Los nuevos hábitos de lectura y los altos costos de distribución hacen pensar que abrir librerías en esta frontera parezca más un acto suicida que una decisión de negocios.
Así piensa Vianett Medina, que al frente de la Unión de Libreros de Tijuana, coordina junto a otros la Feria del Libro de Tijuana (FLT) y apuesta por seguir ese camino.
La feria es un respiro para el gremio de libreros de la ciudad que hoy sobreviven al desinterés de las instituciones educativas que vinculan a la formación universitaria con la productividad y el trabajo.
Considera que la feria además de representar una oportunidad para los escritores y libreros, acerca a los lectores materiales para áreas como las humanidades que a su sentir, aún no ofrecen las instituciones de manera suficiente.
La edición 35 de la Feria del Libro Tijuana, a realizarse del viernes 19 al domingo 28 de mayo en el Centro Cultural Tijuana (Cecut), es para Medina un espacio donde la variedad de libros, como mediaciones, conduzcan al lector por un camino autónomo.
La siguiente entrevista ha sido editada para facilitar su lectura.
—¿Cómo se reflejarán los trabajos de selección y programa literario para los asistentes al evento?
—Es la gran pregunta y todavía un misterio, porque las respuestas del público suelen ser diferentes. En la asistencia a la Feria del Libro se proyecta la fluctuación poblacional de la ciudad. Cada año hay diferencias muy marcadas en la búsqueda de títulos.
—¿Qué significa para los libreros realizar eventos multitudinarios como este?
—Es una oportunidad de sostener el mercado. Ese es un objetivo importante en la Feria del Libro, porque al lector se le están restringiendo los accesos a la lectura. El mercado ha disminuido y por lo tanto, las librerías estamos en crisis. Hay ajustes con los que tenemos que maniobrar y que de algún modo nos sostienen, pero es muy complicado. En términos económicos, puede ser suicida poner una librería en esta época. El camino actual de la economía, hablando de la cultura, no es abrir librerías. Estamos buscando cómo sobrevivir.
La Feria del Libro es un evento que nos refuerza y proyecta, que nos permite establecer contactos. Finalmente es una feria de libreros y librerías, y como tal, el objetivo es establecer red y hacer una oferta variada.
No siempre logramos lo que quisiéramos, porque hay mucho gasto. Tengo una década participando pero todavía hay aprendizajes que hago en este proceso: cómo ahorrar pagos de fletes, que es una de las cosas que más nos comen el mercado. Este año subieron un 25% con el incremento a gasolinas. Todo esto nos condiciona y afecta. Si Tijuana tuviera una tradición, como la de una ciudad europea en la que se producen libros y se consumen de forma permanente, tendríamos menos limitantes.
Hay riesgos que se asumen. Sin embargo, seguimos creyendo, —no me gusta decirlo idealista aunque es un modo de verlo— que es importante el mercado de libros.
—¿Qué opinas del consumo de series masivas en línea?
—Te voy a hablar únicamente como especialista en el tema de las librerías. Porque lo que impacta es que el consumo se redirecciona. Si hay consumo de historias, muchas veces se dejan de consumir ciertos libros por comprar la historia audiovisual, pero son experiencias diferentes. Que esta generación está muy marcada por este consumo de la historia llevada al cine, es verdad, y eso de algún modo disminuye este mercado juvenil o mercado en general.
—¿Hay temas o géneros que se estén desarrollando más en Baja California?
—La poesía siempre está presente. Ya en los últimos años no ha habido FLT en la que los poetas no estén presentes. La psicología es un tema que también ha despertado.
—¿A qué se debe?
—La psicología permite hablar de teoría, y por otra parte, el área de humanidades en Tijuana no está muy desarrollada. La única universidad que tiene una Facultad de Humanidades es la UABC. Las demás aunque tengan Educación, no es Humanidades, es teoría aplicada. No es lo mismo.
La psicología está abriendo una puerta hacia la teoría que no abren otras tradiciones como la antropología y la filosofía, que son propias de las humanidades y que no se están desarrollando en Tijuana. Así lo digo tajantemente, porque aunque se hagan trabajos que rozan, no hay desarrollo en esa área.
—¿Hay propuestas de libros o autores de este tipo?
—Por supuesto. Los libros cubren ese campo huérfano de las instituciones de educación superior. Un campo que no interesa a la productividad. En ese sentido, sí puedo decir que la Feria del Libro está contribuyendo con variedad.
—¿De qué se debería escribir en la región?
—Yo creo que el “debería” no aplica, no es cuestión de imponer proyectos. La lectura y la escritura son mediaciones y cada quien tiene su propósito. Aquí lo rico es que el contacto con los libros te permite un camino propio, un camino autónomo. Tú haces tu búsqueda de lo que quieres aprender y lo que quieres escribir. Y ahí reside la libertad que viene como consecuencia de este proceso de lectura.
En el caso de Tijuana o del estado, todavía estamos a ese nivel de pensar que el título te da la formación y no es así. Ese es un gran engaño del neoliberalismo. La formación no es para capacitar.
Muchas carreras que se están ofreciendo son técnicas y no forman integralmente. Y vemos muchas deficiencias que se expresan en el plano comunicativo, en el plano relacional, en la gestión de sentimientos y de la salud. Una formación más integral te capacita como ser humano, no solo para el trabajo.
Debería haber una formación complementaria. Mientras no la haya, una Feria del Libro, o una librería juegan ese gran rol de acercar materiales para que de manera individual, autónoma, los lectores se integren a un proceso formativo y que encuentren algo que no ofrece la escuela.
—¿Cómo fomentar el interés en los libros además de eventos como este?
—Definitivamente falta mucho que hacer en el ámbito de la educación. La dinámica deseable en un docente es que se forme de manera contínua para que ofrezca información actualizada a sus estudiantes. No hay un hábito de formarse y vuelve más grave el problema.
En los estudios del perfil lector de los asistentes a la Feria del Libro, encontramos un promedio entre los buenos lectores, de un libro por bimestre. La cifra general no la tengo. Si cada docente leyera en el promedio local un libro por bimestre, creo que ya sería bueno. Sería deseable que al menos fuera a este ritmo, porque los mantendría ocupados mentalmente y también con actitud de actualización y búsqueda, que permite dinamizar un grupo de clase.
—¿Y desde casa tiene también puede venir el hábito de la lectura?
—Cualquier canal es bueno. La radio con contenidos valiosos, algunas series. La lectura no necesariamente se da en libros, aunque sí hay una preferencia, según el estudio que te refiero. Hay mucho que se lee en línea y en dispositivos. Esto no habla de una calidad de la lectura, pero sí habla de un hábito de lectura diversificado. Todavía estamos en un tiempo en el que la lectura en línea no puede ser tan profunda o permanente por las limitaciones que supone, pero sí se ha dado esta diversificación de prácticas en Tijuana.
—Habrá un homenaje a Jesús Cueva Pelayo, ¿por qué reconocer a autores locales o periodistas en este caso?
—Ya hace algunos años se está haciendo homenaje a autores locales. En el caso de Cueva Pelayo, yo veo un vínculo importante con su participación en la Feria del Libro de Tijuana. Fue el iniciador de un programa literario en la Feria haciendo talleres de poesía. El hecho de que en la edición 35 se le rinda un homenaje, yo creo que es bastante justo. Publicó por primera vez “Las leyendas de Sor Abeja”, un bestseller local. Él tenía este ojo editorial para decir: “esto va a ser un éxito”, es decir es un editor, no solo periodista. Ha sido un editor con buen ojo de los trabajos que han pasado por sus manos. El reconocimiento es muy válido y oportuno. Y ahí lo vamos a tener con toda la lucidez con la que lo hemos visto caminar por otras ferias.