El número de hombres que viven
violencia de parte de sus parejas podría ser entre el 15 y 20 por ciento, un
índice mayor al registrado por las organizaciones civiles dedicadas al apoyo de
este sector, la principal razón para ocultarlo es que los afectados lo
consideran un hecho sumamente vergonzoso, dijo en entrevista Agustín Villarreal,
presidente del Colectivo de Hombres Libres de Violencia
“Para ellos es muy vergonzoso, aceptar
que una mujer está golpeando a un hombre o que ha sido agredido por una mujer,
no es algo fácil de aceptar”, precisó el activista.
Su ser masculino les dice que
ellos como hombres deben ser quienes ejerzan el poder sobre las mujeres y al
suceder lo contrario están faltando a “uno de su mandatos principales”.
Agregó que incluso no existen estadísticas
confiables sobre los números relacionados con hombres maltratados y si se
propusieran realizan una encuesta cabe la posibilidad de que el sesgo sea muy
amplio porque muchos de los afectados mentirían.
Las principales manifestaciones
de violencia de las mujeres en contra de los hombres son, golpes, acoso en sus
áreas de trabajo, prohibición para ver a sus hijos, les quitan el 60 ó 70 por
ciento de su salario, los chantajean y manipulan. Hay incluso algunos casos más
extremos donde los han dejado sin casa o los abandonan con sus hijos.
Sobre esta última circunstancia,
el colectivo tiene registro de dos hombres abandonados con sus hijos quienes
consiguieron recibir pensión alimenticia para la manutención de los menores.
La concepción que las mujeres
tienen de los hombres- que no es tan agradable- ha sido consecuencia de las
agresiones y el machismo que estos han ejercido contra ellas, ante la realidad
lo que les queda incluso a quienes no son violentos es recomponer la realidad,
replantear las conductas agresivas para desaprender lo que por cultura han
adquirido.
En lo que va de este año, el
colectivo tiene registro de atención para nueve hombres violentados,
generalmente maduros cuyas esposas reprodujeron actitudes machistas, a decir de
Agustín, en muchos casos como un modo de supervivencia para la defensa de su
integridad.