El fútbol mexicano comenzó su fase más folclórica en la que
un “golpe de suerte” puede significar un título inesperado para cualquier de
los contendientes: la Liguilla, una especie de “lotería” en la que los equipos
-y sus televisoras- se enfrascan en una batalla de rating en la se busca
resarcir la mediocridad deportiva del torneo regular y en la que el negocio se
vuelve la parte medular del juego.. Al respecto, David Faitelson, comentarista
de la cadena ESPN, pone en perspectiva los principales males del fútbol en
México: empresarios codiciosos, irregularidad y la poca hambre del jugador mexicano
para trascender.
¿Por qué existe una Liguilla en el torneo del Fútbol
Mexicano? Faitelson toma aire, y como si narrara una jugada de veinte pases,
explica sin pausa: “La liguilla es generada por una necesidad económica de los
patrocinadores y de las televisoras que requieren estadios llenos; sin embargo,
el formato del torneo solo fomenta mediocridad, es algo irreal que no tiene
estabilidad ni regularidad. Es una manera de engañar a la gente y sacarle
dinero.
El comentarista que inició su carrera en televisión hace un
par de décadas teniendo como mentor a José Ramón Fernández reprocha la
permisividad de la Liga mexicana y argumenta que existen equipos que una
jornada antes de finalizar el torneo regular están evitando el descenso y si
logran colarse a la Liguilla pueden pelear por el título.
¿No es más rentable una Liga competitiva que una Liguilla
emocionante? “Supongo que sí. Antes teníamos un calendario largo como se juega
en Europa, pero se inventaron dos torneos cortos con dos liguillas, que
significa más negocio. El problema eterno de nuestro fútbol es que quienes lo
administran y planifican piensan más con la cartera que con la cabeza”.
El jugador mexicano
no tiene hambre
El futbolista mexicano tiene mucho tiempo en su zona de
confort, y nada lo va a sacar de ahí porque está contento, está satisfecho… no
tiene hambre, afirma Faitelson, que enfatiza que el gran problema es la manera
en que les trata en México.
“Aunque se quejan, la crítica en México no tiene comparación
con la que se hace en Europa o en Sudamérica. Les pagan bien, los tratan bien,
los cuidan, tienen buenas instalaciones, viajan en avión. El futbolista en
México no tiene hambre, vive sin hambre, y sin hambre te vuelves conformista”
¿Hay solución a este círculo vicioso?
Debe pensarse más en el deporte que en el negocio, señala
Faitelson, quien pone como ejemplo la Selección Mexicana de Fútbol y, fiel a su
estilo, marca los bemoles que impiden una mejor partitura futbolera en México:
“Entiendo bien que esto es parte de una industria, pero si
el futbolista no crece, no madura y no se desarrolla, no pueden salir más
valores de los clubes. Al momento en que el fútbol es visto como un negocio y
no como un deporte, todo termina perjudicado”.
Haciendo una analogía con la situación económica de México,
el comentarista deportivo -uno de los más polémicos tras el micrófono- tiene la
esperanza de que en el fútbol comiences a haber cambios como los que de manera
lenta se han ido dando en otros ámbitos en México.
“Espero que en la manera en que se conduce el país, con una
mayor apertura, mayor democracia, mayor participación, la caída de los
monopolios y el poder absoluto de algunas empresas que se está terminando…
espero que el futbol mexicano en los próximos años sea operado de otra manera.
Es tiempo de que la gente de futbol tome el control de este deporte, no la
gente que hace negocios y se aprovecha radicalmente”
¿Es frustrante hablar de esto cada fin de semana al terminar
una jornada?
“Sí. Siempre hablamos de lo mismo; si bien se ha mejorado y
ya hay más jugadores en Europa, para el tamaño del país que somos y la
capacidad de producción, la inversión, los clubes y su infraestructura, es
claro que debemos tener más jugadores en el extranjero, sin embargo, esto forma
parte de la mentalidad del futbolista mexicano”.
¿Le falta educación?
“… Y le falta ambición. Tiene todo en casa ¿Para que voy a
Europa a pasar hambre y frío si aquí me pagan bien y estoy calientito? El
futbolista vive su mundo, vive su fútbol doméstico, pero en realidad la manera
de crecer es exportando, llevando al futbol mexicano a competir en los niveles
más desarrollados del juego”.
Draft, pacto de
caballeros y “esclavitud”.
Si el fútbol es el reflejo de su sociedad, en México esto se
acentúa al momento de hablar de las cláusulas laborales de los jugadores de
fútbol, quienes al finalizar cada torneo son tratados como mercancías por los
dueños de los equipos, advierte Faitelson en la recta final de la conversación,
y agrega que no se respetan los derechos internacionales que tiene el
futbolista -mismos que se ha ganado a través de la FIFA-, en parte, porque no
existe un sindicato de jugadores que los defienda, lo que considera un grave
error.
“Esto ha sido culpa de los jugadores, dentro de su falta de
educación y su egoísmo solo ven por sus propios intereses. Como ganan bien no
les importa, no buscan la agrupación, no saben que unidos pueden luchar contra
el abuso y el poder desenfrenado, contra las decisiones unilaterales de los
equipos”.
Entonces, mientras en el silencio busca el juego de palabras
adecuado, suelta una frase lapidaria: “el jugador de fútbol es manejado como un
esclavo al que alimenta y pagan bien aunque no tiene grandes derechos; los
clubes se aprovechan de esto y de su poca educación para poder aplastarlo y
manejarlo a su antojo”.
En los últimos segundos vuelve hace un cambio en la
conversación y termina por coincidir en que este deporte que genera enorme
pasión en el país es un reflejo de lo que vivimos en México.
“No tiene por qué ser diferente. Hace buen tiempo que
tuvimos que ser campeones del mundo. México es una potencia futbolera, tenemos
muchas ventajas sobre otros países, no lo hemos sido por la corrupción, los
malos manejos, los monopolios, la avaricia, por la necesidad de hacer de todo
un negocio. El futbol al final del día termina siendo un reflejo de otras cosas
en el país. No veo por qué el mexicano no pueda ser bueno jugando al fútbol, no
hay otra explicación”.