DESDE HACE MUCHO TIEMPO, los expertos saben que los seres humanos nos comunicamos con mucho más que simples palabras. El lenguaje no verbal es muy importante en las situaciones cotidianas, desde la crianza de los hijos y las citas amorosas hasta salir airosos en una entrevista de trabajo e incluso al lograr que nos atiendan rápido en un restaurante.
El lenguaje no verbal también es importante para valorar a las personas que nos rodean, entre ellas, las figuras públicas. Existen muchas investigaciones que muestran que los gestos de las manos, la postura, la expresión facial y otras señales de comunicación visual (incluso la distancia que mantiene una persona con respecto a otras) están abiertos a la interpretación. Investigaciones citadas (y debatidas) muy frecuentemente, realizadas por el psicólogo Albert Mehrabian indican que 55 por ciento de la comunicación humana se realiza a través del lenguaje corporal, 38 por ciento a través del tono de la voz y solo siete por ciento del mensaje recibido es resultado de lo que dice la persona. Esta afirmación podría no ser verdadera en todas las circunstancias, pero muestra que las señales no verbales son muy importantes para la comunicación.
Lo que hace que esto sea particularmente interesante es que, con frecuencia, estas señales visuales no coinciden con lo que la persona dice, especialmente si dicha persona es famosa. Investigaciones más recientes indican que cuando la comunicación no verbal de las personas no coincide con sus palabras, las señales visuales son probablemente una mejor manera de leer su pensamiento. Tomemos como ejemplo a Donald Trump. A mediados de enero, Trump realizó su primera conferencia de prensa como presidente entrante. El evento pronto se convirtió en un escándalo cuando Trump negó haber tenido cualquier relación con el gobierno ruso y criticó a los miembros de la prensa. En medio de sus formas de comunicación más evidentes y agresivas (gritar y señalar con el dedo) se encontraba el mensaje de que estaba a la defensiva y que quizás tenía algo que ocultar, señala Patti Wood, experta en lenguaje corporal con más de 30 años de experiencia, conferenciante y autora de Snap: Making the Most of First Impressions, Body Language and Charisma (traducido al castellano como ¡Zasss! Lenguaje Corporal, Cómo sacar el máximo partido a la primera impresión que causas, a tu carisma y a tu lenguaje corporal).
Wood ha venido analizando la comunicación no verbal de los políticos desde que George W. Bush estaba en la Casa Blanca, y ha hecho algunas observaciones interesantes sobre los saludos de Adolfo Hitler y los guiños de Sarah Palin. Señala que Trump es un estupendo caso que muestra cómo los gestos, la postura y las expresiones faciales pueden ser confusas y persuasivas. “Es la persona perfecta para mostrar que el aspecto no verbal tiene el poder”, dice acerca de Trump. “Las personas no oyen sus palabras, realmente no ponen atención a [su] mensaje verbal. No les importa en lo absoluto”.

Infografía: Newsweek en Español
Cuando Wood evalúa las habilidades de comunicación verbal y no verbal de una persona, piensa en lo que se acostumbra para cualquier persona en una situación y un entorno determinados (en este caso, una conferencia de prensa de alto perfil). También toma en cuenta la conducta “base” de esa persona en particular. Wood ha estudiado los hábitos de comunicación idiosincráticos de Trump durante los últimos 18 meses y afirma que ha habido algunos pequeños cambios en la forma en que se dirige al público desde que comenzó su campaña para la presidencia. Por ejemplo, Trump ahora levanta sus manos más alto cuando hace algún gesto, lo cual indica que tiene una opinión más elevada de sí mismo desde que ganó la elección.
La manera en la que evoca sentimientos a través de expresiones faciales también ha evolucionado. Al inicio de su campaña, Trump tenía lo que ella denomina un “amplio abanico emocional”, lo que significa que podía pasar libremente de las expresiones faciales de risa a las de furia e ira. “Y luego, noté una transición en la que mostraba ira con mayor frecuencia”, dice.
Sin embargo, también ha habido cosas que permanecen constantes, como su hábito de evadir preguntas y luego proporcionar respuestas que aparentemente no están relacionadas y, al final, se desmoronan en un lenguaje fragmentado. “Su conducta base es, con frecuencia, la de alguien que está engañando”, dice Wood, y añade que esas son las señales de comunicación que ella busca cuando se le pide que analice el vídeo de un interrogatorio. “Él es alguien que no usa frases completas y elige responder preguntas con una extraña mezcla de palabras. Típicamente, eso sería indicativo de un engaño”.
Esa comunicación no verbal está subrayada por señales visuales, como el gesto característico de Trump: el signo de OK, formando un círculo con el dedo índice y el pulgar mientras se mantienen erguidos los demás dedos. Al hablar en público, muchas personas están entrenadas para unir dichos dedos para evocar el mensaje de “Estoy siendo preciso”. Sin embargo, el gesto de Trump es distinto, y Wood afirma que puede resultar confuso para las personas que lo ven y oyen. De esa manera, el movimiento de la mano se convierte en una enorme distracción de su imprecisa comunicación verbal. Trump, añade Wood, también usa muchos “gestos que recuerdan armas”. Entre ellos se incluyen “movimientos de corte” que empleó en la conferencia de prensa cuando declaró, “no tengo ninguna relación con Rusia”. Cuando reprendió a BuzzFeed por publicar un documento de inteligencia no verificado en el que se describían sus relaciones con el gobierno ruso, movió las manos como si “empujara algo fuera del camino”, dice Wood. Se trata de una señal visual menos sutil. No es de sorprender que esta sea una de las ocasiones poco comunes en las que su comunicación verbal y no verbal realmente coinciden.
Aun en las ocasiones en las que Trump no se encuentra ante un micrófono, su lenguaje corporal envía fuertes mensajes. (No es necesario ser un genio para llegar a la conclusión de que la actitud de acecho de Trump detrás de Hillary Clinton durante el segundo debate presidencial fue un intento de intimidarla).
Durante esta conferencia de prensa, después de que Trump le cedió el podio a su abogado, otras de las personas que se encontraban en el escenario, entre ellas, su hija Ivanka, permanecieron de pie con una actitud formal, con los brazos doblados y las manos frente a las ingles. Esto es lo que se conoce en el mundo del habla en público como “postura de hoja de parra” debido a que se protegen las partes íntimas. Se trata de una postura común en las reuniones públicas como las conferencias de prensa y evoca respeto, pero también vulnerabilidad.
Trump no protegía sus partes en ese momento. Permaneció de pie a un lado, balanceándose, en lo que Wood denomina “autotranquilizamiento”. También se mordió el labio varias veces, una señal subconsciente que indica “autocastigo” e ira suprimida, afirma.
En varias ocasiones, Trump giró la cabeza ligeramente para ver detrás de él, lo cual refleja una “necesidad primaria de ser un animal alfa y conocer su territorio”, añade Wood. Tampoco pasó mucho tiempo antes de que todo el cuerpo de Trump se encontrara de frente al público. Esto significa “Quiero ser el centro de atención”.
En pocas palabras, dice, el cuadragesimoquinto presidente de Estados Unidos lucía aburrido.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek