Carlota y el trato arbitrario de la historia

La emperatriz Carlota, esposa de Maximiliano, aquel monarca austriaco que sentó en México el breve pero intenso Segundo Imperio, es un personaje que, como si se tratara de Ana Karenina o Madame Bovary, reúne características esenciales para ser literario: aventura, valentía, desamor, incomprensión, frustración, locura y una vida longeva.

Fue, además, de acuerdo con la reflexión de la novelista Laura Martínez-Belli, una mujer manipulada por aquellos que conformaban su entorno, como su propio hermano, “quien la enterró en vida, prácticamente”. En pocas palabras, “Carlota posee todos los elementos que le dan a un novelista tela para cortar; literariamente, pone el caminito a seguir”.

En Carlota, la emperatriz que enloqueció de amor, su novela más reciente, la escritora española narra una parte de la historia mexicana protagonizada por los amores cruzados, secretos inconfesables, intereses políticos ocultos, verdades a medias, traiciones y las fortunas que giran en torno al Segundo Imperio, el cual no logró más que avivar la llama de la discordia asentada en México en los infortunados años de la década de 1860.

En esa época convulsa de la historia nacional, cuyo protagonista principal fue Benito Juárez, los herederos de la que una vez fue la aristocracia mexicana se dieron el lujo de imaginar. Imaginaron un México con un príncipe europeo y católico que expresara la grandeza y soberanía de un pueblo opulento y majestuoso. Imaginaron un México distinto. Imaginaron el Segundo Imperio, el cual concluyó con el fusilamiento de Maximiliano.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

“Carlota se quedó esperando por siempre a que su amado Maximiliano, que poco a poco empezaba a deshacerse en jirones frente a ella, le brindara una muestra de cariño, ya no digamos de lujuria. Maximiliano la dejó secarse lentamente, como una uva al sol, hasta que no quedó en ella más que la vergüenza y la tristeza de saberse no deseada en absoluto”, dice Laura Martínez-Belli sobre su libro, publicado por la editorial Planeta. Y añade: “Carlota es un personaje muy literario que se ha tratado en la literatura muchas veces con un punto de vista masculino, por eso me interesaba mostrar a la mujer detrás del personaje histórico. Es una gran mujer tratada injustamente por la historia”.

Agrega, con seguridad, que la novela atrapará al lector y le brindará una visión y un recorrido por una apasionante época de México: “Lo va a acercar a un personaje histórico desde un punto de vista mucho más humanizado, y no solo a Carlota, sino a todos los demás personajes; de hecho, esa es la intención al escribir novelas, que el lector se apasione con los personajes”.

Martínez-Belli nació en Barcelona hace 42 años, ha vivido en Panamá, México y España y se formó en historia del arte. Su primera novela, Por si no te vuelvo a ver, la publicó en 2007, y a esta le siguieron El ladrón de cálices, Las dos vidas de Floria y La última página, que fue finalista del Premio Letras Nuevas de Novela.

—Laura, ¿qué hay detrás de Carlota como personaje histórico, influyó en la historia de México?

—No Carlota. El Segundo Imperio, sí. El Segundo Imperio constituyó un momento fundacional para México, hay un antes y un después a partir de que cae y México se cohesiona y se une para manifestar al mundo su soberanía. Además, el Segundo Imperio y el fusilamiento de Maximiliano pusieron a México en el mapa, casi como Trump lo está haciendo hoy, pues los países se unieron a favor de la soberanía mexicana. Ahora, Carlota per se, nada, porque como mujer no se le hacía caso. De hecho, todas las cosas que hizo, todas las leyes que ayudó a promulgar a favor de los indígenas y demás, se atribuyen a Maximiliano, ni siquiera en su época ella tuvo cierto peso. Sí lo tenía en el día a día, pero para la andada de la historiografía, para la mirada de la historia, Carlota desapareció. Es más, se va a buscar ayuda con Napoleón III, va a pedir ayuda al Papa, y lo que dicen es: vino una vieja loca. La anularon como persona y la enterraron. Murió en 1927 sin pena ni gloria.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

—Existe la idea de que Carlota influyó de manera determinante para que Maximiliano encabezara el Imperio en México…

—Esa es la versión que se nos ha vendido siempre. Por ejemplo, en la novela Imperio, de Héctor Zagal, a la hora del fusilamiento hay un diálogo donde alguien dice: yo estoy aquí por culpa de mi mujer; y Maximiliano responde: yo también. Pero eso es ficción que la gente lee y toma como verdad. La idea que se nos ha vendido es que la que quería el trono era ella y manipuló a su pobrecito marido para que viniera a México. Pero esa mirada de conmiseración a la mujer manipuladora, que engaña, es una visión muy masculina.

“¿En verdad tuvimos a un mandilón que fue capaz de renunciar a sus derechos dinásticos porque su mujer lo dijo? Maximiliano era un hombre ambicioso que quería un trono. ¿A los treinta años no te tentaría la idea de hacer algo con tu vida si te lo ofrecen? Él acepta el trono en México. No niego que Carlota a lo mejor le dijera: sí, acepta. Lo apoya, pero como cualquier mujer apoya a su marido. Eso sí, Carlota tenía una idea de la política mucho mayor que la que tenía él: mientras ella redactaba leyes, él soñaba más con su corte ideal”.

—¿Era necesario un libro más sobre la emperatriz?

—Todos los libros son diferentes. Y todos tienen algo que aportar porque lo escriben diferentes personas. Cada escritor es un mundo, cada uno tiene un estilo y prosa y forma de ver. Y aunque uno cuente lo mismo que otro, lo cuenta diferente, su narrativa es distinta. No es que no se aporte nada peculiar, sino que en la literatura todo está escrito, lo que varía es la forma en que se cuenta una historia, el punto de vista.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

—¿La novela histórica tiene futuro o ya cuenta sus días con los dedos, qué opinas?

—Es importantísima. La literatura también es muy importante. Lo que tienen la ficción y la novela es que hacen al lector aprender de la vida, lo hacen vivir con más pasión, porque cosas que nunca le van a suceder las va a vivir a través de los personajes, sufrimientos, anhelos, pasiones. Va a entender al ser humano mucho más, filosófica y espiritualmente hablando. Leer convierte al lector en mejor persona, y a eso hay que agregarle que aprende historia que le dan ya digerida y que de otra manera no aprendería porque le da flojera y no le gusta meterse en los documentos duros y fríos que son los datos históricos. Es como decía Mario Vargas Llosa: escribir es vivir otras vidas. Y leer también, leer es vivir otras vidas. Entonces, cuanto más el lector lea, más va a crecer como persona. Y la novela histórica es una manera muy agradable de absorber conocimiento, por eso tiene tanto éxito.

Foto: Especial.