Piden a Trump defender la libertad en el mundo musulmán

Presidente electo Donald Trump, el pueblo estadounidense lo ha designado como el 45º presidente de Estados Unidos y le ha confiado muchas misiones y responsabilidades. Como líder de una gran democracia, será el defensor de lo que los padres de la nación estadounidense más preciaban: la libertad de expresión de todos los ciudadanos, no obstante su origen, religión, riqueza o condición social.

Leonard Cohen, nuestro más querido montrealés y poeta urbano, falleció el 10 de noviembre. Ciertas palabras de su último álbum han resonado en mí: “Hay un amante en la historia/pero la historia sigue siendo la misma/hay una canción de cuna para el sufrimiento/y una paradoja para la culpa/pero está asentado en las escrituras/y no es una afirmación frívola/pretendes más oscuridad/matemos la llama”.

Debemos proteger esta llama; la llama de la libertad, de la expresión, de los valores que hacen grande a Estados Unidos.

Cuando el pueblo estadounidense lo eligió, se convirtió en la esperanza de muchos, en todo el mundo, a quienes les han sido negadas las libertades y los derechos. Uno de ellos es Raif Badawi, mi marido. En 2012, mi esposo fue encarcelado en Arabia Saudita acusado de bloguear. En 2015, fue flagelado frente a una multitud. Desde entonces, se ha convertido en el héroe de millones de musulmanes, árabes, musulmanes seglares, ateos y ex musulmanes de todo el mundo, incluidos los que viven en Estados Unidos, quienes compartían su sed de libertad de expresión y libertades sociales.

Raif es musulmán y ferviente defensor de los valores de libertad y democracia en un rincón del mundo donde apoyar esos valores es una ofensa castigable. El deseo de Raif era que su país –Arabia Saudita- se abriera más durante la Primavera Árabe. Su primer blog, Network of Saudi Liberals, se convirtió después en Liberal Saudi Network, y fue seguido por millones de personas que usaban seudónimos para hablar con libertad sobre sus ideales políticos. Raif fue arrestado en 2012 por escribir este blog.

Raif Badawi defendió sus creencias seglares en un país que le negaba la libertad de expresión, de movimiento y sus derechos sociales. Raif Badawi es un humanitario, un librepensador y un bloguero. Escribía sobre ideales de justicia, derechos humanos y libertades fundamentales.

Su crimen fue el de gestionar un sitio web que criticaba el uso del islam como base de las leyes nacionales, y propagar opiniones liberales en su país. Raif fue sentenciado a 10 años de prisión, 1000 latigazos y una multa de un millón de riales (266,635 dólares), por “insultar al islam a través de canales electrónicos”.

Recibió 50 latigazos el 9 de enero de 2015. La flagelación fue suspendida temporalmente debido al deterioro de la salud de Raif, pero hace unas semanas supimos que el castigo estaba por reanudarse dentro de los muros de la prisión saudita.

Irwin Cotler, el asesor legal internacional de Raif Badawi, afirmó que su “encarcelamiento… es una cuarentena para la libertad de expresión, un encarcelamiento de los derechos humanos. Su liberación será importante para Arabia Saudita, así como para defender el estado de derecho y la causa de la paz y los derechos humanos”.

Presidente electo Trump, Raif cree en un mundo libre y seguro donde hombres y mujeres puedan expresar sus ideas sin temer la represión, un mundo que necesita libertad de discurso, expresión, pensamientos e ideas. Raif, el ganador del prestigioso premio Sakharov 2015, espera desde su prisión que todas las voces que se alzan en defensa de la libertad se hagan escuchar. Esas voces valerosas que claman por los valores democráticos en el mundo musulmán, deben ser defendidas.

Hoy, más que nunca, Estados Unidos y Naciones Unidas tienen que reflexionar en la manera como pueden aplicarse, protegerse y ordenarse las prioridades en derechos humanos. Por eso nuestras esperanzas remontaron el vuelo cuando Arabia Saudita fue designada al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (CDHNU).

A juicio de nuestra familia y los defensores de la democracia, la sentencia de Raif debería ser reevaluada y él debería ser liberado. Hace unas semanas, cuando Arabia Saudita fue ratificada en el Consejo, esas mismas esperanzas repuntaron ante la posibilidad de que el Consejo buscara la libertad en vez de la impunidad. Raif defiende, precisamente, los derechos humanos que son el credo fundamental de CDHNU.

“Un país liberal no tiene religión, lo cual no significa que sea irreligioso. Significa que protege los derechos de todas las religiones y las fomenta todas sin distinción o preferencia. No intenta congraciarse con la religión de la mayoría en detrimento de las minorías”, escribió en las publicaciones de su blog.

Señor Trump, como dijo Kacem El Ghazzali, el activista por los derechos humanos que representó a nuestra fundación ante CDHNU, en Ginebra: “Debemos distinguir entre el fanatismo anti-musulmán y la crítica del islam. La lucha real debe ser contra el islam político, no contra los musulmanes; la lucha debe ser contra todas las ideologías dogmáticas”.

Debemos apoyar a quienes, desde el interior, desafían la ley islámica y luchan día a día por la libertad de expresión, de prensa, de religión. Por esas mujeres y esos hombres valerosos como Raif.

En 2015, Evelyne Abitbol y yo establecimos la Fundación Raif Badawi para la Libertad (RBFF, por sus siglas en inglés). Esta organización encarna los valores de Raif, y sigue desafiando a las sociedades opresivas, como la que encarceló y persigue a Raif.

Nuestra misión fundamental es generar conciencia y lograr derechos humanos universales en el mundo.

Haga suya esa misión, presidente electo Trump. Lo insto a ayudarme a lograr la liberación de Raif, así como la de todos los prisioneros de conciencia en todo el mundo.