POR PRIMERA VEZ,los científicos se han asomado al cerebro de un animal extinto hace mucho tiempo: el tilacino o lobo de Tasmania, un carnívoro feroz y errante que dominó la espesura de la isla homónima y que fue cazado hasta su extinción, en 1937. Este marsupial (como los canguros y las zarigüeyas) era un superdepredador, también conocido como tigre de Tasmania y, no obstante, no tenía parentesco alguno con los tigres, pues más parecía un perro o un coyote.
Hace poco, Gregory Berns, neurocientífico de la Universidad de Emory y el primero en entrenar a un perro para entrar en una máquina de resonancia magnética (MRI), encontró fotografías del lobo de Tasmania. Al notar su aspecto de cánido, se preguntó si su cerebro también sería similar a los de los perros. ¿Qué tal si pudiera escanear cerebros de tilacinos?
Berns fue a buscar un cerebro de lobo de Tasmania que mantenían en una solución conservadora en el Instituto Smithsoniano desde hacía más de un siglo y lo escaneó con una máquina MRI. En un estudio publicado el 18 de enero, en la revista PLOS ONE, informó que el cerebro del tilacino (Thylacinus cynocephalus) y los perros lucen muy diferentes. Para empezar, el depredador extinto poseía bulbos olfatorios más grandes, la maquinaria neural responsable del sentido del olfato.
El equipo de investigadores también halló que el cerebro del tilacino era más grande, lo cual corresponde con las descripciones de que el animal era un depredador de emboscada, conducta que requiere de más inteligencia que alimentarse con carroña. Además, el cerebro de lobo de Tasmania está compartimentado (modular), cosa que suele ocurrir cuando los cerebros se hacen más grandes. Como no todas las neuronas tienen suficiente espacio para comunicarse, el cerebro desarrolla áreas especializadas para distintas funciones.
Leah Krubitzer, investigadora de la Universidad de California en Davis, quien no participó en la investigación, dice que este estudio “heroico” ayuda a expandir el conocimiento científico sobre la evolución y variación del cerebro.
Berns ha iniciado un proyecto llamado Brain Ark, en el cual escaneará los cerebros de todos los animales posibles. Hasta ahora, él y sus colegas han escaneado delfines, elefantes marinos y manatíes, y han reunido “una colección creciente de cerebros de coyotes”. “Queremos correr la voz” entre los investigadores, añade Berns. “Envíenos sus cerebros”.
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Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek