Instrucciones para sobrevivir a las autoridades migratorias de Trump

Ante la retórica anti-mexicana de la Casa Blanca y sus muchas acciones contra los migrantes, la llegada de un mexicano a un aeropuerto de los Estados Unidos debe pensarse como una batalla contra el miedo y la incertidumbre (¿si me detienen?¿si me interrogan?¿me dejarán pasar?). Nada mejor para lidiar una batalla que esa pequeña joya llamadaEl arte de la guerra de Sun Tzu, libro milenario del siglo VI a. C. He querido revisar los dos primeros principios y aplicarlos a este trance migratorio al que es sometido el turista mexicano -y similares-.

Antes de entrar en materia revisemos esta máxima de Sun Tzu: “La mejor victoria es vencer sin combatir”: ¿a quién le apetece ir a hacer turismo a un país cuyo líder nos ha llamado criminales, violadores y traficantes? ¿No es preferible visitar las bellezas del territorio nacional? ¿qué tal ir a conocer otros países latinoamericanos? ¿o cambiar este imperio paranoico por el antiguo imperio español? No sorprende que este febrero Aeroméxico haya anunciado un incremento de vuelos a partir de mayo entre la capital mexicana y tres ciudades europeas: Madrid, Londres y Amsterdam con miras a satisfacer las demandas de las élites mexicanas (algo similar ha hecho la aerolínea colombiana Avianca). Los mexicanos podemos pasar hasta tres meses en la Unión Europea sin tramitar visa. Conocer los países de habla hispana es ya una victoria sin haber ido a la guerra.

Sin embargo, nuestra fuerte tradición familiar y nuestros hábitos adquiridos son difíciles de abandonar y para muchos mexicanos las vacaciones son para visitar a la familia o para cruzar a ese otro lado que fue nuestro. Así que si no nos queda más remedio, he aquí los dos principios más básicos deEl arte de la guerra de Sun Tzu aplicados a la llegada como turista mexicano a los Estados Unidos –recomendaciones transferibles a la mayoría de turistas no blancos.

Primer principio: Planeación

Reconocer que estamos en la era de Trump y que nuestra experiencia previa en otras vacaciones no es suficiente para enfrentar a los envalentonados oficiales de migración en sus quince minutos de gloria. En ese momento y ante el poder absoluto de las autoridades vale recordar que las leyes importan más bien poco.

1.- Además de traer los documentos en regla y vigentes. Agregue en la cartera y su celular los números de teléfono del familiar que vive en Estados Unidos, de la embajada y el consulado pertinentes.

2.- Hacer un listado de las potenciales preguntas que hacen las autoridades en la ventanilla. Las más comunes son: ¿a dónde va? ¿dónde se va a quedar? ¿a qué viene? y tener una respuesta clara y concisa y no hablar de más. Muy importante: no mienta. (Recuerde que adornar es mentir, exagerar es mentir y darle vueltas es mentir; es decir, suspenda su verbo mexicano y barroco).

3.- OJO: una de las preguntas más capciosas es: ¿tiene usted familiares en Estados Unidos? Dan ganas de contestar: ¿quién no? Absténgase. Las autoridades migratorias creen que todo mexicano tiene una red de primos dedicados a conseguirle trabajo y así -de primo en primo- se van trayendo ilegalmente a toda la siguiente generación.

Lo prudente es contestar muy natural: “Tengo unos primos (tíos, parientes) a los que no he visto recientemente….hace mucho que se vinieron”. Los enunciados claves son ‘no he visto recientemente’ y ‘hace mucho’ porque suenan distantes, pero puede tratarse de hace un mes o de hace 30 años con lo cual usted no está mintiendo. (A mí, no saber de mis primos en una semana ya me parece muchísimo).

4.- “Más vale caer en gracia que ser gracioso”, pues eso: no se haga el simpático y menos el chistoso. Ponga la debida atención y responda de manera afable sólo lo que se le pregunta.

5.- No mencione “la soga en la casa del ahorcado”: Ni con las autoridades, ni con nadie estando en el aeropuerto haga usted el más leve comentario que roce la política del tipo ‘antes las cosas eran de otra manera…”, “¿ha bajado el turismo desde que…?”, “yo antes venía y…”, y menos se le ocurra mencionar a El Innombrable.

6.- No lleve los lentes oscuros puestos, ni lleve el celular en la mano (obvio: apague el sonido), ni masque chicle. Si tiene barba, arréglesela. Tampoco tiene que ir de padrino de la boda, pero cuide su aspecto. Luzca compuesto e higiénico.

Segundo Principio: Personalidad y carácter

Así como Sun Tzu se explaya en las virtudes del Jefe o del General de los Ejércitos y nos explica cómo deben destacarse tales virtudes, así sustituya el arquetipo Jefe por el de Turista. Si su visa advierte que es turista, pues parézcalo. Pero turista mexicano, no se disfrace de gringo en “Spring Break’, nada de calzoncillos por encima de los shorts, gorra beisbolera volteada, tennis desabrochados. Entienda: usted no es como ellos. Ése es nuestro drama: lo que es admisible para ellos, no lo es para nosotros.

Antes de llegar a la ventanilla de las autoridades respire y dígase quedito: soy un turista y vengo a pasarlo bien. El turista clásico es aquel que viene a conocer la ciudad y a recorrer sus sitios emblemáticos.

1.- Haga una reservación de hotel que pueda cancelarse antes de 24 horas. Imprímala y llévela consigo. Baje la aplicación a su celular del sitio donde hizo la reservación. Cuando haya sobrevivido el trance y ya vaya en el coche de su primo, cancele. Quizá pierda un día. Y cuidado con reservar en el Ritz con su sueldo de empleado y no de magnate. Sea razonable y reserve donde pudiera pagar dado el caso.

2.- Googlee los sitios de interés del lugar que visita e imprima algunos donde venga la información básica de ese lugar que –hipotéticamente- va usted a visitar. Si puede llevar una guía turística y una cámara fotográfica, mejor. También puede agregar aplicaciones gratuitas a su teléfono destinadas al tema turístico.

3.- Olvídese del ciento de tamales, de las dos docenas de deliciosas empanadas de la abuelita y de la salsa picosa de su tía. No. ¿Recuerda que usted es el clásico turista que se hospeda en un hotel?

4.- Nada de llevar en la maleta ropa o calzado de una talla distinta a la suya, nisouvenirs, ni nada que asemeje a un regalo, ¿para quién serían esos regalos si usted hace mucho que no ve a sus primos; sí, aquellos que se vinieron hace mucho, se acuerda?

5.- Cargue con su estampita de la Virgen de Guadalupe, la monedita de la suerte o afines, el caso es sentirse arropado y protegido durante el proceso. La seguridad no se ve, pero se nota.

Son muchos los casos de personas detenidas en los aeropuertos norteamericanos. Entre los casos más notorios destacan el del hijo de la desaparecida leyenda del boxeo Muhammad Ali, sometido a dos horas de interrogatorio sobre su filiación religiosa en el aeropuerto de Fort Lauderdale; el del ex primer ministro de Noruega, quien pasó una hora en el Dulles de D.C. explicando su visita a Irán hace tres años con motivo de una charla sobre derechos humanos; el del maestro británico musulmán a quien le fue negada la entrada cuando venía acompañando a sus estudiantes menores a una visita escolar; el inexplicable caso de la autora australiana debestsellers infantiles quien estuvo sometida a dos horas de interrogatorio en el aeropuerto de Los Ángeles. Si son capaces de detener a estas personas de alto perfil, a personalidades con pasaportes europeos y aún a sus propios ciudadanos, tampoco se sorprenda si lo interrogan.

Eso que usted entiende como una injusticia, no lo es para ciertos oficiales inflados desde arriba y perdidos entre las órdenes ejecutivas de un lado, y los documentos de los jueces, del otro. De suerte que no pierda nunca la compostura (no alce la voz, no ponga malas caras, ni se le ocurra soltar improperios) que de estar detenido a estar arrestado la línea es delgada, pero las consecuencias legales no lo son.

Arthur Frommer, editor del conocido sitio para viajesFrommer’s (editorial de muchas guías viajeras) reporta que no hay prensa viajera que no haya expresado su preocupación por el desplome en la baja de turismo hacia los Estados Unidos, fenómeno bautizado como “Trump Slump”. La baja de turismo durante la semana que siguió al llamado “Muslim Ban” fue del 80 por ciento según la reconocida firma Forward Keys, experta en estadísticas sobre viajes. Sólo la ciudad de Nueva York perdió 185 millones de dólares en esa semana en el sector del turismo de negocios. De suerte que esos 60 billones de dólares de turismo anual que genera Nueva York se encuentran muy comprometidos. Si esta tendencia continua se habla de una catástrofe billonaria para la industria turística norteamericana con una enorme perdida en todos los sectores relacionados (hoteles, restaurantes, eventos, etc.) con la consabida perdida de empleos.

Quizá usted, El Turista, comience pronto a representar una esperanza para este sector de la industria norteamericana. Mientras eso ocurre, siga usted estos consejos milenarios y buen viaje.