Violentamente. Injustamente. Impunemente. Así fue como Dora y Mónica perdieron a sus hijos Andrea Nohemí y Luis Fernando en 2012 y 2016. Aunque sus muertes fueron provocadas por un tercero, ninguno de los dos presuntos homicidios ha sido juzgado.
La justicia se toma su tiempo y el dolor se niega a desaparecer. Pero estas mujeres quieren usarlo para ayudar a otros como ellas y para eso han creado la Red Ollín. Junto con la Fundación Omacatl, el grupo da acompañamiento a padres cuyos hijos han sido víctimas de delito y prepara una ‘guía anti-impunidad’ para ayudarles a vigilar que sus denuncias reciban el debido seguimiento.
Andrea, Katy y ‘Rojo’
A finales de 2012, la Procuraduría General de Justicia de Aguascalientes detuvo a dos jóvenes que, se aseguró, habían confesado los asesinatos de las estudiantes Andrea Nohemí Chávez Galván y Katy Pérez Rivas.
En la investigación hubo un testigo crucial. Luis Fernando Ferra Aguilar, que entre otras cosas se dedicaba a reparar computadoras, había presenciado el hallazgo del cuerpo de su amiga Andrea e identificó a uno de los presuntos homicidas como el cliente al que semanas atrás le había formateado una laptop. La máquina se la habían robado a Katy después de matarla.
Por eso, cuando Dora Galván supo que ‘Rojo’, el amigo de su hija, había muerto atropellado el 25 de junio de 2016, revivió su propio calvario. Para ella, el golpe fue casi tan duro como para la madre del muchacho, Mónica Aguilar.
Y fue precisamente Mónica quien la invitó a Omacatl. La fundación atiende grupos vulnerables y ella la conoció gracias a su director Luis Gutiérrez Berdeja, que participaría en la marcha del orgullo gay a la que su hijo llegó cuando fue atropellado, y la ha apoyado desde entonces.
“Así es cómo comenzamos. Dijimos: ¿qué onda, qué hacemos con el dolor? Es algo que tenemos que seguir todavía, buscando los mecanismos para que la sociedad se dé cuenta que ninguna víctima está sola”, relata el activista.
A pocos meses de haberse conformado, Red Ollín ayuda a los padres de familia en dos aspectos. Por un lado, da apoyo psicológico y tanatológico a través de sesiones grupales semanales. Por otro lado, los integrantes comparten sus experiencias en los procesos judiciales que han iniciado tras las agresiones contra sus hijos y que tienen un común denominador: la frustración.
“Andrea estaba en el Juzgado Sexto y luego la cambiaron. Y no quería aceptar la jueza el caso y un relajo, que eso enteramos a raíz de la carta de Inmujeres. De Inmujeres le mandaron una carta al fiscal Oscar González y a la jueza Laura y nos enteramos que hubo un retraso. Esperamos que este año se dicte sentencia. La justicia en México es un desastre”, acusa Dora conteniendo el llanto.
“En cada audiencia es estar reviviendo, estar en frente de los (presuntos) asesinos de Katy y de Andrea. La gente que hizo los perfiles psicológicos dice que tienen perfil de asesinos seriales. La última audiencia la tuvimos en octubre. No sé para cuándo nos vayan a hablar, pero todavía está en etapa de instrucción: ¡cuatro años y medio y está en esa etapa!”, reclama.
A pesar de que el asunto de Luis Fernando llegó al Poder Judicial bajo el sistema penal acusatorio, que se promete procesos más ágiles, transparentes y respetuosos de los derechos de las víctimas, ofendidos, Mónica ha denunciado que tanto la policía municipal como el Ministerio Público y los jueces han incurrido en irregularidades en todo el proceso.
“Y por eso la fundación y por eso vamos a juntar a más personas y por eso debemos poner un precedente, para que a los que siguen ya no les esté pasando lo mismo. Y que la corrupción, si no se elimina, al menos disminuya porque van a estar bajo vigilancia los procesos, los expedientes, la recepción del crimen del archivo… Porque sus pinches papelitos mal hechos que sacan son los que le abren la puerta a los criminales”, justifica con rabia.
El proyecto de la guía contra la impunidad está en ciernes. Aún no se define si será un material impreso o digital, o si Red Ollín capacitará a grupos de padres de familia.
Por lo pronto, cuatro parejas de padres reciben terapia y capacitación en materia jurídica. Esta parte la encabeza Beatriz Bermúdez, otra madre cuyo hijo fue lesionado en un intento de homicidio en 2015.
“Con los abogados lo estamos bajando para conocer bien a bien cuál es el proceso que la ley determina, tanto para la víctima como para el victimario (…) Esto para lo que nos va a servir a nosotros es para propagarlo con otros padres de familia que se encuentren en situación parecida para decirles:a ver, estos son los tiempos que la ley debe de respetar y estas son las acciones a las que tienes derecho. Entonces estamos preparándonos todos los papás que nos estamos juntando ahorita, para entenderlo nosotros y después servir de multiplicadores con otros padres de familia”, explica.
El paso a seguir es la captación de fondos para financiar la capacitación y, en su momento, el apoyo en municipios del interior o incluso en otros estados del país.
“Este año veré la forma de que también se capaciten para que ya tengan todo este conocimiento, este ‘brebaje’ jurídico y, si así lo desean, puedan apoyar a otras víctimas y se conviertan en replicadores”, planea el director de Omacatl, que ha capacitado a cuerpos de seguridad en materia de derechos humanos.
Víctimas, hasta los expertos en seguridad
Beatriz Bermúdez Sánchez se consideraba una experta en seguridad. Durante un tiempo, en la administración de Luis Armando Reynoso, dirigió el Centro de Readaptación Social (Cereso) El Llano. Todos los días era responsable de alrededor de 400 internos, presos por delitos homicidios y lesiones.
Nunca se imaginó que su propio hijo, un adolescente, se convertiría en víctima de homicidio doloso en grado de tentativa. Mucho menos que el agresor sería su mejor amigo.
“Después de varias veces que su amigo se quedaba en mi casa, mi hijo me pidió oportunidad de irse ahora a dormir a casa de su amigo y creo que fue una de las decisiones que más he lamentado. Porque le di el permiso de que se fuera a dormir a la casa de él y mi hijo cuenta que después de hacerse unas quesadillas y de estar platicando en la cocina, se fue a dormir al sillón de la sala porque ya faltaba poco tiempo para que amaneciera y ya quería regresarse a casa. Y resulta ser que su amigo lo apuñaló con un cuchillo cebollero, lo lastimó, le perforó el intestino grueso, el intestino delgado y la vejiga”, cuenta, con la voz entrecortada.
La agresión fue en julio de 2015, pero el agresor fue detenido hasta finales de 2016. El asunto en el Poder Judicial sigue en proceso.
Y aunque tanto la intención de Beatriz como la de Dora y Mónica es ayudar a otras madres en situaciones similares, también buscan respuestas para sus propios casos.
“Es el coraje que hace explosión dentro de tu propio ser como madre de familia y que te hace sentir realmente impotente ante tu propio hijo, de no darle una certeza de decirle :hijo vamos a dejarlo en manos de la justicia. Y cuando mi hijo me pregunta que qué ha pasado, pues no hay respuesta”, lamenta Beatriz.
Compañeras en el camino a la resiliencia
La búsqueda de justicia fue una razón de ser de Fundación Ollín. Otras razones fueron la búsqueda de resiliencia y la empatía como herramienta para lograrla.
Más allá de los fondos de atención a víctimas y ofendidos, Dora, Mónica y Beatriz encuentran, una en la otra, alguien que puede entender perfectamente su dolor, su enojo, su rabia y su desánimo. Nadie como ellas para entender qué se siente estar sola.
-
Si usted hubiera contado con esta red, ¿hubiera cambiado su sentimiento?, se le pregunta a la madre de Andrea Nohemí.
“A lo mejor el sentirme acompañada sí, pero en relación a las leyes no, porque las leyes quien las aplica y los procesos se hacen largos desde que llega uno. Desde que empezamos a buscar a Andrea ni siquiera sabían que era una alerta amber”, responde.
En la lucha por la justicia, las madres que han perdido un hijo y la confianza en las autoridades también comparten sus miedos.
“Y si algo se puede hacer por otras personas… A mí lo que me gustaría es que las jovencitas midieran los riesgos y vieran que sí existe la maldad. Mi hija decía que toda la gente era buena, pero era chiquita y muy inocente. No necesariamente porque era mi hija, si no porque así era. Y ahorita a través de todo lo que son redes sociales y todo lo que manejan los jóvenes, pues si hay mucho riesgo ya de que sean enganchadas”, expresa Dora.
“¿Qué o cómo pasaron las cosas para que la mamá de este niño no se diera cuenta el problema tan grande que tenía su hijo? Y por otro lado, también asumir mi responsabilidad como madre de familia, de cómo pasó que no me di cuenta la clase de este problema que tenía este niño cuando se acercaba a mi casa a pedir consideración o atención de nuestra parte como familia”, reflexiona Beatriz.
Y Mónica advierte:
“¿Cuántas personas que son víctimas del delito realmente pelean hasta el fin como nosotras? Pocos, porque se sienten solos (…) Pues aquí estamos. La idea es hacernos ver y que estas familias del señor de la bicicleta (atropellamiento en enero de 2017), del papá de Cristal Acevedo (desaparecida y asesinada) y de todos, nos unamos y empecemos a lo mejor con una marcha, con entrevistas, ir al radio y televisión y ya que nos pelen, ya somos un chingo y más los que se pueden juntar”.