A finales de agosto pasado, apenas a 50 millas al sur de
Washington, D. C., una serie de explosiones estremecieron al normalmente plácido
río Potomac. Los estallidos provenían de artillería perteneciente al USS
Dahlgren, el cual probaba un nuevo sistema de objetivo. Usando un dron para
observar sus blancos, el sistema de objetivo recalculó inmediatamente su
puntería y reinstruyó a los artilleros del Dahlgren. La siguiente ráfaga los
alcanzó, demostrando claramente el valor del sistema de objetivo. Pero tal vez
lo más impresionante sea el USS Dahlgren en sí, el cual a pesar de su nombre,
no es un buque.
La Armada a veces se refiere al USS Dahlgren como un “barco
virtual”, pero sería más exacto describirlo como un laboratorio cibernético,
una red de hardware y software distribuida a través de los Centros de Guerra
Naval desde Rhode Island hasta Florida que puede imitar las capacidades de un navío
real. Vehículos, armas, computadoras, campos de prueba, tripulaciones, el USS
Dahlgren tiene acceso a todos estos activos y más, in situ en sus oficinas
centrales en el Centro de Guerra Naval Superficial División Dahlgren (NSWCDD,
por sus siglas en inglés) en Dahlgren, Virginia, en préstamo de otros Centros
de Guerra, o en línea mediante una red de simulación. Así, el USS Dahlgren es
capaz de experimentar con armas nuevas, sensores, sistemas de control y otro
equipo en un ambiente que asemeje las condiciones a bordo de un acorazado pero
sin correr con los costos totales o riesgos de hacer pruebas en el mar.
“El término general que usa la Armada para un portaaviones
en el mar es ‘un millón de dólares al día’,” dice Neil Baron, un distinguido
científico e ingeniero de control de combate en el NSWCDD. “Se tienen 5,000
personas. Se tienen cuatro y medio acres de territorio soberano de EE UU. Se
tienen que pagar combustible y comida… Es muy costoso tener un buque en el mar,
en especial si solo hace pruebas”.
En contraste, la demostración del sistema de objetivo del
Dahlgren en agosto costó solo $400,000 dólares e involucró cuatro navíos y tres
aeronaves, aunque una mayoría de estos vehículos fueron simulados. Los tres
grandes buques (un litoral, un buque de combate en litoral y un portaaviones)
fueron representados virtualmente en el Campo de Pruebas del Río Potomac,
pilotados por tres bases en el NSWCDD y armados con artillería (armas de 5
pulgadas y 30 milímetros) ubicada en el litoral del campo. Dos aeronaves y sus
misiles Hellfire fueron simulados con ayuda del Navair RoadHawk, un
tractor-tráiler que alberga una suite aviónica idéntica a la de helicópteros
MH-60S o MH-60R. Los únicos vehículos auténticos eran los dos drones observando
los blancos, uno por aire y otro por mar.
La efectividad de costos ha estado en el centro del USS
Dahlgren desde su comienzo hace cinco años. Todos los vehículos, armas,
computadoras y otros activos que utiliza fueron comprados por la Armada para
otros propósitos. “Todo está pagado”, dice Nelson Mills, líder de desarrollo de
capacidades del NSWCDD, sobre los activos del Dahlgren. “Fue simplemente que
nadie conectó los puntos como lo hemos hecho aquí”.
Esos puntos se conectaron mediante instalar cables de fibra
óptica entre los laboratorios de investigación de la Armada y el Campo de
Pruebas del Río Potomac, lo cual le permite al software en las computadoras de
los laboratorios comunicarse con las armas en el campo y viceversa, por lo
tanto simulando el ambiente a bordo de un barco, donde los dos se conectarían.
La primera prueba del USS Dahlgren fue disparar un arma; ahora, después de
cinco años de desarrollo con costo de $3 millones de dólares (una ganga), el
Dahlgren puede imitar múltiples barcos y disparar múltiples armas contra
múltiples blancos.
Además de reducir el costo de las pruebas, el USS Dahlgren
hace más segura y más práctica la experimentación, dado que los acorazados
reales podrían tener cuestiones más apremiantes que atender. La prueba en
tierra firme también les permite a los ingenieros de la Armada ver más de cerca
cómo operan las nuevas adquisiciones, así como la integración con hardware y
software ya desplegado. Más importante aún, este ambiente disminuye el peligro
inherente de probar sistemas de combate. Al conectar activos distribuidos, el
USS Dahlgren es capaz de dar mayor distancia y más precauciones entre las armas
experimentales y sus tripulaciones a cargo de lo que sería posible en barcos
reales, por lo tanto salvaguardando mejor a los marinos.
Pero eso no quiere decir que el USS Dahlgren no tenga
riesgos. Los cables de fibra óptica del Dahlgren corren entre laboratorios
confidenciales y no confidenciales, y podrían ser objetivos de ataques
cibernéticos. Adicionalmente, el Dahlgren depende del Campo de Pruebas del Río
Potomac, lo cual presenta sus propios riesgos y restricciones. Desplegado desde
Popes Creek, Maryland, hasta Smith Point, Virginia, el campo puede ser una
preocupación de seguridad para las comunidades vecinas, así como una amenaza
medioambiental para el río. Por consiguiente, el NSWCDD trabaja con la Guardia
Costera para asegurar el campo durante las pruebas, limita la munición de fuego
real y lleva a cabo rutinariamente evaluaciones medioambientales.
El USS Dahlgren, por sofisticado que sea, nunca remplazará
enteramente la experimentación en el mar. “Hay ventajas en hacer pruebas a
bordo, tanto disparar la artillería real y la competencia de entrenar a la
tripulación”, explica Stephanie Hornbaker, directora del Departamento de
Ingeniería e Integración de Sistemas de Guerra del NSWCDD. “Nunca va a eliminar
cierto nivel de eventos con fuego real en el mar”. Aun cuando el Dahlgren puede
ayudar a asegurar que las nuevas tecnologías de la Armada sean tan funcionales
como sea posible antes de llevarlas a bordo de un buque, los barcos reales
siguen siendo el terreno de prueba final. Después de todo, los marinos que
dependen de ese equipo no combatirán en simulaciones.
Hay planes de expandir el USS Dahlgren para incluir un arma
de 57 milímetros y posiblemente empezar las pruebas de armas más futuristas,
como cañones de riel electromagnéticos, los cuales disparan proyectiles usando
electricidad en vez de propulsores tradicionales, y láseres de estado sólido,
los cuales enfocan energía para producir un rayo que puede ser desde irritante
hasta mortal. Más allá de eso, la realidad virtual —en vez del cielo— es el
límite.
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Publicado
en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek