Los tiranos no toleran cuestionamientos y odian a la prensa libre. Quieren el control total.
Es por eso que, según tres importantes funcionarios del equipo de transición, la próxima administración Trump está contemplando expulsar al cuerpo de prensa de la Casa Blanca del salón de prensa de la mansión presidencial, y mudarlo –junto con las conferencias de prensa- a un centro de conferencias o al viejo Edificio de Oficinas Ejecutivas.
Tal vez te parezca un detalle logístico sin importancia. Pero no lo es. El salón de prensa de la Casa Blanca contiene estaciones de trabajo y cabinas de transmisión, así como el área informativa para las conferencias de prensa presidenciales. Los reporteros han dispuesto de un espacio de trabajo en la Casa Blanca desde 1901, cuando Teddy Roosevelt era presidente.
Pero ha llegado una nueva era, el régimen del rey Trump.
Sean Spicer, secretario de prensa de Trump, reconoce que “se ha hablado algo de la manera de” mudar a la prensa fuera de la Casa Blanca. Spicer dice que esto se debe a que la nueva administración prefiere disponer de un espacio más amplio para que más miembros de los medios asistan a las conferencias de prensa.
Pamplinas. Es porque un salón más grande permitiría que la administración llene los asientos con reporteros marginales de “derecha alternativa”, medios sociales de derecha, simpatizantes de Trump y miembros asalariados del personal. Todos ellos estarían allí para hacer las preguntas que Trump quiere responder, para mofarse de los periodistas que hagan preguntas críticas, y para aplaudir las respuestas de Trump.
Semejante medida permitirá que Trump manipule al público.
Eso es justo lo que ocurrió en la presunta “conferencia de prensa” de Trump del 11 de enero, la primera que ha organizado en seis meses.
Por supuesto, no fue una conferencia de prensa, en absoluto, y no debe caracterizarse como tal. Fue una conferencia de prensa ficticia que montó en un gran auditorio.
El público estuvo compuesto de personal asalariado que se mofó y soltó risitas cuando los reporteros hicieron preguntas críticas, y que vitoreó cada vez que Trump lanzaba alguna de sus burradas de campaña. Cualquiera habría pensado que era uno de sus mítines.
En ese ambiente carnavalesco, fue fácil que Trump se negara a contestar cuestionamientos de los reporteros que han publicado artículos que no le gustaron, y de las cadenas noticiosas que lo han criticado.
La emprendió contra CNN por divulgar “noticias falsas”, calificó a Buzzfeed de “un montón de basura” y con gran sarcasmo, llamó a BBC “otra belleza”. El público estaba delirante.
Igual que hizo en sus mítines, Trump siguió diciendo que la prensa era “deshonesta”, parte de su incesante esfuerzo para desacreditar a los medios y socavar la confianza del público en la prensa.
Y mintió repetidas veces. Mas no permitió que los medios presentes continuaran interrogándolo o cuestionaran sus embustes.
Por ejemplo, Trump declaró, falsamente, que “el Comité Nacional Demócrata estaba completamente abierto al hackeo. Hicieron un trabajo pésimo… Y trataron de hackear al Comité Nacional Republicano, y no pudieron entrar”.
¡Basura! James B. Comey, director del FBI, dijo que había pruebas de que las computadoras del Comité Nacional Republicano también fueron atacadas. La diferencia crucial, según Comey, fue que nada de la información obtenida del CNR se filtró. Además, agregó Comey, los rusos “ahondaron y expandieron el hackeo [en CNR] mucho más que en CND”, añadiendo que “usaron técnicas similares en los dos casos”.
En su conferencia de prensa ficticia, Trump aseveró también que “no tengo acuerdos que pudieran ocurrir en Rusia, porque nos hemos mantenido alejados. No tengo préstamos con Rusia”.
Nueva falsedad. Trump buscó pactar varias veces con Rusia. En un discurso de 2008, Donald Trump Jr. dijo: “Los rusos representan un segmento bastante desproporcionado en muchos de nuestros activos”, y “vemos mucho dinero que llega de Rusia”.
Las declaraciones de Trump durante su conferencia de prensa ficticia fueron, y son, mentiras enormes que influyen en la percepción y en la opinión pública sobre dos temas de importancia crítica: ¿Acaso los rusos ayudaron a Trump a ganar las elecciones? Y de ser así, ¿por qué lo hicieron?
Por lo menos, debieron continuar con las preguntas del cuerpo de prensa de la Casa Blanca. Eso habría ocurrido en una conferencia de prensa real en el salón de prensa de la Casa Blanca, que da cabida a 45 corresponsales de los medios principales y quienes han sido asignados para cubrir, a tiempo completo, las actividades del presidente,
De allí el peligro de expulsar a los reporteros de la Casa Blanca y organizar las conferencias de prensa en un gran auditorio: nadie encarará a Trump con sus mentiras, y el cuerpo de prensa de la Casa Blanca perderá la influencia que tiene al permanecer reunido en un espacio más reducido.
Y esa es justamente la razón por la que Trump quiere sacar a la prensa de la Casa Blanca.
Un funcionario de alto nivel confesó que la medida era una respuesta a la cobertura mediática hostil. La opinión de los niveles más altos de la próxima administración es que la prensa es el enemigo. “Son el partido de oposición”, dijo el funcionario de alto nivel. “Los quiero fuera del edificio. Vamos a recuperar el salón de prensa”.
La próxima administración Trump está decidida a neutralizar al cuerpo de prensa de la Casa Blanca. Y si eso sucede, será un paso más para neutralizar la democracia en Estados Unidos.
Este artículo apareció por primera vez en RobertReich.org.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek