El barullo los despertó. Eran alrededor de las tres de la mañana y el horror ya había comenzado. Los golpes contra la puerta se hicieron oir por toda la casa. Lo siguiente que vieron fue a un grupo de marinos vestidos con ropa de camuflaje irrumpir en el cuarto donde ambos dormían junto a su hija de un año. De un instante a otro se vieron enfrentados a armas y a una pregunta: “¿Tú eres el mentado Monki?”.
Al instante en que el hombre a quien dirigieron la pregunta negó tener algún apodo, los hombres, algunos con el rostro cubierto, se acercaron a él para propinarle el primero de muchos golpes que recibiría durante horas. La esposa del joven sometido cuestionó a los elementos de la Secretaría de la Marina de México (Semar) las razones de su intromisión; la respuesta fueron dos cachetadas y una advertencia que se confundía entre los sollozos de sus hijos: “cállate el hocico”.
“Junior no te pases de verga con las mujeres deja a la señora”, dijo un marino al agresor. La mujer fue liberada sólo para ver cómo sus otros dos hijos, de tres y siete años, eran llevados a su recámara. Los dos estaban llorando, pero eso no fue suficiente para uno de los soldados que golpeó al mayor en una de sus costillas. Los uniformados acercaron a los menores con su madre y se llevaron a su padre, sin ninguna orden de detención de por medio. Ya después los marinos involucrados darían su versión de lo ocurrido ese viernes 14 de noviembre de 2014.
“Uno de los soldados golpeó a uno de
mis niños… Hicieron un despapaye… escuché que prendieron mi [vehículo]… esperé un ratito para ver si estaba ahí todavía, bajé y ya no había nadie, estaba todo abierto, todo batido y yo agarré mis niños y pedí un teléfono celular prestado para hablarle a mi suegra, lo buscamos [ a su esposo] en la calle, preguntamos entre los vecinos y una de ellas,… nos dijo que había visto que le habían tapado la cabeza con una playera que él mismo traía…”.
Quien habla es la esposa de un hombre detenido por elementos de la Semar en Culiacán, Sinaloa, quienes aseguran haberlo visto vistiendo un chaleco antibalas y portando armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas. De sus declaraciones da constancia la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en la primera recomendación emitida este 2017, la cual va dirigida al titular de la Marina, el almirante Francisco Vidal Soberón Sanz, en relación de la detención arbitraria, el cateo ilegal, y los actos de tortura cometidos por dos de sus elementos en el marco de la lucha que sostienen las fuerzas armadas contra el crimen organizado.
Afuera, su esposo era sacado a la fuerza por los marinos; su rostro había sido cubierto con la playera de su pijama. Primero lo subieron a una de las camionetas blancas en las que fueron vistos los uniformados a bordo. Ahí le colocaron toallas femeninas en las muñecas para después vendarlo de las manos y los pies. Una vez inmovilizado, lo sacaron de ese vehículo y lo subieron al asiento trasero de su propio vehículo.
En su trayecto los golpes no fueron pocos. A él lo postraron con el rostro cubierto hacia el suelo. Durante el recorrido fue llevado a distintas casas de la ciudad; sólo le quitaban la camisa para que pudiera ver fotografías que le mostraban en una tableta electrónica. Aunque lo presionaban para saber los nombres de quienes vivían ahí, él nunca pudo dar una respuesta satisfactoria. Su siguiente destino lo llevaría al límite.
Los marinos lo metieron a una casa donde lo vendaron y le colocaron una toalla mojada en el pecho. Otra ronda de golpes estremeció su cuerpo, pero ahora acompañada por descargas eléctricas. Posteriormente lo tiraron al piso y le colocaron bolsas en la cara; lo siguiente que sintió fue el soplete que le colocaron bajo sus pies y una nueva refriega en varias partes de su cuerpo.
“Después me llevaron a otro lugar… escuché que dijeron que dejaran mi camioneta frente al parque 87… me subieron a una camioneta Captiva Blanca donde estuve varias horas sentado y ellos me decían que hablara en una grabadora y me pegaban para que hablara, también me pusieron un aparato para grabar el iris… todo esto me hicieron hacer a base de golpes y amenazas de que me iban a matar, queriendo aclarar que todas estas acciones las realicé en contra de mi voluntad y obligado por los marinos… con el temor de que me siguieran pegando, quemando mis pies y para que no le pasara nada a mi familia”
Tuvieron que pasar nueve horas para que fuera puesto a disposición del Ministerio Público Federal. Para entonces ya eran las 12:20 horas y la versión de lo que había pasado no constaba en lo reportado por lo marinos.
Para los efectivo de la Marina, todo ocurrió cuando se encontraban circulando por la calles de Culiacán, Sinaloa, y se encontraron con un hombre al interior de un vehículo que portaba un chaleco antibalas, quien al percatarse de la presencia del personal naval, descendió del vehículo para emprender la huida.
Los mandos de ese grupo aseguran que efectivos de la Marina lograron darle alcance y tras una previa identificación como elementos esta dependencia y una revisión le fueron encontrados: un chaleco anti balas color negro, un arma corta calibre 9 milímetros, 3 cargadores 9 milímetros, abastecidos con 5, 6 y 7 cartuchos útiles, un arma calibre 7.62 por 39 milímetros, de las conocidas como cuerno de chivo con su cargador insertado y abastecido por 29 cartuchos útiles.
“Manifestando que no contaba con permiso para portar armamento, ya que era para su seguridad, ya que actualmente se encuentran grupos peleando por la plaza y debía de cuidarse a causa de eso, y también usa el citado arsenal para dar seguridad a su jefe…”. Agregándose que… “se procedió a la detención del señor.. y al aseguramiento de los bienes, a efecto de presentarlos ante la Representación Social,… hecho que se consumó a las 13:30 horas del día 14 de noviembre de 2014… [siendo] puesto a disposición… en las mismas condiciones físicas en la que se le encontró al momento de su detención…”., dice el parte de las autoridades.
Para justificar sus heridas, se le ordenó decir que eran producto de una caída. Sin embargo, dos médicos realizaron una valoración, con base en el Protocolo de Estambul, concluyendo que: “el origen de las lesiones en tiempo y forma son provocadas por malos tratos, penas crueles e inhumanas al momento y durante el proceso de su detención con la finalidad de obtener una confesión”.
Aunque el hombre fue absuelto en virtud de “no haberse acreditado de manera indubitable los elementos de los delitos que se le atribuyen”, así como por haberse demostrado que “fue objeto de tortura por parte de los elementos del Estado que lo aprehendieron”, la realidad es que el detenido y su familia ahora enfrentan secuelas psicológicas ante las agresiones cometidas por efectivos de las fuerzas de seguridad.
Es por ello que la CNDH pidió al almirante Francisco Vidal Soberón la reparación integral del daño al agraviado, su esposa y sus tres hijos, que incluya atención médica y psicológica; colaborar en el seguimiento de la averiguación previa que se instruye ante la PGR, y en el trámite y seguimiento de la queja que la Comisión Nacional presente ante la Inspección y Contraloría General de Marina en contra de los agentes navales involucrados.