Universo 4.0: conectados al cambio perenne

Leonardo da Vinci imaginó, y dejó constancia en bocetos perfectamente funcionales, un robot que sustituiría al hombre en la guerra. Sin embargo, el ser humano ya fantaseaba con la inteligencia artificial desde el corazón del medievo. La leyenda del Golem nos habla de un ser de barro y piedra que obedecía a sus amos sin chistar.

Pero fue solo cuatro siglos más tarde cuando el escritor ruso Isaac Asimov puso el dedo en una llaga que hoy supura. Los avances de la tecnología no siempre son inofensivos. Y la robótica, en particular, precisaba de un código moral que él estructuró en tres reglas simples: 1) Un robot jamás dañará al ser humano. 2) Un robot siempre obedecerá las órdenes de hombre, salvo que estas se opongan a la primera ley. 3) Un robot deberá protegerse a sí mismo, excepto en los casos en los que esto suponga violar alguna de las dos reglas anteriores.

La inteligencia computacional y la nube avanzan sin pausa transformando el mundo, imprimiéndole una nueva forma de pensar, interactuar, producir y consumir.

Gigantes como Microsoft protagonizan este proceso. Para César Cernuda, presidente para la región de América Latina del grupo, las ventajas son casi infinitas. “La sociedad vive un proceso real de democratización gracias a la transformación digital. Los países más y menos desarrollados tienen las mismas posibilidades. Las pymes y las grandes empresas utilizan la misma tecnología. Esto es extraordinario”, resume.

Nacido en Tampico, pero de sangre asturiana, charla con Newsweek en Español sobre un mundo que ya no es futuro, sino presente, y acepta que servicios como la nube no están exentos de riesgos.

UNO DE TRES: LA INQUIETANTE TECNOLOGÍA

Microsoft vivió una revolución interna con la llegada de Satya Nadella a la Presidencia Ejecutiva del grupo, en febrero de 2014. El objetivo del ingeniero eléctrico es reinventar la productividad en el mundo y empoderar a las personas de todas las regiones y a las empresas de todas las tallas.

Como Asimov, el estratega indio también parece sentir debilidad por el número tres. Su táctica se basa en una trilogía de principios que ha manejado con acierto. El valor de las acciones de la firma casi se ha duplicado desde que asumió el mando.

Arrellanado en el sillón de un restaurante de la Ciudad de México desde el que se observa el Lago de Chapultepec, César Cernuda, brazo derecho de Nadella en Latinoamérica, habla prolijamente sobre el primero de los principios que rigen las acciones del grupo en el siglo XXI.

“Nos hemos propuesto personalizar el cómputo. Mi generación aprendió a utilizar un ordenador con teclado y luego migramos al touch, pero en breve la tecnología interactuará todo el tiempo con nuestros movimientos. Será menos intrusiva y más natural. Aprenderá de nosotros y la utilizaremos incluso sin darnos cuenta”, dice.

En este punto, el libre albedrío corcovea salvaje y se rebela. ¿No es inquietante interactuar con la tecnología a tal grado de que no nos percatemos siquiera y que esta nos prediga?, se le cuestiona.

“Todos los cambios son inquietantes —concede—, pero cada uno decide si la tecnología le predice o no. Los sistemas utilizan datos, algunos de ellos son de lo más simple, por ejemplo, si uno va a Acapulco y quiere saber cómo estará el tiempo, lo checa con antelación. Pero si no quiere revisarlo porque de todas maneras viajará y no quiere deprimirse con malas noticias, pues entonces no lo revisa, y ya está. Pero también existen otros sistemas, más complejos, que trabajan en favor del ser humano y que permiten tomar mejores decisiones. Esto nos interesa profundamente”.

Cernuda hace referencia a un programa que tienen en marcha en Brasil con un socio llamado Epimed. “Operamos conjuntamente un sistema activo en cien hospitales de cuidados intensivos. La información que registra y procesa el programa nos permite predecir potenciales enfermedades. Esto ha permitido que se reduzca 21 por ciento el número de infecciones en estos hospitales. Esto supone salvar vidas”, afirma.

DOS DE TRES: REINVENTAR PROCESOS

El segundo de los principios que rigen el Microsoft del presente consiste en reinventar la productividad y los procesos. Para Cernuda, claramente, esto es sinónimo de libertad.

“Por muchos años esperamos que una persona trabajara intensamente durante ocho horas diarias cinco días por semana y que produjera ‘x’ o ‘y’. Se aguardaban resultados concretos y tangibles. Ahora podemos trabajar desde cualquier lugar, y aprendemos los unos de los otros. Antes, uno más uno era igual a dos. Ahora, bien podemos decir que uno más uno es igual a tres. Esto se debe a que los procesos tradicionales se han reinventado”, dice.

También es verdad que los seres humanos nos hemos vuelto súbditos de la tecnología, del teléfono móvil, la tableta o los ordenadores, de la nube y los gadgets. Nuevamente, una pregunta se desliza sediciosa. ¿No hemos generado una dependencia perniciosa con respecto a la tecnología? La reinvención de procesos de la que habla parece empujarnos a no desconectarnos ni un minuto.

Cernuda sonríe e insiste en que siempre existe el poder de la elección. “Uno puede decidir si su teléfono baja los correos electrónicos o no. Yo recuerdo que cuando comencé mi carrera profesional no podía checarlos desde casa, así que pasé muchos sábados trabajando hasta muy tarde en la oficina porque no podía llevarme el trabajo a casa. Hace años que no voy a la oficina un sábado o un domingo. Creo que la calidad de vida de la gente ha mejorado mucho gracias a la tecnología y cada uno elige cuándo y dónde utilizarla”.

La afirmación es cierta. También lo es que, en el presente, el poder de la tecnología va más allá del recibir o no un e-mail en el teléfono, los sistemas inteligentes predicen nuestras rutas, nuestros hábitos de consumo y los autómatas están cada vez mejor capacitados para desempeñar el trabajo de los seres humanos.

Algunos perderán en este proceso. Otros, por el contrario, ganarán oportunidades.

GRAN RETO TECNOLÓGICO: “La transformación digital debe ser una realidad para todos, para los jóvenes, pero también para la gente con menos poder adquisitivo”. Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

TRES DE TRES: ELIMINAR “PUERTAS TRASERAS”

En agosto pasado, Microsoft filtró accidentalmente claves maestras que le acarrearon serios problemas y críticas. Algunas “puertas traseras” (backdoors) permitieron que un grupo de hackers accedieran a dispositivos de sus clientes que estaban protegidos, en teoría, por el sistema Secure Boot. Este error le costó una merma en la confianza de muchos de sus usuarios.

Hoy, todos tenemos información en la nube (cloud computing), comenzando por la intercambiada a través de cuentas de correo como Hotmail, Gmail y Yahoo, que se encuentra albergada en un limbo digital accesible desde múltiples dispositivos. También están ahí fotografías, videos, documentos de trabajo e información estratégica de gobiernos y empresas de todo el orbe.

Cernuda habla sobre el desafío que esto supone para Microsoft.

“La cantidad de datos que alberga hoy la nube es enorme. Es información estructurada y no estructurada. Hay una clara reducción de costos al tenerla resguardada ahí, pero muchos directivos empresariales aún nos preguntan por qué tendrían que subir su información sensible a este tipo de sistemas. Es prioritario para nosotros ofrecer privacidad y la seguridad”, dice.

Luego explica que la empresa invierte alrededor de mil millones de dólares anuales en el tema de la seguridad para evitar experiencias negativas en este ámbito. Y la toma de decisiones como la inauguración en Brasil de un Centro de Transparencia, durante el verano de 2016, que permite a los gobiernos revisar los códigos de seguridad que manejamos para comprobar que no hay “puertas traseras”. Y no es la única empresa que está realizando este tipo de esfuerzos, ya que cuando un riesgo es controlado, surge otro.

LATINOAMÉRICA ES OTRA

César Cernuda tiene a cargo actualmente una de las regiones más prometedoras para el grupo. Está integrada por un mercado con 626 millones de clientes potenciales. La mitad de ellos tiene menos de 30 años. La responsabilidad no es poca.

“Yo había sido vicepresidente de Latinoamérica en ventas, marketing y servicios en el pasado. Después me fui como presidente de Asia Pacífico por algunos años más. Regresar a América Latina suponía un gran reto porque era fácil asumir que sabía muchas cosas después de haber estado ya en América Latina y en Asia. Pero no es así. He vivido este proceso con mucha humildad. Desde la primera vez que estuve trabajando aquí, Latinoamérica cambió y Microsoft también lo hizo. Es muy importante escuchar y aprender de los otros”, refiere Cernuda.

“Más de la mitad de la población en la región está conectada a internet y la penetración de la banda ancha sigue creciendo. Hay un crecimiento exponencial en el número de personas, aplicaciones y dispositivos conectados. Para la nube, Latinoamérica será, de hecho, el mercado con mayor crecimiento en 2017”, anticipa.

En los próximos cinco años, los servicios digitales en la nube crecerán a un ritmo de dos dígitos en todo el mundo, pero en América Latina la expansión será superior al 31 por ciento anual, según las previsiones de Microsoft, lo que supone un negocio de 4000 millones de dólares anuales.

Pero Latinoamérica es y ha sido siempre una región de contrastes. El acceso a la educación, a la salud y el ingreso están distribuidos inequitativamente. Una brecha que la tecnología puede reducir o agudizar.

“En efecto, hay un enorme potencial, tenemos millones de jóvenes en la zona y esto nos anima mucho a seguir y a crecer. Pero sí, esta transformación digital debe ser una realidad para todos, para los jóvenes, pero también para la gente con menos poder adquisitivo”, acepta.

LIBRE ALBEDRÍO

El intercambio de información no cesa. Las redes sociales poseen más información que los bancos o las bases de datos de cualquier gobierno. Y ha transcurrido un largo trecho desde que Microsoft dominaba el mercado de los ordenadores personales con su sistema operativo MS-DOS en la década de 1980.

Actualmente, este titán trabaja en programas, teclados, videojuegos, teléfonos móviles, interfaces y aplicaciones robóticas, simulación realística, sensores y en todo lo que enlace a la gente a la nueva era 4.0.

En unos cuantos años, como se refería antes, los robots desempeñarán muchas tareas mejor que el propio ser humano. Realizarán cirugías, cuidarán niños o ancianos. Los autos se conducirán solos y los drones serán parte de la vida ordinaria. Aparecerán nuevos empleos y se destruirán otros.

El cambio es perpetuo y, con él, desaparecerán antiguos paradigmas y nacerán otros. Y, quizás, el Isaac Asimov del siglo XXI trabaje ya en un naciente código ético que asegure que el mundo digital siempre sea aliado —y no enemigo— de su propio creador.