NISREEN El-Hashemite nació princesa. Pero lo que quería era ser científica.
Nieta de Faisal I, el primer rey del Irak moderno, El-Hashemite dice que su linaje real casi le impidió tener una profesión. “Los títulos son un problema en un mundo que solo ve tu imagen y no quién eres”, lamenta. En la universidad, sus profesores decían que las mujeres de la realeza no asistían a la escuela de medicina, mensaje que no transmitieron a sus tres hermanos mayores. “La sociedad tiene dificultades para asimilar la idea de una princesa que también es médica”, dice. Mientras luchaba contra conceptos que consideraba arcaicos, El-Hashemite obtuvo su licenciatura y, después, un doctorado. Pasó varios años trabajando como médica y científica en la University College London y, luego, como investigadora de genética en la Escuela de Medicina de Harvard.
De religión musulmana, El-Hashemite emerge como una defensora poderosa de la igualdad de género en la ciencia. Y aboga abiertamente por la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia, usando las palabras del islam contra los extremistas que tergiversan la religión en su intento para oprimir a las féminas.
Su deseo de combatir los estereotipos sobre el papel de la mujer —particularmente, las musulmanas— en el campo científico cristalizó al ingresar en la fuerza de trabajo en 1997. Mientras diagnosticaba trastornos genéticos en el Hospital Hammersmith de Londres, percibía menos salario en comparación con sus colegas varones que hacían una labor igual o parecida; y tuvo que esforzarse más para obtener becas y ascensos. Pero atribuye su éxito a que defendió no solo sus derechos, sino los de todas las mujeres. “Siempre tomo la iniciativa porque creo que lograré un cambio no solo para mí, sino para otras”, explica.
La infrarrepresentación de las mujeres en profesiones científicas está ampliamente documentada. Según un informe reciente de la UNESCO, las mujeres representan apenas 28 por ciento de los científicos de todo el mundo. Y aunque hay igual cantidad de mujeres y hombres con doctorados en ciencia e ingeniería en Estados Unidos, solo 21 por ciento de los profesores de ciencias de ese país son mujeres. Y encima, esas mujeres perciben casi un tercio menos que sus colegas varones. Entre tanto, 89 por ciento del profesorado de nivel superior en las universidades europeas está integrado por varones. Esas proporciones se repiten en todas las regiones del mundo.
Esta brecha no se percibe durante la educación básica. Las niñas se desempeñan tan bien como los varones en matemáticas y ciencias hasta el bachillerato. La separación inicia en la universidad. En Estados Unidos, igual cantidad de mujeres y hombres obtienen títulos de licenciatura, pero menos de ellas se centran en áreas como ciencias computacionales, física y matemáticas. La disparidad se establece firmemente cuando las mujeres comienzan a trabajar. Y la cascada de recientes informes de acoso sexual de mujeres que trabajan en ciencias agrava el panorama.
Perturbada por este desequilibrio, El-Hashemite dejó su cargo académico en 2007 y empezó a colaborar estrechamente con Royal Academy of Science International Trust (RASIT), organización no gubernamental que fundó su padre, el príncipe Mohammed bin Rey Faisal El-Hashemite, segundo hijo de Faisal I. También comenzó a dirigir la Liga Internacional de Mujeres en las Ciencias, un programa de RASIT ideado para promover a las mujeres que trabajan en el campo científico, conectarlas entre sí y ayudar a las mujeres que buscan empleo en el área.
Hace dos años, El-Hashemite presentó ante la ONU una resolución para establecer el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Esa fecha —11 de febrero— se ha observado los últimos dos años con una conferencia de un día de duración en el edificio de la ONU de Nueva York, entre otras cosas. La finalidad es alentar a mujeres y niñas a perseguir sus intereses en las ciencias, e identificar los obstáculos que impiden la consecución de sus metas. Las ponencias de este año versaron en el papel que desempeñan los medios —cine, programas de televisión, publicidad, revistas— para acercar o ahuyentar a las niñas del campo científico.
El-Hashemite no es la única que ambiciona equilibrar la balanza del género en la ciencia. Varios países tienen organizaciones dedicadas a esta causa, y publicaciones científicas empiezan a prestar más atención a este tema (y también a sus propios prejuicios de género). Movimientos sociales como #ActualLivingScientist y #DressLikeAWoman —el último, una referencia a un presunto comentario del presidente Donald Trump acerca de que las empleadas de su gobierno debían “vestir como mujeres”— también están virando el barco del género contra la marea.
Sin embargo, El-Hashemite ha tomado una decisión sorprendente al utilizar las palabras del islam para pronunciarse contra quienes pretenden evitar la igualdad de género en la ciencia. Asegura que su religión no impide la educación de las niñas. De hecho, aboga por lo contrario. “El islam no impide que una niña vaya a la escuela, pues el primer mensaje del profeta Mahoma es que leas”, dice, citando la primera palabra del Corán. Enfatiza que el Corán menciona cientos de veces la educación y el conocimiento. “¿Cómo puedes decir que eres musulmán si no obedeces el Corán?”, cuestiona. Desde su perspectiva, los esfuerzos de algunos países musulmanes para impedir la educación de las niñas no son fieles a la religión. “Algunas personas tratan de promover sus intereses en nombre del islam, pero nada tienen que ver con el islam”, acusa.
Aunque creció en el exilio, los esfuerzos de El-Hashemite se remontan al pasado de Irak. Cuando su abuelo ascendió al trono, creó una Constitución que exigía trato y condición igualitarios para todos los ciudadanos, así como libertad de expresión. Faisal I pidió tolerancia para todas las religiones y, según una biografía de 2014, escrita por Ali Allawi, imaginó “una clase religiosa con mentalidad moderna”. Si bien las mujeres no podían ocupar cargos en el gobierno, el país no estaba agobiado por la opresión de género que impera en la actualidad. Layla, la primera revista femenina de Irak, fue publicada en 1923, y sus artículos hablaban de literatura, sociología, educación… y ciencias.
El-Hashemite espera resucitar ese legado y contagiar su valor a las niñas interesadas en la ciencia. Y a juzgar por Talya Ozdemir, su mensaje está funcionando. Ozdemir, residente de Estambul, de diez años de edad, fue una conferenciante el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia de este año. Al tomar el podio en el salón de la Asamblea General de la ONU, habló sobre la necesidad de más modelos femeninos para las niñas interesadas en una profesión científica. Ozdemir sueña con trabajar en el campo de energías renovables. “Creo que el futuro puede ser un lugar donde todos podamos vivir, y donde todos seamos iguales”, dice.
El-Hashemite va más allá con esa visión. “Tengo un sueño por alcanzar. Que las científicas del mundo sean celebridades”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek