“Nos dicen ‘bienvenidas’, pero nos cierran las puertas”

EN 1964, cuando María Lavalle Urbina y Alicia Arellano Tapia fueron electas como las primeras senadoras en México, en el edificio de la Cámara Alta no había sanitarios para ellas: fue necesario solicitar que se construyeran. Apenas en 1953 se había promulgado el decreto en el que se anunciaba que las mujeres tendrían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular.

Sesenta y seis años antes de obtener el voto, en 1887, la revista Violetas del Anáhuac, dirigida por Laureana Wright, planteó por primera vez la demanda del sufragio femenino. Después sería Hermila Galindo, en el primer Congreso Feminista en Yucatán, quien impulsó esta demanda en su discurso inaugural. A partir de entonces, mujeres decididas han dado la lucha para conseguir la paridad en la política, una condición indispensable para lograr una sociedad más democrática y la igualdad de género en muchos otros ámbitos. Sin embargo, María de los Ángeles Moreno, la primera mujer en dirigir un partido político en México, el Revolucionario Institucional —cuando aún no existía alternancia—, asegura que, “en la práctica, se han encontrado muchas formas de darle la vuelta a la paridad”.

Si bien es cierto que hay avances en la igualdad ante la ley, en lo que ONU Mujeres denomina “igualdad de facto” aún hay obstáculos y paradigmas que enfrentar para que las mujeres incursionen en la vida política de México en un terreno parejo. “No se corresponde el talento de las mujeres y su posición en puestos de poder”, enfatiza Ana Güezmes, representante de ONU Mujeres en México.

“Parece que todo lo que ya ganamos surgió de la nada, pero hay una historia donde algunas no vivieron las libertades que hoy tenemos”, acota Patricia Mercado, actual secretaria de Gobierno de la CDMX y candidata presidencial por el Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina en el 2006.

En las historias que narran cinco destacadas mujeres políticas resaltan los nombres de las pioneras: en 1954, Aurora Jiménez Palacios, primera diputada federal; en 1964, María Lavalle Urbina y Alicia Arellano Tapia, primeras senadoras; en 1979, Griselda Álvarez se convierte en la primera gobernadora de una entidad, Colima; en 1982 y en 1988, Rosario Ibarra de Piedra es la primera candidata a la presidencia de la república por el Partido Revolucionario de los Trabajadores; en 1989 es electa la primera senadora de oposición, Ifigenia Martínez, por el Frente Democrático Nacional.

No todas tuvieron una incursión álgida en la política, para algunas fue una consecuencia lógica de su trayectoria estudiantil, sus labores comunitarias y, más específicamente, de su vocación social; sin embargo, todas convergen en que el mundo de la política “está escrito en masculino”, como bien resume Diva Gastélum, actual senadora por el PRI y presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género del Senado de la República.

El derecho al voto de las mujeres llegó tarde a México, en 1953. La democracia paritaria no tardó tanto: México es uno de los nueve países en el mundo en aprobarla. “Es un juego de poder en el que nos dicen ‘bienvenidas’, pero nos cierran las puertas”, acota Gastélum.

La exsenadora del PRI María de los Ángeles Moreno hace un recuento de la participación de las mujeres en la política y la economía que ella observó a lo largo de su trayectoria. “Había diferencias muy notorias en la posibilidad de mejor remuneración, de ascenso de una mujer versus un hombre —comenta—. Todavía sigue siendo mucho más difícil para una mujer con esposo e hijos incursionar en aspectos que son demandantes de tiempo y de presencia. Sigue siendo difícil porque la cultura es lo que más lentamente cambia y México es muy patriarcal, lo cual implica que el varón tiene que sentirse superior.”

Diva Gastélum: los compañeros legisladores varones “son buenísimos para encontrar rendijas para evadir la responsabilidad que tienen con más de la mitad de la población que somos nosotras”. Foto: Luz Montero/NW Noticias.

LOS INICIOS

El de 1975 es un año emblemático en la lucha feminista: México fue la sede de la primera Conferencia Mundial de la Mujer. “Nos dejó una derrama de cuestionamientos, incluso de nuevas legislaciones a favor de una mayor igualdad. Principalmente cómo la idea de algo que parece individual, una elección en la vida, se vuelve algo público y político; donde necesitas incidir para cambiar leyes, políticas públicas, inversión presupuestal, a fin de lograr la igualdad entre mujeres y hombres”, afirma Patricia Mercado.

Beatriz Paredes, la segunda mujer en convertirse en gobernadora de un estado, Tlaxcala, ha ocupado destacadas posiciones políticas de toma de decisiones, incluyendo la presidencia del PRI. Paredes asegura que dicha conferencia rompió tabúes y fue la pauta para los compromisos que se adquirieron en la posterior realizada en Pekín, en 1995, a la que nuestro país envió una delegación plural, lo cual propició un dialogo relevante y determinante para ampliar la participación y la visibilidad de las mujeres en cargos públicos.

Aunado a lo anterior, Paredes señala que la coyuntura en México permitió que “en varios partidos políticos hubiera la presencia de mujeres dirigentes y mujeres legisladoras que influyeron para que la perspectiva de género permeara hacia el interior de los partidos”. En ese mismo sentido, Mercado comenta: “La agenda feminista y la agenda de los partidos se fueron empalmando, fueron agendas que las mujeres militantes fueron ganando hasta que finalmente se traducían en legislaciones, en política cotidiana y parte de la agenda pública”.

Beatriz Paredes destaca tres niveles en los objetivos de la lucha de las mujeres: por reivindicaciones concretas en la vida cotidiana y en el ejercicio de los derechos sociales y económicos; el empoderamiento de las mujeres en el poder político y el de los derechos humanos y la violencia de género, en el cual todos los grupos coinciden.

Poco a poco, la relevancia de lo que se estaba viviendo en el mundo en la década de 1980, las ideas y corrientes feministas, también influyeron en el movimiento de mujeres en México. Mercado explica: “Los fines no justifican los medios. Para mí, lograr la democracia no justificaba que las mujeres esperaran un poquito; si queremos lograr un congreso más plural, una democracia que implica la inclusión de todos en la toma decisiones, entonces las mujeres no pueden esperar, tienen que ser parte de ese proceso. Años después esas mismas mujeres dijeron: ‘Las feministas nos enseñaron que, efectivamente, no es un antes y un después’. Al mismo tiempo, otras mujeres decían: ‘Nosotras no necesitamos cuotas porque con nuestros propios méritos vamos a llegar’. Y nosotras decíamos: ‘Claro que tienes méritos, pero, aunque tengas los mejores, no vas a llegar si no hay reglamentación’. No depende de la buena voluntad de los hombres, depende de reglas que hagan que las mujeres y los hombres tomemos decisiones en lo público”. Ana Güezmes concuerda con ello: “Lo que hemos aprendido es que con el talento solo no basta, tiene que haber acción afirmativa”.

Ana Güezmes: “Lo que hemos aprendido es que con el talento solo no basta, tiene que haber acción afirmativa”. Foto: Luz Montero/NW Noticias.

DE LAS CUOTAS A LA PARIDAD

“La paridad es un concepto matemático: si las mujeres somos la mitad de la población, deberíamos estar en la mitad de los puestos de decisión. Es esta idea de un 50-50”, señala la representante de ONU Mujeres en México, quien detalla cómo la paridad política es un derecho de las mujeres a intervenir, libres de discriminación y de violencia, en todos los espacios, y cómo este organismo, bajo el lema “Por un México 50-50: demos el paso hacia la democracia paritaria”, insta a que este cambio cultural y estructural suceda más rápido.

Hasta el momento el camino ha sido largo. En 1993, una reforma al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) incluyó una recomendación a los partidos para postular más mujeres a cargos de elección, pero no fue sino hasta 2002 cuando se incluyó la cuota de género obligatoria. Habría que esperar aún diez años más para que los partidos cumplieran esta acción afirmativa sin excepción, producto de la Sentencia 12624 emitida por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), y su estricta supervisión realizada por el Instituto Federal Electoral, diversas organizaciones sociales y la propia ONU Mujeres.

Para María de los Ángeles Moreno las cuotas en el ámbito de la política significaron un gran cambio en las oportunidades para las mujeres, e incluso siguen siendo útiles mientras persista algún tipo de discriminación. Otras opinan que la Conferencia Mundial de la Mujer en Pekín (1995) fue el parte aguas para impulsar la agenda en temas de género, tal como relata Cecilia Soto, excandidata a la presidencia de la república por el Partido del Trabajo y actual diputada federal por el Partido de la Revolución Democrática.

Durante su paso por la política de su estado, Sonora, y como diputada local, Soto cuenta que la invitaban a participar en temas cliché de mujeres, los cuales le parecían asuntos triviales. “Cuando voy a Pekín y veo el fenómeno global, la lucha de las mujeres por los espacios y que unas herramientas son las cuotas, ahí me convierto en feminista. Yo estaba en contra de las cuotas, lo cual es una reacción natural de mujeres que han escalado por sí solas. Pero en Pekín todas coincidimos en que estamos maltratadas en los partidos políticos. Así que (la paridad) se logra porque las mujeres de todas las bancadas fuimos avanzando con la cuota del 30 por ciento, luego la del 40 por ciento”.

María de los Ángeles Moreno recuerda que cuando se discutió en el congreso la posibilidad de establecer cuotas se le señaló como una medida discriminatoria contra los hombres. La solución fue establecer 30 por ciento para cualquiera de los dos sexos. “Las legisladoras de todos los partidos apoyábamos —comenta—, así que primero nos poníamos de acuerdo de a quién convencer en tu grupo. A los legisladores les decíamos: ‘Allá afuera están las organizaciones feministas, si no quieres escuchar a tus compañeras, las dejamos entrar’. Todas decíamos: ‘Sí nos interesa la equidad’, y todas jalaban de cualquier partido que fueran y las organizaciones acompañaban. Muchas eran propuestas desde las asociaciones. La unión entre las mujeres ha mostrado excelentes resultados”.

No obstante, la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) ya había emitido preocupaciones sobre las cuotas. Güezmes explica: “Las acciones afirmativas no son reglas, son principios jurídicos y había muchas estrategias para no cumplirlas. Una era la excepción de la democracia interna de los partidos: era sistemático escuchar a dirigentes que decían: ‘No hay mujeres’”. Por ello, la creación de redes, mentorías y alianzas entre mujeres fue fundamental para mandar el mensaje de que sí las hay.

La paridad de género fue aprobada en 2014 a través de la reforma al artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y establece la obligatoriedad de que las listas de candidaturas al Congreso estén integradas equitativamente: 50 por ciento hombres y 50 por ciento mujeres.

La paridad surgió de manera vertical, en las candidaturas federales; sin embargo, encontró resistencias. La senadora Gastélum asegura que sus compañeros legisladores varones “son buenísimos para encontrar rendijas para evadir la responsabilidad que tienen con más de la mitad de la población que somos nosotras”.

Para llegar al presente fue determinante la Sentencia 12624 emitida por el TEPJF y su aplicación y seguimiento por parte del IFE. ONU Mujeres afirma que “es una sentencia de valor mundial; cómo el poder judicial obliga a los partidos a respetar la cuota de género sin excepción. Básicamente les dice: los derechos humanos no tienen excepciones”.

Patricia Mercado: “Una mujer protagonista es una mujer ambiciosa, y ser protagónica es mal visto. No estamos educadas para eso, sino para servir, no para ponernos al frente”. Foto: Luz Montero/NW Noticias.

FIESTA, OBSTÁCULOS, MACHISMO Y VIOLENCIA

A pesar de este avance, y de que “la paridad de la participación de las mujeres se ha convertido en un paradigma, que les guste o no se tiene que cumplir”, dice Soto, aún hay retos para lograr la paridad horizontal, en las presidencias municipales, así como una presencia real de mujeres en las posiciones de mayor poder y jerarquía en la toma de decisiones. Este año, 2016, en la Cámara de Diputados hay 42 por ciento de mujeres. “Es una fiesta”, asegura Soto. “Sin embargo, todos los órganos de control político están en manos de hombres. Las presidencias de las comisiones, los cinco institutos de la Cámara, con excepción del de género, están dirigidos por hombres. También las dirigencias de las bancadas, salvo la de Morena”.

La diputada Soto señala que donde no hay mecanismos que obliguen a la presencia de mujeres, ellas no participan. “Teníamos siete por ciento de presidencias municipales. Con los estados que se han ido sumando a la paridad horizontal subimos a 13 por ciento de alcaldesas en las pasadas elecciones”. Pero esta participación no es carente de obstáculos.

La senadora Gastélum detalla la violencia política de la que son víctimas muchas de las candidatas y otras barreras que enfrentan: “La elección para diputados federales nos dio luz sobre muchas de las situaciones. En las presidencias municipales y regidurías tuvimos muchos problemas, incluso asesinatos, secuestros, amarraban a nuestras candidatas, por ejemplo, en Chiapas. Pero los obstáculos comunes son que las mandan (a las mujeres) a distritos perdidos, no les dan dinero, se les augura que van a perder y quien lo dice hace todo para que pierdan”.

Güezmes, de ONU Mujeres, señala que “en los poderes locales los grupos de presión y los grupos caciquiles que todavía persisten, mantienen prácticas que representan un enorme techo para la entrada de las mujeres. Tenemos casos de mujeres que han sido electas y no las han dejado tomar posesión. Y eso envía un mensaje muy desestimulante para las mujeres”.

El alcance de la violencia política por cuestiones de género no se conoce. “La estadística no está clara, porque muchas nos callamos o no denunciamos, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) tiene conocimiento de más de 600 casos, pero no hay una certeza”, asegura Gastélum, y apremia en torno a la responsabilidad de crear las condiciones que protejan la democracia paritaria y, sobre todo, el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. “La ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia no contempla el concepto de violencia política por razones de género, la ley de partidos tampoco: tenemos que entrar en los partidos, porque está ahí el problema. Creen que es imposible que por violencia política contra las mujeres alguien pueda ir a la cárcel. Por ello las alianzas son muy necesarias; no es obligatorio ser del mismo partido porque nos pasa lo mismo a todas las mujeres. La violencia política practicada en el interior de los partidos, eso mínimamente nos debe de unir”.

Un punto en el que convergen y hacen énfasis las entrevistadas es el de la autoconfianza y la seguridad personal. Las mujeres no terminan por creer en su potencial. Cecilia Soto dice que la presencia de las mujeres en las bases de los partidos políticos es casi una costumbre, son “los soldaditos que reparten volantes” y quienes presiden los comités en los barrios, pero muchas veces no se plantean alcanzar otras posiciones. Moreno coincide: “La cultura machista impacta a los hombres y a las mujeres. Estamos acostumbradas a una forma de ser y de hacer y entonces nosotras mismas nos cuestionamos por qué. Las mujeres ayudan a que otros lleguen, pero no se plantean ser candidatas. A veces las propias mujeres decimos: ‘Yo no’”.

Mercado considera que los estereotipos de género son responsables de este comportamiento: “Una mujer protagonista es una mujer ambiciosa, y ser protagónica es mal visto. No estamos educadas para eso, sino para servir, no para ponernos al frente”. El estereotipo en el que las mujeres no pueden porque son blandas persiste, pero en ocasiones es necesario responder a las circunstancias con estas actitudes no bien vistas si se quieren alcanzar las posiciones de poder. Beatriz Paredes recuerda que, como gobernadora, uno de sus principales desafíos fue “tener la suficiente autoridad para conducir bien los cuerpos de seguridad pública para que los temas de procuración de justicia y de seguridad pública no se me fueran de las manos y que las corporaciones policiacas pudieran percibir en mí la suficiente autoridad”. Josefina Vázquez Mota, la primera candidata a la presidencia con verdaderas posibilidades de ganar al contender por el Partido Acción Nacional, en el poder en ese momento, señala en una entrevista con Katia D’Artigues que a las mujeres siempre se les “ha concedido la negociación, pero no la fuerza, [por ello] hay que buscar un discurso y una imagen, que sin dejar de ser tú, logre transmitir que tienes ambas”.

La excandidata a la presidencia por el PAN señala en el libro Una lección para todas, la desigualdad de trato en los medios que enfrentan las mujeres en la política: no solo hay mayor exigencia, sino incluso cierta misoginia cuando se cuestiona a priorila capacidad de las mujeres con la pregunta “¿México está preparado para una mujer presidenta?”. Ella sugiere a las candidatas del futuro no aceptarla.

A esto se suma que el sistema político se ha construido culturalmente como un mundo con reglas masculinas, en el que las normas y los horarios son poco compatibles con la vida familiar. Beatriz Paredes lo ha señalado como “un mundo de convivencia masculina en donde a veces se hacen los conciliábulos del poder y que no es habitualmente permitido o no es abierto a las mujeres, aunque tampoco es que esté prohibido, pero en esta dinámica de camaradería masculina se toman las decisiones. Es un asunto cultural”. Una cultura que se ha arraigado en el sistema político y que reproduce la inequidad para la participación entre los sexos, principalmente cuando las mujeres son las responsables del cuidado de niños, adultos mayores, enfermos.

Para algunas, incluso, la política ha implicado un costo y una renuncia personal. La exsenadora Moreno Uriegas recuerda: “A mí me hubiera gustado combinar las dos cosas: mi familia y mi trabajo; no ocurrió”.

Patricia Mercado acota que los roles de género aún no se han transformado para responder a la realidad. “Hay varones que no ven tan fácil que una mujer sea más proveedora que ellos y, entonces, surge una violencia creciente en el espacio público, en la casa. Tenemos que replantear la masculinidad para que no consista en traer dinero en la bolsa, sino que realmente se acomode de otra manera lo que es ser mujer y lo que es ser hombre, una donde podamos compartir las cosas de uno y de otro sin que medie la violencia y la incomprensión”.

Cecilia Soto: “Las mujeres hacemos política diferente, creo que hay cierta facilidad para negociar. Nos es más fácil ir a la bancada contraria y conversar para tender puentes”. Foto: Luz Montero/NW Noticias.

LLAMADO POR UN MÉXICO 50-50

“Todavía estamos en la etapa de la carrera de obstáculos: tenemos la ley, tenemos el talento, pero tenemos también una gran cantidad de obstáculos para crecer y desarrollarnos”, señala Güezmes. El reto principal para lograr la paridad real está en la educación y la asignación de recursos que protejan los derechos y las oportunidades de mujeres y niñas que inciden en su participación política, es decir: el acceso a la educación, a la autonomía económica, a una vida libre de violencia.

María de los Ángeles Moreno señala que gran parte de la lucha por delante es cotidiana, en las organizaciones, en el hogar, en la educación, en los congresos federales y locales; la necesidad de diseñar presupuestos y políticas públicas con enfoque de género. “Se va a cambiar el modus operandi cotidiano incrementando la presencia de mujeres”, apuntala Paredes.

Patricia Mercado, con amplia experiencia en la construcción de nuevas propuestas para los roles de género, afirma que es ahí donde se encuentra el desafío: “Las mujeres hemos salido a la vida pública, pero los hombres no han entrado completamente en la privada. No hay una distribución equitativa. Todavía las mujeres están cargando más con las responsabilidades familiares, del cuidado de los otros. Mientras sea así, no vamos a lograr alcanzar la igualdad. La igualdad ya no está afuera, está adentro: entre los hombres, las mujeres y el Estado. La redistribución de los horarios de la vida, de los servicios públicos. Hay muchas cosas que el Estado puede hacer para asumir responsabilidades de cuidado si asumimos que no son las mujeres las que tienen la obligación de cuidar, sino que es obligación de la sociedad entera”.

Sin embargo, en opinión de Moreno, no es una lucha que las mujeres puedan dar por sí solas, y subraya que la participación de los hombres es indispensable en esta transformación. “Sin la visión de los hombres avanzaremos mucho más lento”.

La paridad política transita por un sentido de complementariedad, de justicia e inclusión, en el que se hace necesario emparejar el piso en el que participan todas y todos los ciudadanos. Las nuevas perspectivas que han estado limitadas en el pasado se vuelven urgentes y necesarias dados los tiempos de violencia que vivimos.

La forma de hacer política de las mujeres en gran medida se distingue por construir acuerdos, quizá tan solo porque de otra manera sus propuestas serían vetadas al ser la minoría en los círculos políticos. Al respecto, Cecilia Soto reflexiona: “Las mujeres hacemos política diferente, creo que hay cierta facilidad para negociar. Nos es más fácil ir a la bancada contraria y conversar para tender puentes”. Vázquez Mota también es impulsora de este pensamiento: “Como mujeres tenemos la oportunidad de escribir nuevas reglas para estos nuevos tiempos. Reglas que construyan, que unan, que incluyan”, según dijo a Katia D’Artigues.

Estas destacadas políticas mexicanas, quienes han abierto espacios a la participación, coinciden en que la experiencia vital de las mujeres es indispensable para construir un país más pacífico, justo e igualitario.