Yarrington Corp.

EL LARGO TRAYECTO de la frontera entre México y Estados Unidos desemboca a orillas del Río Bravo. Justo en esta esquina del Golfo de México se encuentra Matamoros, donde viven menos de dos millones de personas. Desde aquí es más fácil y seguro cruzar al lado estadounidense que viajar a cualquier otra población mexicana. Más cercana está Brownsville que Reynosa, Ciudad Victoria o Nuevo Laredo, las otras tres ciudades importantes del estado de Tamaulipas. Matamoros y Brownsville quedan frente a frente. Menos de cinco kilómetros de distancia. Como ir al supermercado.

Aquí nació Tomás Yarrington hace sesenta años, criado entre una docena de hermanos en una zona carenciada de Matamoros; pobre como una colonia que todavía lleva su nombre y donde 120 familias reclaman aún servicios de luz y agua.

Aquí nacieron también el Cártel del Golfo, una de las más antiguas organizaciones criminales de México, y Los Zetas: Matamoros anidó a los primeros militares que desertaron para formar uno de los grupos criminales más sanguinarios del país. El relato oficial cuenta que, en 1999, el mismo año en que Tomás Yarrington tomó el cargo como gobernador de Tamaulipas, Osiel Cárdenas Guillén se hizo de los servicios de ese brazo armado para enfrentarse con grupos rivales en el tráfico de droga. Todavía no eran noticia de cada día los hallazgos de fosas clandestinas y de innumerables personas desaparecidas. Era el principio de una violencia exacerbada que se ha expandido en todo el país, y de la que el exgobernador es pieza central.

Yarrington llegó a la política en 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari tomó la Presidencia de la República. Desde el comienzo de su carrera asumió cargos relacionados con el manejo de los recursos: diputado federal, delegado de la Secretaría de Presupuesto de Tamaulipas, asesor del INEGI con Ernesto Zedillo, alcalde de Matamoros en 1992, secretario de Hacienda estatal bajo el mando del gobernador Manuel Cavazos, a quien relevó en el cargo de 1999 hasta 2004. Siempre con un marcado enfoque en infraestructura, obra pública, calles.

Cuando Yarrington dejó la alcaldía de Matamoros, en 1995, dijo que sus mayores logros en tres años de gobierno habían sido la pavimentación de 92 kilómetros de nuevas calles, la repavimentación de 132 kilómetros de calles del centro de la ciudad y vías aledañas, la construcción del Centro de Convenciones, la rehabilitación de la Plaza Allende y una nueva fachada de la presidencia municipal. La remodelación del Teatro de la Reforma, el paso elevado Sexta Avenida, el campo de béisbol Nuevo Amanecer. Drenaje, proyectos eléctricos en colonias pobres y mejoras a una playa que lleva el lejano nombre de Bagdad, ahora rebautizada Costa Azul por el cantante Rigo Tovar, hijo pródigo de la ciudad e ídolo popular indiscutible de la década de 1970. “¿Cuánto dinero dejó en la tesorería? No se supo”, escribió un columnista local por esos días. Acaso un presagio.

Una investigación en una corte de Brownsville lo señala como la cabeza de una empresa delictiva en la que sus socios y cómplices han sido funcionarios, familiares, policías estatales, integrantes del Poder Judicial y militares. Yarrington nunca actuó solo: al menos otras 15 personas lo han ayudado a tejer la trama criminal que comenzó hace 19 años.

El expediente criminal B-12-435-Sl contra Tomás Yarrington Ruvalcaba y Fernando Alejandro Martínez Cano, radicado en la Corte Federal del Distrito Sur de Texas de Brownsville, señala que, de acuerdo con las averiguaciones de la DEA, el FBI y el ICE, Yarrington comenzó a recibir dinero del Cártel del Golfo para financiar su campaña a la gubernatura, recursos que le siguieron lloviendo hasta 2013, cuando las autoridades estadounidenses hicieron pública la denuncia.

El narcotraficante Osiel Cárdenas Guillén nació, igual que Yarrington, en Matamoros. También en una familia pobre, y asumió el control del cártel en las fechas en que Yarrington hacía campaña por la gubernatura. El exgobernador vio el surgimiento de una organización jerárquica, piramidal y despiadada como Los Zetas; la conformación del grupo de los treinta primeros desertores del ejército que habían sido entrenados para abatir criminales, pero que ahora estaban en la nómina de Cárdenas Guillén, como lo estaba él, de acuerdo con la acusación.

Con los millones de dólares que Yarrington negoció con los líderes criminales a cambio de inmunidad, compró terrenos, residencias, aeronaves y autos en Estados Unidos. Instaló empresas que sirvieron de pantalla para lavar dinero. Falsificó y usó testaferros. Traficó además cocaína y marihuana desde el puerto de Veracruz a Estados Unidos a través de embarcaciones que surcaban el Golfo.

Es decir que, de comprobarse las denuncias en su contra, Yarrington habría orquestado y realizado todos estos actos delictivos desde la presidencia de Ernesto Zedillo, pasando por Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Y ante los ojos de funcionarios estadounidenses de los que se hizo cercano. En esos años, como alcalde de Matamoros y gobernador de Tamaulipas, era amigo personal de George W. Bush —quien lo llamaba “compadre” y a quien solía visitar en su rancho en Crawford—. También llevó una buena relación con Rick Perry. Basta mirar internet para hallar fotos de los dos juntos. Yarrington en alguna ocasión le regaló a Perry un cofre de madera. Bush y Perry fueron gobernadores de Texas.

En Matamoros, la tierra de Yarrington, nacieron, también, el Cártel del Golfo, una de las más antiguas organizaciones criminales de México, y los sanguinarios Zetas. FOTO: HORACIO LÓPEZ/AFP

LAVAR EN TEXAS

El Cártel del Golfo y Los Zetas comenzaron a meter terror entre la población con sus ejecuciones en pleno día: descuartizados, colgados, letreros de amenazas y sentencias. Diversificaron los delitos. No había solo tránsito de droga; también extorsión, secuestro, robo, tráfico de personas, tortura a migrantes. Fragmentaron células criminales y reclutaron jóvenes, niños. Los índices de homicidios comenzaron a subir, lo mismo que los secuestros. Se estrenaron los bloqueos en carreteras con balas cruzadas, los granadazos, los incendios, el asedio en las carreteras. Una serie de empresarios entonces decidió cruzar el río y marcharse de Tamaulipas. Comprar una casa, instalar un negocio y vivir de tiempo completo allá. En la actualidad, algunos atienden sus asuntos del lado mexicano durante el día y regresan por la noche al lado texano para dormir. La migración de capital creció tanto que las autoridades de las ciudades fronterizas en el Valle del Río Grande, como McAllen y Mission, les abrieron la puerta a los empresarios mexicanos de par en par.

Una de las zonas más beneficiadas ha sido Mission, en el condado de Hidalgo, junto a McAllen por el lado oeste. La calle de SheryLine en Mission es una línea de nuevos negocios. Restaurantes caros, bares exclusivos, gimnasios, hoteles y pequeños centros comerciales donde se habla mucho el español. El 85 por ciento de la población en esta próspera localidad es de origen hispano. Por la misma SheryLine se llega al exclusivo residencial El Cimarrón, donde hay un campo de golf, lagos artificiales y enormes casas con amplios jardines y árboles. Al Cimarrón lo llaman “el pequeño Tamaulipas”. Los letreros de renta o venta en su mayoría también son en español y una buena cantidad de vehículos estacionados tiene placas de Tamaulipas o Nuevo León.

En El Cimarrón tiene una residencia Luis Carlos Castillo Cervantes, “el rey de los dragones”, el proveedor privilegiado por el presidente Enrique Peña Nieto desde que era gobernador del Estado de México; y también de otros exgobernadores como Ricardo Monreal en Zacatecas, Humberto Moreira en Coahuila, Tomás Yarrington y Eugenio Hernández en Tamaulipas, así como Natividad González Parás y Rodrigo Medina en Nuevo León. Castillo Cervantes, tamaulipeco, está preso en Texas, acusado de lavado de dinero y fraudes. Las autoridades le incautaron millones de dólares y un jet privado.

La migración de mexicanos con intención de invertir en Texas ha crecido tanto en Mission y McAllen que las autoridades hace tres años empezaron a recibirlos “con alfombra roja”, contó hace un par de años Flavio Garduño, miembro fundador de la Asociación de Empresarios Mexicanos (AEM) en el Valle del Río Grande. Con alfombra roja se refería a que en el momento que el mexicano lo dispusiera, tendría una reunión con representantes de las cámaras de comercio, funcionarios de administración, expertos en construcción y reglamentos, e incluso con bomberos y funcionarios de educación, para el caso de los que tenían hijos. El mismo gobernador de Texas, Greg Abbott, que a principios de mayo pasado firmó la peor ley antiinmigrante de Estados Unidos, ha estado viajando a la Ciudad de México para incentivar las inversiones en su estado.

La mayoría de los mexicanos que compran propiedades en Texas lo hacen pagando enganches por encima del 35 por ciento y suelen adquirir a través de fideicomisos, sociedades de responsabilidad limitada, compañías de responsabilidad limitada o entidades corporativas, dice Ana Vázquez, una especialista en bienes raíces de San Antonio, Texas. Depende el caso, no aparecer como persona física y dueño único en el título de propiedad ayudará para reducir el pago de impuestos, como a la hora de comprar o vender, o cuando el propietario muere, porque si esto sucede los herederos deberán pagar el 45 por ciento del valor del inmueble al Departamento de Tesorería de Estados Unidos, el IRS.

Texas es más barato para invertir que California, Florida o Nueva York. Y además está más cerca para empresarios o funcionarios de Tamaulipas, como fue el caso de Tomás Yarrington. San Antonio, la sede del condado de Bexar, es una de las ciudades menos caras, el valor promedio de una vivienda ronda los 113,100 dólares.

Por eso suena a demasiado dinero que un exgobernador como Yarrington haya comprado 46.175 acres (18.6 hectáreas) con 6 millones 650,000 dólares que le prestó el First National Bank, justamente un banco de Hidalgo, en la zona del Valle del Río Grande. Y que haya adquirido ese terreno bajo la pantalla de una de sus tantas empresas, Cantera-Parkway Development Partners de SA, LP (“Cantera”) y SA Cantera Development Partners, LLC (“SA Cantera”). Eso tuvo lugar en febrero de 2005. Pero un año después, en julio de 2006, a nombre de La Culebra SA 179 Management LLC, de la que era “socio”, recibió un préstamo de 3 millones 626,000 dólares de Falcon International Bank para comprar aproximadamente 179 acres (72.4 hectáreas) en el mismo condado de Bexar. Y un mes después, en agosto de 2006, a nombre de la empresa Culebra SA 104 Acres Residential Partnership, LP (“Culebra 104”) y Culebra SA 104 Management LLC, recibió 2 millones 874,000 dólares del Falcon International Bank para adquirir cerca de 104 acres (42 hectáreas) de tierra, nuevamente en Bexar. Los préstamos estaban a nombre de Fernando Alejandro Cano Martínez, que no está preso.

Una de las primeras adquisiciones que hizo el exgobernador Yarrington fue durante 1998: un condominio de lujo en la Isla del Padre, con un precio de compra de 450,000 dólares, con el 66 por ciento financiado por un fideicomiso. Lo compró uno de sus prestanombres, Napoleón Rodríguez, detenido en México y señalado en la causa civil 12CV167 del Distrito Sur de Texas de la división de Corpus Christi.

Yarrington y Cano Martínez trabajaron juntos y con otros cómplices “de manera disimulada” para adquirir y mantener bienes raíces no solo en Estados Unidos, también lo hicieron en México y buscaron las formas de no ser descubiertos, se asienta en el expediente. Entre ellos, la Hacienda San Juan, un centro de cacería de Tamaulipas. De acuerdo con una declaración del testigo protegido Antonio Peña Argüelles, Cano Martínez es dueño de la Hacienda San Juan, que tiene una extensión de 1700 hectáreas. Peña Argüelles declaró que el exgobernador compró la isla “El Frontón”, en el norte de Veracruz, escriturada también a nombre de su mano derecha.

Peña Argüelles era presuntamente el enlace entre Yarrington y el líder de Los Zetas, Miguel Treviño Morales, el Z-40, hasta que mataron a su hermano en Nuevo Laredo por quedarse supuestamente con millones de pesos de soborno para otros funcionarios y no para Yarrington.

El cuerpo del hermano de Peña Argüelles fue exhibido con el tiro de gracia y un letrero escrito a mano. La agencia antidrogas estadounidense, la DEA, lo atribuyó al Z-40. En la advertencia decía que se fijara a quién robaba y que su hermano le había contado del “negocio” que tenía junto con el líder del cártel del Golfo y con Tomás Yarrington. El mensaje decía que ellos eran los responsables del asesinato del excandidato a gobernador Rodolfo Torre Cantú, “porque afectaba el negocio de la construcción” y porque no se dejaría sobornar.

Las autoridades de Estados Unidos detuvieron a Peña Argüelles en su casa de Laredo en 2012 y la DEA lo convirtió en testigo protegido. Ese mismo año, los fiscales a cargo del caso pidieron al gobierno mexicano la captura y extradición de Yarrington y Cano Martínez.

En México las investigaciones sobre Yarrington habían comenzado en 2009, cuando la entonces Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, SIEDO [que luego fue renombrada como Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, SEIDO], abrió la indagatoria PGR/SIEDO/UEIDCS/012/2009. Pero no fue sino hasta noviembre de 2016 que la PGR ofreció una recompensa de 15 millones de pesos por su captura.

Por cooperar con la DEA, Peña Argüelles solo estuvo dos años y medio en prisión. Por los delitos de lavado de dinero y narcotráfico hubiera estado alrededor de veinte años encerrado.

Al principal cómplice de Yarrington —Cano Martínez— lo detuvieron autoridades de Nuevo León en febrero. Iba saliendo de un restaurante en San Pedro Garza García cuando notó que había policías y se echó a la fuga, lo alcanzaron dos cuadras después. El mismo día quedó libre porque pagó una fianza y presentó un amparo vigente.

Yarrington está detenido en Florencia desde el 9 de abril. Hay un video que circula en internet donde puede verse la ciudad de noche, dos hombres caminando. Yarrington lleva puesta una chamarra de piel marrón y el cabello blanco. Los agentes de Interpol lo saludan, uno le da la mano. Lo llevan a un estacionamiento donde está el vehículo de la policía, se suben y se pierden en una calle. No se le ha vuelto a ver, quizá hasta que lo extraditen a Estados Unidos para enfrentar los cargos que se le imputan. El Departamento de Justicia tiene abiertas cuatro causas contra él y sus prestanombres.

Fragmento del Cártel del Golfo detenido en un operativo de la Marina. Yarrington es acusado de recibir millones de dólares en sobornos por parte de esta banda durante los seis años que fue gobernador de Tamaulipas. FOTO: GUILLERMO PEREA/CUARTOSCURO.

LA TIERRA DE NADIE

Entrar en Tamaulipas es meterse en un territorio donde hay que viajar de día y resguardarse de noche, son las recomendaciones que con frecuencia dan los locales y los foráneos. Un “cuídate” no es retórica, después de todo, en Tamaulipas siempre ronda un halo de sospecha en las conversaciones, sobre todo si se trata de temas de política y de dinero. Sus ciudades están llenas de códigos. Los semáforos, al menos en Reynosa, no se suelen respetar: si está en rojo, habrá que mirar de un lado y del otro para revisar que no venga un auto y enseguida cruzar. Los semáforos en alto no se respetan porque existe la probabilidad de quedar en medio de un fuego cruzado. En los semáforos en rojo no se detiene ni la gendarmería.

Tamaulipas es un estado silenciado para la prensa: entre los años 2000 y 2017 han sido asesinados 13 comunicadores, de acuerdo con un registro que da la organización Artículo 19. Al diario El Mañana de Nuevo Laredo le han lanzado granadas, le han matado a cinco periodistas y otros tantos han sido amenazados o secuestrados, como pasó con el director local de Matamoros en 2015. En la prensa de Tamaulipas hay una censura por presiones externas, pero también una autocensura por protección.

Orlando de Andar, dueño de El Mañana de Reynosa, en una entrevista en su casa de esta ciudad decía que los criminales que silencian a los periodistas son unos ignorantes. Y lo explicaba así: “Cuando una cosa les pasa, muerte o balazos, está en internet, en radio, las noticias llegan para todos lados, desde Nueva York hasta México. Y más pa’llá, en Europa, saben lo que está pasando aquí. ¿Por qué se fijan en un periódico local? ¿Qué ganan con que no se ponga nada si todo el mundo sabe?”.

A De Andar lo habían amenazado después de una publicación. “¿A quién le hablo, a la policía? La policía es de ellos”. Esa vez llamó a un reportero y ese reportero lo comunicó con un “mafioso”, al que le dijo: “Ustedes me dicen que no lo ponga y no lo pongo, porque, si no, me cortan el pescuezo, y si me piden: ‘No quiero que nos digas sicarios, ponnos ciudadanos’, pues ponemos: ‘Mataron a tres ciudadanos’”.

De Andar es compadre del polémico Juan Armando Hinojosa Cantú, el empresario detrás de la casa blanca de la pareja presidencial, uno de los proveedores favoritos del sexenio de Enrique Peña Nieto. El presidente de Grupo Higa es otro tamaulipeco que migró al Estado de México luego de que los contratos de obra pública vinieron a menos con la constructora que heredó de su papá en Reynosa, de acuerdo con Otoniel Ochoa, un desarrollador local en Reynosa que conoce a los Hinojosa Cantú desde que tenía cuatro años.

Un fotógrafo local, que se reserva el nombre por seguridad, cuenta que pocos reporteros de medios nacionales y mucho menos de internacionales hacen coberturas en Tamaulipas. A él lo suelen contratar para acompañar a periodistas extranjeros: “Llegan, toman la foto y se van”, dice, entre ellos The New York Times y Al Jazeera. Algunos llevan chalecos antibalas.

La población es cautelosa, se las han ingeniado para comunicar alertas a través de Twitter, del hashtag #ReynosaFollow, por ejemplo. Si comienzan a ver que hay una modalidad de extorsión, familiares o amigos se van avisando por WhatsApp. Buscan maneras de sobrevivir en ciudades donde la vida nocturna está apagada y también se ha cruzado del lado de Mission y McAllen; quien puede va a comer, a beber o a bailar del otro lado del río donde abundan negocios que son de mexicanos. En Reynosa es frecuente ver esquinas con Padrenuestros y fachadas de cantinas con la marca: CDG, Cártel del Golfo.

Cuando quiso ser candidato a la presidencia de México, en 2005, Tomás Yarrington le dio una entrevista a Víctor Trujillo, en Televisa. Hablaron de la seguridad. “En Tamaulipas no hay secuestros, en Tamaulipas no hay asaltos en las carreteras. En Tamaulipas está la presencia del crimen organizado, ¿por qué? Porque los criminales están buscando Nuevo Laredo porque es donde pasan 10,000 tráileres al día, porque no se van a ir a una frontera por donde pasan 300 tráileres al día. El fenómeno está tan complejo que ahí donde descabezas a las organizaciones viene una pugna entre diferentes grupos por hacerse otra vez del poder. En Tamaulipas se aprehendieron a los principales cabecillas de la delincuencia organizada y están en la cárcel, lo que nosotros estamos viendo es un fenómeno de rebatinga entre diferentes grupos en diferentes estados. Es un fenómeno complejo. En el combate es donde más se nota”, refirió el exgobernador.

En el expediente de Brownsville, Yarrington es acusado de recibir millones de dólares en sobornos por parte del Cártel del Golfo durante los seis años que fue gobernador de Tamaulipas, desde febrero de 1999 hasta diciembre de 2004. “Incluso después”, señala la investigación que han conducido el FBI, la DEA y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).

El expediente señala que Yarrington se habría robado 60 millones de pesos de recursos públicos en diciembre de 2004, a través de Alfredo Sandoval Musi, el subsecretario de Egresos de su administración en ese entonces.

Según el Gran Jurado, el entonces empleado estatal maniobró en enero de 2005, mediante transferencias a una cuenta del Inter National Bank. Con una parte de ese dinero compraron dos aeronaves. Un Sabreliner 60 con placa XBULF, usado por Yarrington “y otros conspiradores” —es un jet de negocios fabricado en Estados Unidos, aunque en países como Suecia o Argentina los usa la fuerza aérea—. Y un Pilatus Aircraft Ltd N679PE, comprado por Cano Martínez por 2.5 millones de dólares en diciembre de 2005 —es un tipo de avión cuyo fabricante está especializado en entrenamiento militar.

Durante la primavera de 2005, Yarrington habría ordenado destinar a Cano Martínez otra parte de los fondos robados, aproximadamente 5 millones de pesos. Él incorporó más sociedades de responsabilidad limitada bajo las leyes de Texas y pidió más préstamos “fraudulentos” en bancos del Distrito Sur de Texas.

La organización liderada por Yarrington tenía automóviles, camiones, aviones, remolques y plataformas de tractor remolque para cumplir su cometido, se afirma en el expediente.

En la investigación se señala, además, que policías estatales recaudaban el dinero del Cártel del Golfo, lo entregaban a Jesús Vega Sánchez, excoordinador de campañas del PRI, y este se lo daba a Yarrington. No todas las cantidades fueron iguales, pero el total sumó “millones de dólares”. Los montos eran de 400,000, 500,000 y 800,000 dólares cada vez.

En el último periodo, de 2007 a 2009, Yarrington estuvo más involucrado con el tráfico de toneladas de cocaína y marihuana, de acuerdo con el expediente del gobierno estadounidense. Negoció con el Cártel del Golfo y con el cártel de los Beltrán Leyva en arreglar el acceso, sin obstáculos, de grandes cargas de cocaína del puerto de Veracruz a cambio de un porcentaje de cada carga.

La acusación lo señala además de traficar directamente con mercancía desde el mismo puerto de Veracruz, al menos una tonelada de marihuana y cinco kilos de cocaína.

Enfrentamiento de la Marina con el Cártel del Golfo, organización con la cual Yarrington negoció el acceso de grandes cargas de cocaína provenientes de Veracruz. FOTO: GUILLERMO PEREA/CUARTOSCURO.

LA MANO OFICIAL

En agosto próximo, Guadalupe Correa-Cabrera publicará el libro Los Zetas Inc. (incorporados): corporaciones criminales, energía y guerra civil en México,donde hace una relación de exgobernadores y otros funcionarios mexicanos señalados por la justicia estadounidense. Ahí están los casos de Humberto Moreira de Coahuila, ahora aspirante a un nuevo cargo público, detenido en España y liberado en México el año pasado. También figura el exgobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, extraditado a Estados Unidos por lavado de dinero en Nueva York. Y Eugenio Hernández, el exgobernador de Tamaulipas que relevó en el cargo a Yarrington y que está acusado de lavar dinero en tres bancos de Texas por 30 millones de dólares durante los años 2008 y 2014, aunque aún sigue libre en México y sin proceso judicial. Los exgobernadores de Veracruz, Fidel Herrera y Javier Duarte, son los otros dos señalados en expedientes de cortes federales en Estados Unidos, apunta Correa-Cabrera, académica en la Universidad de Texas, en el Valle del Río Grande e investigadora invitada en el Wilson Center.

Los tribunales federales de Texas están sacando a la luz la implicación de funcionarios o exfuncionarios de los más altos niveles del gobierno mexicano, muchos de los cuales son acusados de recibir el dinero sucio de Los Zetas.

“El gobierno de México pareciera estar en complicidad por la falta de voluntad que tiene para investigarlos y detenerlos. Perdemos el rostro humano porque jóvenes y migrantes son llamados a sicarios, y hay tantos desaparecidos”, dice Correa-Cabrera a Newsweek en Español. Y agrega: “No podrían Los Zetas o el Cártel de Jalisco Nueva Generación expandirse sin el apoyo de los gobiernos locales, incluso del gobierno federal, no podrían sin la complicidad de las cabezas de Estado”.

En entrevista, la investigadora hace foco en la tragedia humana y en la acusación que obra contra Tomás Yarrington. De comprobarse, quedará en la historia como el gobernador que ayudó a cimentar el imperio criminal de las organizaciones hiperviolentas de México, como el imperio Zeta.

Yarrington pronto volverá extraditado a esta esquina del Golfo de México, frente a su natal Matamoros. Por los cargos que enfrenta en la corte federal de Brownsville podría ser sentenciado a dos cadenas perpetuas. Lo que le queda de vida y más allá. Adiós, Florencia.