Los animales también reconocen la injusticia, y no les gusta

Los seres humanos parecen estar programados para tener un sentido de justicia. Esto es misterioso desde una perspectiva evolucionaria, la cual uno pensaría que significaría que estábamos predispuestos a buscar ventajas para nosotros mismos y nuestras familias donde fuera posible. Pero, de hecho, un sentido de justicia es importante para que los humanos seamos capaces de ayudarnos unos a otros. La cooperación humana se basa en el altruismo recíproco: ayudamos a la gente porque ésta o nos ayudó en el pasado o podría ayudarnos en el futuro.

Esta forma de cooperación solo es posible cuando los individuos son capaces de llevar el registro de las acciones y recompensas de otros individuos, y un sentido de justicia ayuda en esto. Pero ¿qué hay de los animales no humanos? ¿El sentido de justicia es único al diferenciar a los humanos de otros animales o también ha evolucionado en otros animales no humanos?

Hay una manera de probar esto en animales usando una “tarea de aversión a la inequidad”. Un sujeto de prueba recibe una recompensa por completar una tarea, mientras que una pareja experimental recibe un “premio de consolación”, algo que no les guste especialmente. Uno se imaginaría que animales individuales que tienen un sentido fuerte del trato justo dejarían de participar en el experimento o rechazarían el regalo.

Una de las primeras especies en ser probada para aversión de inequidad fueron monos capuchinos de cabeza dura. En una tarea en la que los monos tenían que intercambiar una ficha por un regalo, a un individuo se le daba un pedazo de pepino a cambio de una ficha, mientras que un individuo modelo —otro mono que no era el foco del experimento— en una jaula adyacente recibía una uva por la misma acción. Los monos capuchinos prefieren las uvas a los pepinos, y el individuo que recibía el pepino pronto empezó a “protestar” mediante arrojar el vegetal no deseado de vuelta al experimentador.

Los monos capuchinos también estaban muy conscientes de la injusticia en la cantidad de esfuerzo que debían dedicar para recibir una recompensa. Cuando tenían que “trabajar” por una recompensa, y podían ver que su pareja experimental recibía la recompensa como un “regalo”, dejaban de participar.

Se ha demostrado que cierta cantidad de otras especies de primates, incluidos chimpancés, macacos Rhesus y macacos de cola larga, expresan alguna forma de respuesta conductual a la inequidad. Aparte de los primates, otras dos especies mamíferas altamente sociables, perros y ratas, también han demostrado ser sensibles a la injusticia.

Cerebros de pájaros

Pero ¿qué hay de las especies no mamíferas? En años recientes, la familia de los córvidos se ha convertido en uno de los modelos principales cuando se trata de estudiar la cognición en aves. Los córvidos son una gran familia de más de 120 especies, incluidos cuervos, cornejas, urracas y arrendajos. Los córvidos son altamente sociables y tienen sistemas sociales flexibles. Por ejemplo, los cuervos adultos vienen en parejas territoriales, mientras que las grajillas viven en grandes grupos comunitarios. En algunas especies, como la corneja negra, la sociabilidad depende del ambiente: pueden criar en parejas de macho-hembra en algunos ambientes así como en grupos cooperativos en otros.

Se pueden observar varias formas de cooperación que ocurren naturalmente en diferentes especies de córvidos. Se ayudan unos a otros en encuentros agresivos y comparten recursos como alimentos o información sobre depredadores. Así, dado el grado en que se ha visto que los córvidos cooperan en la naturaleza, esperábamos que tuvieran un sentido de justicia e injusticia.

Decidimos aplicarles la misma prueba que a los primates. Los sujetos de prueba fueron cuatro cuervos comunes y seis cornejas negras. Las aves recibían un pedazo de queso como su recompensa (les gusta el queso) y un pedazo de uva como el premio de consolación. En un experimento, ambos individuos recibían el mismo alimento de recompensa a cambio de intercambiar una ficha con un experimentador humano, mientras que en otro, un ave recibía solo uvas por el intercambio, mientras que a la otra se le daba queso. También tratamos lo que se llama un experimento de “control de esfuerzo”, en el cual el sujeto de prueba tenía que intercambiar su ficha ya fuera por un pedazo de queso o un pedazo de uva mientras que a la otra ave se le daba la misma recompensa, pero la recibía como un regalo y no tenía que intercambiarla.

En la condición de “inequidad”, la corneja de prueba —el ave a la que se trataba injustamente— dejó de aceptar la recompensa menor. En el “control de esfuerzo”, dejaron de intercambiar su ficha por la recompensa cuando vieron que la otra ave recibía su recompensa sin esfuerzo. En ambos casos, podían ver cómo eran tratadas injustamente y decidieron no cooperar.

Entonces, en este aspecto, los córvidos son como los mamíferos, y una alta complejidad y flexibilidad en la cooperación pudo haber impulsado la evolución de esta consciencia de lo que es justo y lo que no lo es. El hecho de que la aversión a la inequidad esté presente no solo en cierta cantidad de especies de primates sino también en los córvidos, sugiere que esta idea de justicia y cooperación es algo que las especies cooperativas tienen en común y que les ha permitido evolucionar su sociabilidad.

Claudia Wascher dará una plática: La injusticia eriza las plumas de las cornejas como parte del Festival de Ciencias de Cambridge del 13 al 26 de marzo.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek