Cómo combatir las noticias falsas utilizadas como armas

Todos estamos siendo demasiado cuidadosos en la forma en que nos referimos a las falsedades. Quizás en un esfuerzo de evitar las confrontaciones personales, o de “llevar la fiesta en paz”, hemos comenzado a usar eufemismos que simplemente resultan absurdos para referirnos a ciertas cosas.

Por ejemplo: la mentira de que la pizzería Comet Ping Pong de Washington, D.C. y llevaba a cabo una operación de esclavitud sexual encabezada por Hillary Clinton hizo que Edgar M. Welch, de 28 años, originario de Salisbury, Carolina del Norte, condujera por más de 563 km desde su hogar y disparara su arma semiautomática dentro de la pizzería el domingo 4 de diciembre de 2016, unos cuantos días después de que el término “post verdad” se convirtiera en la palabra del año.

El diario New York Daily News calificó a esta mentira como “una teoría marginal”. Por cierto, una teoría no es sólo una idea; es una idea basada en una cuidadosa evaluación de las pruebas. Y no de cualesquier pruebas, sino que éstas deben ser relevantes para el tema y haber sido recopiladas en una forma objetiva y rigurosa.

Otros de los eufemismos para denominar a las mentiras son contraconocimientos, medias verdades, puntos de vista extremos, verdad alternativa, teorías conspiratorias y, su apelación más reciente, “noticias falsas”.

La frase “noticias falsas” suena demasiado juguetona, demasiado como un niño en edad escolar que finge estar enfermo para no presentar un examen. Estos eufemismos oscurecen el hecho de que la historia de la operación de esclavitud es una mentira absoluta. Las personas que la escribieron sabían que no era verdad. No hay dos lados de una historia cuando uno de esos lados es una mentira.

Por supuesto, la mayoría de las personas no creyeron que Hillary Clinton dirigiera una red de esclavitud sexual en una pizzería de Washington, D.C. Pero no me interesan primordialmente tales absurdidades. En lugar de ello, me gustaría que el lector se preguntara a sí mismo: ¿Realmente necesitas este nuevo medicamento, o es la campaña de mercadotecnia de miles de millones de dólares que lo respaldan lo que te inclina a elegirlo mediante pseudodatos cuidadosamente elegidos y sesgados? ¿Cómo sabemos si una persona famosa que es llevada a juicio es verdaderamente culpable? ¿Cómo evaluamos esta o aquella inversión, o un conjunto de encuestas electorales contradictorias? ¿Qué cosas están más allá de nuestra capacidad de conocimiento debido a que no se nos ha dado suficiente información?

La mejor defensa contra los astutos prevaricadores, y la más confiable, es que cada uno de nosotros aprenda a convertirse en un pensador crítico. No hemos enseñado a nuestros hijos a combatir la tendencia evolutiva hacia la credulidad.

Somos una especie social, y en conjunto, tendemos a creer lo que los demás nos dicen. Nuestros cerebros son extraordinarias máquinas de contar historias y de confabulación: si se nos presenta una premisa descabellada, podemos generar explicaciones igualmente imaginativas de la forma en que dicha premisa podría ser verdad. Pero esa es la diferencia entre el pensamiento creativo y el pensamiento crítico, entre las mentiras y la verdad: la verdad se apoya en pruebas objetivas y que se atienen a los hechos.

En un estudio sobre razonamiento en línea realizado por la Universidad de Stanford se puso a prueba durante 18 meses a más de 7,800 estudiantes con un nivel educativo que iba desde la educación intermedia hasta la Universidad, concluyendo en junio de 2016. Los investigadores mencionan “una sorprendente y preocupante constancia. En términos generales, las capacidades de las personas jóvenes para razonar sobre la información de la Internet puede resumirse en una sola palabra: deprimente”. Los estudiantes tuvieron un pésimo desempeño al distinguir las noticias de alta calidad de las mentiras. Tenemos que comenzar a enseñarles a hacerlo ahora mismo. Y mientras lo hacemos, el resto de nosotros podría comenzar a repasar cómo hacerlo.

Por fortuna, el pensamiento basado en pruebas no está más allá del alcance de la mayoría de los niños de 12 años, siempre que se les enseñe el camino.

Estos son cuatro ejemplos sencillos. En primer lugar, debemos tener en cuenta la fuente. Si la única fuente de información que tenemos acerca de algo es una publicación de Facebook, y si dicha información no ha sido transmitida por nadie más, ello no significa que no sea verdad, pero hace que esto último sea menos probable.

Durante la campaña del Brexit, circuló por la red una falsa afirmación según la cual el hecho de permanecer en la Unión Europea les costaría a los británicos 350 millones de libras esterlinas a la semana, una suma que podría destinarse al Servicio Nacional de Salud. Un inglés me preguntó hace unas semanas, “¿Cómo hubiéramos podido saber que eso era una mentira?” yo le pregunté, “¿Dónde lo escuchó?”, a lo que él respondió: “Lo leí en el costado de un autobús”. Si únicamente lo lees en el costado de un autobús y en ningún otro sitio, probablemente no es verdad.

En segundo lugar, hay que verificar la verosimilitud. Cuando el presidente estadounidense Trump afirmó que la tasa de desempleo en Estados Unidos era del 42 por ciento, ese dato simplemente no es verosímil. Si bien existen muchas personas desempleadas, la tasa de desempleo no ha sido de más de 10 por ciento en los últimos 75 años, y actualmente ronda el 5 por ciento. Si hubiera aumentado hasta 42 por ciento, sin duda lo sabríamos.

En tercer lugar están las estadísticas. Cuando escuches estadísticas, pregúntate si las cifras que se informan son relevantes y significativas. Si tomamos en cuenta a todos los bebés y los niños de Estados Unidos, así como a las personas jubiladas y enfermas, aquellas que están en prisión y a las que trabajan pero “les gustaría tener un empleo distinto” al que tienen actualmente, se podría generar una tasa de desempleo de hasta 42 por ciento. Sin embargo, por lo general, eso no es lo que queremos decir cuando hablamos acerca del desempleo.

En cuarto lugar, pregúntate si el supuesto experto que pontifica acerca de un tema realmente está calificado para analizar dicha cuestión. Un pediatra fue testigo en un juicio sobre la causa de muerte de un bebé en Inglaterra, en el que se envió a prisión a Sally Clark, la atribulada madre, bajo el cargo de asesinato. Posteriormente fue exonerada. Podríamos pensar que un pediatra es el experto adecuado. Sin embargo, por fortuna, la mayoría de los pediatras nunca ven una muerte infantil. El experto adecuado en este caso hubiera sido un analista médico, un forense o un epidemiólogo, es decir, alguien que hubiera visto cientos o miles de muertes infantiles. Dicho pediatra nunca debió haber testificado. Y un buen abogado defensor no debió haberlo permitido.

En algunos casos, las creencias son inofensivas, como la creencia en Santa Claus. Lo que ha convertido a las mentiras en armas no son los medios de comunicación ni Facebook. El peligro radica en la intensidad de nuestra creencia, es decir, en el exceso de confianza incuestionable en que dicha creencia es verdad.

El pensamiento crítico nos entrena para dar un paso atrás, evaluar los hechos y llegar a conclusiones basadas en pruebas. Lo que llevó a Welch a la situación de descargar un arma de fuego en una pizzería de Washington D.C. fue su completa incapacidad de comprender que un punto de vista que él mantenía podría ser falso.

El componente más importante del mejor pensamiento crítico y que hace falta en nuestra sociedad actual es la humildad. Se trata de una idea sencilla pero profunda: si nos damos cuenta de que no lo sabemos todo, podemos aprender. Si pensamos que lo sabemos todo, el aprendizaje es imposible.

De alguna forma, nuestro sistema educativo y nuestra dependencia de Internet han producido una generación que no está consciente de aquello que desconoce y a la que le falta humildad. Si podemos aceptar esta verdad, podremos educar a la mente, restaurar la civilidad y desarmar a la gran cantidad de mentiras convertidas en armas que amenazan al mundo. Esta es la única manera en la que la democracia puede prosperar.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek