La esperanza florece en el infierno

Los terrores inmensos de Pol Pot en Camboya son difíciles de ver en la Phnom Penh actual, donde las calles atascadas de tránsito y la urbanización al azar al parecer han borrado el pasado, y algunos se han vuelto tan adinerados que una concesionaria de autos está a punto de empezar a importar Bentleys de Gran Bretaña.

Pero el genocidio de los Jemeres Rojos, quienes mataron a 1.7 millones de personas —casi un cuarto de la población del país— entre 1975 y 1979 todavía acecha a esta diminuta nación del sudeste asiático, donde muchos aún despiertan a la mitad de la noche gritando y recordando los horrores.

Por ello es que muchos aquí, en esta ciudad capital, parecían profundamente conmovidos cuando Angelina Jolie, la actriz ganadora del Oscar, invitó a miles al estreno local de su nueva película, First They Killed My Father, la cual trata del genocidio visto a través de los ojos de una niña huérfana.

La película fue presentada en la arena techada del Estadio Olímpico Nacional de la ciudad, un edificio magnífico donde Charles de Gaulle dio su famoso discurso de 1966 pidiendo a Estados Unidos que retirara sus tropas de Vietnam o enfrentara un desastre. Los estadounidenses no escucharon sus palabras, y la guerra se prolongó otros nueve años, extendiéndose allende la frontera a Camboya y allanándoles el camino a los homicidas Jemeres Rojos.

Recuerdo cómo se veía el estadio a principios de 1975 cuando cayeron cohetes en la capital; el edificio sirvió como clínica improvisada, atestada de heridos y moribundos conforme los soldados campesinos del líder jemer rojo Pol Pot endurecieron su control de la ciudad. Luego, el dictador y sus secuaces lo usaron para mítines políticos para glorificar su revolución a la manera de Hitler, Stalin y Mao.

Mientras el sol se ponía y la película de Jolie brillaba en la pantalla, los murciélagos giraban bajo el techo alto y el público se sentaba en el aire polvoriento, cautivados por una historia tortuosa de amor y humanidad. Algunas personas del público, como la mujer a mi lado, sollozaron durante toda la proyección.

Jolie dice que estaba determinada a hacer esta cinta, motivada por su amor por el país y por su hijo Maddox, un huérfano camboyano a quien adoptó en 2002. “Sin Camboya quizá nunca habría sido madre”, dice.

Jolie produjo y dirigió la película junto con Rithy Panh, el laureado director francocamboyano, quien perdió a sus padres y hermano en el genocidio. Él se aseguró de que la película retratara el descenso del país al infierno sin eliminar la belleza exuberante de Camboya y su gente maravillosa. Por ejemplo, a lo largo de la película vemos flores de loto florecer en el limo y lodo, un símbolo, tal vez, de esperanza en medio de los horrores.

First They Killed My Father no es el primer largometraje que explora las atrocidades de los Jemeres Rojos; en 1984, Roland Joffé dirigió Los gritos del silencio, una película en la que soy un personaje. Sin embargo, lo notable de la cinta de Jolie, aparte de su historia poderosa, es su autenticidad: fue filmada en Camboya, con un elenco enteramente camboyano, muchos de los cuales son sobrevivientes o hijos de sobrevivientes, y todo el diálogo está en idioma camboyano.

La película está contada desde el punto de vista de una niña, lo cual es significativo porque en la Camboya de Pol Pot incluso la risa de un niño estaba fuera de la ley. Los Jemeres Rojos mataron médicos, profesionistas, incluso a aquellos con manos suaves o anteojos que sugirieran que podían leer. Sus verdugos a menudo fueron niños soldados, a quienes Pol Pot veía como recipientes diminutos que podían ser fácilmente adoctrinados.

La película se inspiró en el libro de memorias del mismo título, publicado en 2000 y escrito por Loung Ung, quien, cuando niña, soportó el asesinato de su padre, madre y dos hermanas por los Jemeres Rojos.

El personaje de Loung es interpretado por Sareum Srey Moch, una niña camboyana que creció en los suburbios de Phnom Penh. Ella tenía siete años cuando se filmó la película y apenas medía lo que el AK-47 que porta en varias escenas.

Fui uno de los pocos periodistas en Phnom Penh cuando la ciudad cayó, por lo que vi lo que pasó entonces, y mientras miraba la película, me abrumaron sus reconstrucciones certeras, en especial cómo los Jemeres Rojos vaciaron la ciudad a punta de pistola, obligando a alrededor de dos millones de personas a ir al campo. Allí, trabajaron duro y murieron mientras trataban de crear la utopía agraria de Pol Pot.

Cuatro años después, ese desastroso experimento social fracasó, y los militares vietnamitas y combatientes desafectos de los Jemeres Rojos sacaron del poder al régimen de Pol Pot, instalando un gobierno nuevo apoyado por Vietnam. Los recuerdos de lo que sucedió siguen frescos para muchos aquí. Para Panh, el director, la película da una lección importante sobre la necesidad de reconciliación en el país, no de venganza. “El sufrimiento de este genocidio es tan grande que excede el deseo de venganza”, dice, razón por la cual aconsejó a Jolie cambiar un incidente en el libro de Loung en el que una multitud mata a palos a un soldado de los Jemeres Rojos capturado; en la película es apaleado, pero sobrevive. Sin embargo, esto no significa que las víctimas tengan que perdonar a los asesinos. Solo significa que hallan una manera de seguir adelante.

Jolie y Panh esperan que la película, programada para estrenarse en Netflix este otoño, ayude a eso. Algunos camboyanos que la han visto me dijeron que se sentían menos agobiados por el pasado y más dispuestos a hablar con sus hijos y nietos sobre los horrores que presenciaron. Como dice Panh: “Hemos salido del infierno, a pesar de todo. Al fin, podemos hablar y discutir lo que sucedió y… empezar un proceso de reconstrucción”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek