“En Brasil, el fondo del pozo es solo una etapa”

En el Brasil actual nada parece simple ni binario. Los grandes escándalos de corrupción, los bajos indices de aprobación del presidente Temer, un sistema político desgarrado, y los problemas referentes a la distribución de tierras de los indígenas, entre otros, hacen que las palabras del escritor Luis Fernando Verisismo tengan más eco que nunca, porque tal parece quedado el contexto actual, “ en Brasil, el fondo del pozo es sólo una etapa.”

Mientras que poco después del impeachment de Roussef el mundo quitó sus ojos de Brasil para concentrarse en el brexit, en la llegada de Trump, en las elecciones europeas y en las tensiones con Corea del Norte, en este país pocas cosas mejoraron. Ya que después de dos años de una tremenda recesión y un torbellino de escándalos de corrupción, hoy el 90 por ciento de sus ciudadanos no cree que el país vaya en la dirección correcta, tienen un presidente al que sólo 9 por ciento aprueban, y 8 ministros involucrados en los casos de corrupción investigados por la operación Lava Jato,que entre otras cosas, rematan de una manera casi poética con la Huelga General de este Viernes.

La primera protesta nacional contra el Ejecutivo de centro derecha, fue también la primera huelga general en el país en 21 años, y se llevó consigo los primeros brotes de optimismo internacional y los sueños de Temer de consolidar su legado. Al mundo mundo le gustaba la idea de poder hacer negocios de una más simple en Brasil – recordemos que se encuentra en el lugar 123 de 190 en el Doing Business -, pero no a los sindicatos y a una parte de la jerarquía católica que quieren que Temer de marcha atrás en su propósito de reformar el sistema de pensiones y las leyes laborales vigentes desde hace más de 73 años. Sin embargo, si pensábamos que esto podía ser el fondo del pozo, pasamos a la siguiente etapa cuando nos enfocamos en el desempleo.

Cuando la huelga esta arrancando, los brasileños se toparon con la novedad de que el fondo del pozo tiene todavía hoyos más profundos que reflejan la crisis económica que vive el país. Por primera vez en la historia, Brasil rebasó el número de 14 millones de desempleados, un 13.2 por ciento de la población activa registrada. Cifra aterradora para un país que durante los gobiernos de Lula coqueteaba con la idea del pleno empleo. Y donde además se calcula que cuatro de cada diez trabajadores prestan sus servicios en la informalidad, fuera de cualquier registro oficial.

La difusión de este dato en plena protesta, definitivamente hizo otro hoyo en el pozo para el gobierno de Temer, y promete ser la fuente de futuras discordias. Por un lado, acaba con el discurso triunfalista de la actual administración respecto al inicio de la recuperación económica -tras dos años con una fuerte caída del PIB-. Mientras que por el otro, promete ser usado por esta última, para reforzar su argumento respecto a la necesidad de un cambio legislativo para evitar que la cifra siga creciendo. Algo que como ya vimos, no le gusta mucho a los sindicatos.

En la misma línea, el fondo del pozo seguramente adquirirá nuevas dimensiones de la mano de la operación Lava Jato, y el país volverá a ser nuevamente sacudido por escándalos de corrupción. Recordemos que tan sólo en marzo, el final general Rodrigo Janot, solicitó la apertura de83 investigaciones contra políticos aforados ,en base a las confesiones de los ejecutivos de Odebrecht, mientras que en abril la corte suprema, aceptó abrir investigaciones sobreocho ministros de este Gobierno, con indagaciones que se extienden también a 29 senadores, al menos 40 diputados y tres gobernadores. Por los que mayores protestas en las calles y disturbios internos, no serían descabellados. A la vez que el sistema político se acerca al colapso.

Finalmente, por mucho que sea el optimismo depositado sobre algún cambio que pueda producirse en las elecciones de 2018, poco puede cambiar. Ya quesi bien es evidente que los ciudadanos mostrarán su enojo y repudio a “la clase política“ en las urnas – poniendo en una posición favorable a Joao Doria- , los escándalos de corrupción y engranes legislativos de un sistema corrupto y caduco prometen seguir azotando a Brasil aún por muchos años.Hundiendo al país en una crisis cada vez más profunda y siguiendo mostrando nuevas etapas más allá del fondo del pozo.