Dormir con los perros de la guerra

Son las nueve en punto en una gélida noche
de enero, y el mercado de animales de Adhamiyah está repleto de visitantes. Se
trata de propietarios de zoológicos privados que han acudido a mirar a los
sarnosos leones y monos, y de jóvenes parejas besándose a escondidas entre las
sombras, sin prestar atención a los animales.

Sin embargo, aquí, en el bazar de
animales más grande de Bagdad, las familias y los empresarios de apariencia
seria superan a los mirones y a los enamorados. Y no les interesa la flora y la
fauna exótica. Pasando rápidamente entre las jaulas, examinan ansiosamente a un
cachorro tras otro, descartando a cada uno de ellos. “Son demasiado pequeños”,
señala Mohammed Salama, un vendedor de autos, refiriéndose a los terriers Jack
Russell. “Inútil”, dice acerca del único perro salchicha. Solo cuando un
vendedor señala un nuevo cargamento de cachorros rottweiler, acurrucados en el
fondo de un desgastado recinto, Salama y sus hijos se detienen. “Sí, ¿por qué
no nos mostró estos antes?, pregunta. “¡Esto es lo que quiero!”

Al parecer, lo mismo les ocurre a muchos
de sus compatriotas. Cada semana, los vendedores envían cachorros pendencieros
a través de la frontera desde Turquía y luego los hacen circular por todo Iraq.
Algunos se envían directamente a instalaciones militares, donde se les entrena
para detectar bombas. Sin embargo, la mayoría de ellos acaba en mercados o en
puestos en la orilla de los caminos.

En gran parte del mundo, donde los perros
son muy queridos, esta cadena de suministro podría parecer común y corriente,
pero en Irak, donde la mayoría de las personas son musulmanas y, por esa razón,
muchas de ellas consideran a los perros como impuros, el reciente clamor por
compañeros caninos representa un abrupto cambio. En 2006, existían tan sólo
cuatro consultorios veterinarios en Bagdad; actualmente, hay más de 100,
calcula Haitham Khalil, un médico veterinario de Bagdad. En Facebook, los
grupos de apreciación canina de Irak cuentan con decenas de miles de miembros
en ciudades de tamaño medio como Samarra y Sulaimaniya. Después de siglos de
antipatía contra “el mejor amigo del hombre”, los vendedores ahora se quejan de
no poder satisfacer la demanda. “Ricos, pobres, kurdos, árabes… ahora todo el
mundo quiere un perro”, dice Mohammed Ismail, un antiguo taxista convertido en
vendedor de perros de la ciudad norteña de Kirkuk. “Son como el oro”.

El improbable amor de Irak hacia los
adorables canes comenzó durante los caóticos años de la invasión dirigida por
Estados Unidos en 2003. Mostrándose cautelosos debido a los crecientes índices
de criminalidad, y quizás inspirados por las unidades K-9 del ejército
estadounidense, muchos comerciantes invirtieron en los perros más grandes y de
apariencia más brutal que pudieron encontrar. Luego, conforme los cortes
eléctricos se volvieron más debilitantes, frecuentemente dejando sin energía
durante 20 horas al día, algunas familias adineradas recurrieron a las alarmas
caninas contra robo para reemplazar sus inútiles sistemas electrónicos de
seguridad. Cuando los contratistas de seguridad occidentales llegaron en masa,
los sistemas de protección de cuatro patas fueron un elemento indispensable de
sus operaciones. G4S, la importante empresa británica de seguridad, aún utiliza
perros como un elemento clave para su defensa del aeropuerto de Bagdad.

Pero no fue sino hasta que el grupo
Estado Islámico (ISIS) tomó el control de varias partes de Irak en 2014 que los
perros se hicieron populares entre el público. Dado que la mayoría de los
policías y soldados disponibles habían sido enviados al frente de batalla,
incluso los propietarios de casas de las provincias que no resultaron afectadas
por la guerra comenzaron a sentirse vulnerables. Los perros se convirtieron en
un elemento extra de seguridad para las familias que se sentían en
peligro.

De igual forma, conforme ISIS penetraba
los porosos puntos de control de Bagdad con interminables autos bomba, las
autoridades iraquíes finalmente se vieron obligadas a reconocer que su detector
de explosivos comúnmente usado, un dispositivo para encontrar pelotas de golf completamente
desacreditado, no era el más adecuado para ese propósito. En muchos casos, han
recurrido a perros detectores de bombas. “Son una parte importante de nuestra
seguridad, y queremos comprar más”, señaló un coronel de la policía del
Ministerio del Interior que habló con la condición de mantenerse en el
anonimato.

El nuevo amor de los iraquíes por los
perros no ha carecido de problemas. Existe cierta oposición continua por parte
de los clérigos suníes y chiítas, quienes han hecho campaña en su contra. El
Corán no dice nada contra los perros, pero muchos musulmanes se basan en un
hadith, o dicho atribuido a Mahoma, en el que se describe a esos animales como
impuros.

Asimismo, algunos los propietarios
ignoran cómo cuidar a los perros. Los huskies se encuentran entre las razas más
populares, pero con las temperaturas frecuentemente por encima de los 37 °C,
varios compradores han tenido que instalar equipos de aire acondicionado sólo
para mantener vivos a sus peludos amigos. Los vendedores de Kirkuk todavía se
burlan de un granjero local que pensó que había adquirido un husky; después de
que el animal se comió a varias de sus ovejas, se dio cuenta de que se trataba
de un lobo disfrazado de perro. O al menos eso dice el relato.

Otro problema: la naturaleza totalmente
desregulada de la creciente industria ha permitido que charlatanes con
conocimientos médicos escasos o nulos se hagan pasar por veterinarios. “Estas
nuevas personas no son nadie”, dice Saidoon El Tai, que trabaja en una pequeña
clínica situada en la periferia del mercado de Adhamiyah. “Simplemente ponen un
letrero en la pared y comienzan a toquetear a los animales”.

Incluso los entrenadores parecen tener
algunas ideas interesantes sobre lo que mueve a los perros. “Si quieres que se
porte bien, tienes que hablarle en inglés o ucraniano”, que son las regiones de
donde se importa a muchos de esos perros, señala Gharid Farik Abu Mariam, el
instructor más acreditado de Kirkuk (puedes llamarlo el encantador de perros
iraquí), que originalmente se educó a él mismo acerca de los perros mirando
documentales de National Geographic. “Nunca les hables en árabe”.

Sin embargo, el asunto más desconcertante
es aquel para el que estos animales fueron adquiridos en gran medida: el robo.
Actualmente, los precios son tan altos que algunas personas tienen que cuidar a
sus perros, en lugar de que éstos las cuiden a ellas. Ahora que el valor de un
pit bull alcanza los 300 dólares y los cachorros de Doberman se venden hasta en
500, las bandas de ladrones se han dedicado a asaltar los criaderos. Los
traumatizados propietarios esperan que la reciente decisión del gobierno de
relajar los controles de importación de los perros impulse el suministro y haga
que los precios se reduzcan.

Irak no es la única parte del Medio
Oriente que poco a poco se ha vuelto más cálida con los perros. Las actitudes
parecen estar cambiando en Egipto, donde las preocupaciones de seguridad
después de los levantamientos árabes parecen haber inspirado un entusiasmo
similar por la protección canina.

Pero en Irak, los amantes de los perros
dicen que su afecto por estos amigos de cuatro patas ahora se extiende mucho
más allá de su capacidad para alejar a los intrusos. Ahora, encantadores
cachorros de labrador aparecen en vallas publicitarias y en campañas de
mercadotecnia. Aún si la situación de seguridad se estabiliza, el variopinto
surtido de huskies, pastores alemanes y rottweilers ha llegado para quedarse,
ladrar y mover la cola.

Publicado en
cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek