en parte porque el vínculo entre actitudes y comportamiento no es directo. Mucha más gente tiene opiniones “radicales” de la que en verdad participa en la violencia, y algunos de aquellos involucrados en la violencia no tienen fuertes creencias ideológicas.
¿Por qué la gente se aleja del extremismo?
Las razones por las cuales la gente se aleja de grupos milicianos son variadas y cada historia es diferente. Algunos son obligados a renunciar a causa de un arresto, otros son apoyados por programas formales de intervención, pero la mayoría se aleja de propia voluntad, como lo dice un antiguo extremista: “Me desradicalicé yo mismo, la verdad”.
Es común hablar de factores de presión e inducción que apoyan la desvinculación. Los factores de manipulación pueden incluir la desilusión con el grupo, sus líderes o ideología, agotamiento, o una sensación de que la violencia ha ido demasiado lejos. Los factores de inducción podrían involucrar el deseo de una vida normal, o interacciones positivas con gente fuera del grupo. Incluso los incentivos financieros pueden tener influencia.
Sin embargo, hay mucho que aprender de las maneras en que estos factores actúan y cómo dan forma a los resultados a largo plazo. También tenemos un entendimiento relativamente limitado de cuándo y por qué las intervenciones traen un cambio positivo.
¿Qué apoya la desvinculación?
He pasado la última década investigando las acciones para apoyar la desvinculación del extremismo, y la realidad a menudo es más compleja de lo que suponen las ideas de “factores de presión e inducción” y “desradicalización y desvinculación”. Años de hablar con quienes trabajan con extremistas, y quienes han estado involucrados en la militancia, sugieren una manera diferente de pensar sobre la desvinculación.
Para apoyar el alejamiento del extremismo, es útil empezar por preguntar: ¿qué buscan lograr al involucrarse? No solo en términos de buscar un cambio político, sino de tomar en cuenta el rango competo de razones complejas en interacción por las cuales la gente se involucra en el extremismo. Desde factores individuales vinculados con la identidad y una búsqueda de pertenencia, hasta el deseo de abordar experiencias comunitarias de discriminación, de problemas sociopolíticos como la política exterior y la injusticia social.
En cuanto hay un mejor entendimiento de por qué algunos se involucran, se vuelve posible identificar maneras para que ellos logren esas mismas metas de maneras que favorezcan a la sociedad. En vez de empezar a tratar de “desradicalizar” a alguien mediante deconstruir sus compromisos ideológicos, esto implica redirigir su motivación inicial para involucrarse en primer lugar.
Como lo explicó un operador de intervenciones quien trabaja con gente sentenciada por crímenes de terrorismo y aquellos considerados “en riesgo de radicalización”:
Hay una guerra en marcha en nuestras propias calles, en nuestra propia comunidad que estamos abordando; así que les damos esa causa negativa [que los llevó al extremismo] y la remplazamos con una causa positiva, y una justificable.
Así como se trabaja para redirigir la motivación de alguien, es importante probar y desarrollar una resistencia a la gente o los eventos que podrían minar cualquier compromiso creciente de desvincularse con el extremismo. Hallar maneras para que alguien se reintegre a la sociedad más amplia también es central para resultados positivos de apoyo. Las redes milicianas a menudo buscan aislar a la gente de sus amigos y familia, por lo que es crucial hallar mecanismos que les permitan desarrollar nuevas redes y una identidad social más amplia.
¿Qué funciona?
Este trabajo no es fácil. A menudo hay un abismo de confianza entre aquellos involucrados en el extremismo y quienes buscan apoyar su reintegración. A veces, esto resulta imposible de zanjar. También es extremadamente difícil valorar si acaso y por qué las intervenciones podrían ser efectivas. En parte porque pocas evaluaciones independientes están disponibles públicamente, pero también porque no está claro cómo se ve el “éxito”. Un supervisor de libertad condicional con quien hablé resumió este problema:
[Hacer] que alguien retroceda del extremismo violento hacia el extremismo, ¿eso es suficiente? ¿Quieres que ya no cometan crímenes, eso es suficiente? ¿Quieres convertirlos para que se hagan católicos? ¿Qué tan lejos quieres ir, qué tan lejos es suficiente?
Lo que está claro es que hay una necesidad urgente de desarrollar un mejor entendimiento de cómo apoyar la desvinculación del extremismo. Sin subestimar la dificultad de involucrarse con aquellos comprometidos con la violencia política, como pueden atestiguarlo quienes se han alejado del extremismo, la gente puede y sí cambia. Dadas las consecuencias absolutamente devastadoras del terrorismo, refinar nuestro conocimiento sobre cómo influir y valorar este proceso es tan importante como nunca antes.
Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek