La Venezuela de Castro

CARACAS, VEN.— El 8 de mayo de 1967, una docena de guerrilleros (cubanos y venezolanos; todos entrenados, financiados y armados por Fidel Castro) desembarcaron en las costas venezolanas de Machurucuto, en el estado Miranda. Otros cientos se alistaron para seguirlos. Pero su misión —contactar al eje oriental de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), grupo guerrillero creado por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), para tratar de derrocar al presidente Raúl Leoni— fracasó y ocho de ellos murieron en combate contra miembros de la Guardia Nacional y el Ejército venezolano. Este suceso fue conocido como la Invasión de Machurucuto y fue otro movimiento infructuoso de Fidel Castro por atentar contra democracias establecidas. “Hace años leí un documento del congreso del Partido Comunista de Cuba, creo del año 1962, y el secretario general del partido decía que Cuba estaría en libertad solamente el día que la bandera de la revolución cubana ondeara en territorio venezolano. Es decir, estos tipos estuvieron enfocando a Venezuela como objetivo durante más de 40 años”, esto lo declara el diplomático venezolano Diego Arria, el lunes 28 de noviembre, en Nueva York, a su salida de un meeting en el Consejo de Seguridad de la ONU, organizado por España y Senegal, donde su método de discusión llamado “Arria formula” se aplicó para exponer el tema de la seguridad cibernética internacional. “Pero tal vez lo que nunca imaginaron —prosigue Arria— es que no tendrían que pelear o intentar una nueva invasión, sino que un teniente coronel les regalaría Venezuela”.

La dupla Chávez-Fidel comienza el 14 de diciembre de 1994. Tras salir de prisión, Hugo Chávez toma un vuelo comercial hasta La Habana. Fidel lo esperó junto a la escalera del avión. Fue el inicio de una relación que sobrepasó lo político y lo económico y que ha afectado a ambas naciones: una que llevaba años empobrecida y arrinconada… y otra que comenzaría a estarlo, a pesar de ser una potencia petrolera. Convenios de todo tipo fueron firmados, desarrollados y ejecutados entre Fidel y Hugo. Entregas diarias de un promedio de 100 000 barriles de petróleo, mucho más del que su única refinería (Cienfuegos) puede procesar, un inédito y sólido pulmón económico llenaba de nuevos aires a los Castro.

¿HONOR A QUIEN HONOR MERECE?

Tras su fallecimiento, comentarios han ido y venido. Críticas al llamarlo presidente o dictador o líder o cualquier otra etiqueta. “Estaba viendo las declaraciones de la presidenta Bachelet, quien le da una importancia a Castro en cuanto a justicia social”, comenta Diego Arria. “Cuando fue un tipo que mató a miles de personas, con cientos de miles de exiliados cubanos. Entonces, no puedes expresarte de él de esa manera”.

Mientras, para María Corina Machado, férrea opositora del régimen chavista, exdiputada a la Asamblea Nacional y coordinadora del partido Vente Venezuela, muestras similares a la de la presidenta Bachelet representan “una evidencia de la fragilidad e inconsistencia ética y de principios, en lo que se refiere a las libertades, los derechos humanos y la democracia, que persiste en las formas y costumbres de la política exterior internacional. Y, por demás, es obviamente una consecuencia de una operación comunicacional enorme, sin precedentes, para convertir una máquina de generación de pobreza, crueldad y muerte, en algo casi sagrado. Esto, con la complicidad de la izquierda democrática que, durante los últimos 40 años, cuando ya era evidente la naturaleza violenta de este régimen, calló por razones ideológicas. Al fin y al cabo, para muchos, criticar el régimen Castro-comunista-cubano era renegar de su propia naturaleza ideológica. Que todavía hoy importantes medios de comunicación y líderes mundiales hablen de los enormes resultados en educación y salud de Cuba… ¡Por favor!, eso no es ignorancia ni ingenuidad. Es otra cosa”.

Para Arria, el tema de comunicación y de lobby fue clave para que Cuba obtuviera una importancia internacional, tal vez inmerecida. Según su opinión, Fidel era ante todo un dictador pero que, curiosamente, fue cortejado por los políticos mundiales: “Les parecía exótico. Durante muchos años los cubanos no eran bien recibidos casi en ninguna parte de América Latina. Excepto en México y, más allá del continente, en España. Pero en general eran unos huérfanos que supieron aprovechar el único espacio donde podían moverse: las Naciones Unidas. Y se convirtieron en expertos de un lobby fuerte, que desarrollaron durante muchísimos años y les permitió estar más allá de su propio peso como nación. Aunque, por supuesto, Fidel Castro representó en vida todo lo contrario a los ideales de las Naciones Unidas: estuvo a favor de la tortura, de la violación a los derechos humanos. Él fue el polo opuesto a las libertades… pero siempre tuvo su mayor reconocimiento precisamente ahí, en la ONU”.

Tras una breve pausa, Arria recuerda su primer encuentro con Castro. “Vi a Fidel por primera vez en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, en 1992. Yo era uno de los vicepresidentes de la conferencia y enseguida noté que la gente se movía hacia un lado del salón. Pensé que se trataba de la llegada del presidente de Estados Unidos. No, se trataba de Castro, a quien veían como una especie de dinosaurio, un animal exótico. He medido siempre a Castro en función del daño que le hizo a Venezuela. Pero si él es culpable, Chávez también lo fue al entregarle nuestro país en bandeja de plata”.

María Corina Machado coincide: “Creo que Rómulo Betancourt jamás hubiera imaginado que un venezolano le entregaría el país a Fidel Castro. Betancourt, con una enorme visión, identificó en pocas horas la naturaleza de este individuo y el riesgo que representaba para Venezuela y América Latina. Desafortunadamente la expulsión militar al régimen cubano no se reprodujo en otros sectores de la sociedad”, prosigue Machado, “donde se fueron infiltrando en las academias, universidades, el periodismo, etcétera. Incluso formando grupos subversivos. Esto fue generando redes que durante muchos años conspiraron y, además, se introdujeron en nuestras Fuerzas Armadas. Esto no fue de un día para otro. Fue un proceso que escaló a su punto máximo con la llegada de Chávez al poder”. Aunque, para Machado, Hugo Chávez no poseía una ideología en particular, sino una mezcla de ideas e instintos. “Pero sí hay personajes —apunta—, como Elías Jaua, que tuvieron una extensa formación comunista y que fueron los delfines preparados por el Castro-comunismo, incluso Maduro, a pesar de sus carencias intelectuales. Ellos serían los relevos”.

En opinión de Diego Arria, la influencia cubana se ha acentuado con Nicolás Maduro, “porque él fue entrenado y preparado en Cuba. La subordinación de Maduro a Cuba es incluso más evidente que la de Chávez, quien pudo haber discutido ciertas cosas con Fidel. Pero Maduro no tiene nada qué discutir. Llegará el día en que Maduro y el resto, deberán ser juzgados como traidores a la patria, porque entregaron el país”.

Muestras como las de Bachelet a Castro son “una evidencia de la fragilidad ética y de principios en lo que se refiere a las libertades, los derechos humanos y la democracia”. Foto: AFP

CASTRO RICO, VENEZUELA POBRE

En el año 2000 comienza el Convenio Integral de Cooperación entre Cuba y Venezuela. Entre 96 000 y 100 000 barriles de petróleo son enviados diariamente a Cuba. Cientos de millones de dólares que el Estado venezolano no percibe, dado que Cuba paga los envíos de crudo con decenas de miles de profesionales en diversas áreas. Médicos, en su mayoría. “Obviamente, la Venezuela que arrancó con el boom petrolero se convierte en un objetivo claro de Cuba”, explica María Corina Machado. “Hay un estimado de la presencia cubana en Venezuela, enviados bajo diversas figuras: entrenadores deportivos, médicos, recreadores… todos de dudosa formación y más dudosa actividad y oficio que, cuando calculas el costo anual, superaba los 200 000 dólares (por cada uno). Chávez consiguió una bandera y una red de protección en el Foro de Sao Paulo y sus círculos, que se extienden hasta la izquierda moderada, que comenzó a justificar lo injustificable. Y Fidel consiguió nuestro petróleo. El día que se calcule todo el dinero que se invirtió en propaganda dentro y fuera de Venezuela, en lobby internacional, financiamiento de grupos armados en todo el continente; gasolina regalada (hasta en el Bronx), serían cifras abismales”.

Con la llegada —en enormes contingentes— de los cubanos, pronto se sintió la enorme influencia de la isla en casi todos los sectores venezolanos. Arranca una cubanización no solo de ideas, sino de acción. Según María Corina, Fidel tenía claro que la principal institución que debía infiltrar y destruir en su profesionalidad e institucionalidad era la Fuerza Armada, “y lo logró: Chávez colocó militares cubanos en posiciones de alto rango en nuestro ejército y se dieron procesos de ideologización, donde se trastocó la doctrina militar venezolana a la doctrina de la guerra popular prolongada que, según ellos, se iniciaría con un conflicto bélico contra Colombia, asumiendo que detrás estarían los gringos apoyando a Colombia. Todo eso en un documento llamado Plan Sucre, al cual tuve acceso recién llegué a la Asamblea Nacional. Y así se formaron los militares venezolanos. En ese entonces consigné a la comisión de Defensa de la Asamblea Nacional una lista de 36 generales que conformaban el Grupo de Coordinación y Enlace del régimen cubano con el alto mando venezolano. Nadie hizo nada”.

Sin embargo, y luego de todo el petróleo, todas las ganancias obtenidas por los Castro gracias al chavismo, el pueblo, los ciudadanos de Cuba, no vieron mejorías en sus vidas. La dura rutina ha permanecido igual para los cubanos. Con los beneficios económicos obtenidos de Venezuela se hubiera podido construir una nueva Cuba, sobre la que ya existía.

“Rómulo Betancourt jamás hubiera imaginado que un venezolano le entregaría el país a Fidel Castro. Betancourt identificó la naturaleza de este individuo y el riesgo que representaba para Venezuela y América Latina”. Foto: AFP

LAS CONSECUENCIAS DE LA PERMANENCIA

No se puede obviar como un hecho que la historia ha demostrado que los latinoamericanos tienden a caer embelesados bajo el halo del caudillismo, de las figuras autoproclamadas todopoderosas que, sobran las pruebas, jamás brindan los resultados esperados a sus naciones. ¿El porqué de esto? María Corina Machado ofrece una explicación: “La debilidad de nuestras instituciones y la forma en que han promovido la dependencia: la íntima liga entre populismo, clientelismo y caudillismo. Porque si el sistema instaurado —no solo en lo económico, sino en lo social y con implicaciones culturales— promueve la dependencia del individuo en el Estado, surgen modelos colectivistas que, en nombre del bien común, te arrebatan tu libertad y responsabilidad; te convierten en un habitante con la mano extendida, clamando por protección. Por un bienestar que es generado por otro. Al final, al perder tu autoestima, tu confianza en la capacidad que tienes para proveer tu propio destino y asumirlo con responsabilidad, no te queda otra cosa que esperar a un mesías salvador que te diga qué es lo bueno y qué es lo malo. Porque renuncias a todo. El colectivismo general, de un extremo u otro, lleva a la aparición de líderes que no son unos genios. No lo fue Chávez, tampoco Fidel. El único liderazgo que necesitamos en América Latina es el que pueda inspirar a los ciudadanos para que asuman su responsabilidad y sean dueños de su futuro”.

El excandidato presidencial y diplomático Diego Arria confronta el fenómeno desde la óptica política venezolana: “La dirigencia política en nuestro país es básicamente izquierdista… pero casi del siglo pasado. Porque no son de la izquierda iluminada. No son escandinavos. Muchos de ellos estuvieron del lado de Fidel Castro. Por ejemplo, Jesús Chúo Torrealba, hoy secretario de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), firmó el famoso documento de 1989, cuando Castro estuvo en Venezuela. La dirigencia política venezolana es, ideológicamente hablando, medio chavista. Ellos quieren el mismo poder de Chávez, quien copió el modelo usado por Fidel, y hoy hasta los opositores siguen ese camino. ¿Por qué ocurre esto? La dirigencia política venezolana siempre ha estado acomplejada con respecto a Estados Unidos. Se visten con ropa americana, van al cine americano, visitan Estados Unidos… pero son antinorteamericanos”. Y mientras la crisis venezolana ha escalado a niveles alarmantes, los Castro restablecían relaciones con Estados Unidos que, directamente, afectaron a Venezuela. “Hace como un año, en República Dominicana, le dije a la señora Hillary Clinton que la agenda de Estados Unidos con Cuba no podía excluir a Venezuela”, enfatiza Arria. “En el proceso de ‘normalización’ iniciado por Obama, Venezuela ha estado secuestrada. Porque según el Departamento de Estado, si se toca a Venezuela, eso afectaría las relaciones con Cuba. Hemos sido parte de un juego de ajedrez donde no nos hemos beneficiado en nada. El jaque mate siempre es contra nosotros. Incluso con el tema de Colombia. No se podía tocar a Venezuela porque afectaba el proceso de paz en Colombia. Pero la verdad es que, si resuelves el problema que tenemos en Venezuela, de alguna manera se solucionan los problemas que hay en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y hasta Cuba”, finaliza.

María Corina Machado concluye que el legado de Fidel en Venezuela es, paradójicamente, la libertad. “Porque nunca más permitiremos no solo el ultraje de nuestra soberanía, sino la perpetuación de esta concepción de sociedad que humilla y doblega al individuo. El horror que hemos vivido en Venezuela durante estos 18 años es peor que el ocurrido en una guerra de 40 o 50 años. Cuando ves lo que ha sufrido Cuba y las muertes por la guerra en Colombia… ¿Sabías que en Venezuela han muerto más personas desde que llegó Chávez? El drama es que ni siquiera podemos calcular nuestros muertos, nuestras bajas. Entonces el legado de Fidel, a un costo infinito, será que nunca más se repetirá el sometimiento, el colectivismo y la esclavitud. Queremos, merecemos libertad, prosperidad y paz. Pero paz de verdad, porque paz sin libertad es sumisión”.