Programada para tener prejuicios

Los psicólogos sociales aseguran que los humanos elaboran
un juicio muy rápido sólo con ver el aspecto
de una persona y, en particular, su cara; con esos elementos se valora
si es de fiar, inteligente o dominante, sociable o graciosa, entre otros muchos
calificativos.

Una actitud similar, de prejuicio, le están enseñando
a una máquina un grupo de investigadores de la Universidad de Notre Dame, en
Estados Unidos. Mel McCurrie y varios compañeros han cargado un conjunto de
imágenes de caras, etiquetadas con las impresiones que ha dado la gente: de
confianza, dominante, inteligente. El programa ya aprendió a hacer lo mismo:
elabora una opinión sólo con mirar el rostro de alguien.

El equipo de McCurrie creó una base de datos con una
página web llamada TestMyBrain.org, una especie de proyecto de ciencia ciudadana
que mide varios atributos psicológicos de las personas que la visitan. La
página es uno de los sitios más
populares de pruebas cerebrales con más de 1.6 millones de participantes.
El equipo de investigadores pidió a los visitantes que evaluaran 6 mil 300
imágenes de caras en blanco y negro; cada
cara fue analizada por 32 personas distintas en cuestión de fiabilidad y
dominancia, y por 15 personas para evaluar el coeficiente intelectual y la
edad.

Una característica interesante de todo el proyecto y
la revisión de imágenes es que no
existe ninguna respuesta objetiva; la prueba sólo graba la opinión del
evaluador. Al equipo de McCurrie le interesaba medir el abanico de las
impresiones de la gente, para después entrenar a una máquina y revisar los
resultados.

Con estos datos en la mano, el grupo empleó 6 mil imágenes para entrenar su algoritmo de
aprendizaje automático, es decir, el programa. Utilizaron otras 200
imágenes para afinar los parámetros de visión de la computadora. Todo esto para
que la máquina aprendiera a juzgar las caras de la misma manera que los
humanos.

Los resultados son interesantes. Por supuesto, la
máquina reproduce el mismo comportamiento que aprendió de los humanos; da más o menos los mismos valores de
confianza, dominancia, edad y coeficiente intelectual.

El equipo de McCurrie ha descubierto además qué partes
de la cara utiliza la máquina para elaborar un juicio. Lo averiguaron cubriendo
diferentes partes de un rostro, y solicitando a la máquina una opinión en cada
paso. Cuando el resultado variaba mucho frente al valor dado por un humano,
entendieron cuáles eran las partes de
la cara con las que la máquina conforma su opinión. Muy similares a las
que usan las personas a la hora de juzgar el rostro de alguien.

Los psicólogos sociales saben que los humanos tienden
a mirar la boca cuando evalúan la
confianza y que un ceño bajo a menudo es asociado con la dominancia. La máquina
está de acuerdo. Sin más vueltas al asunto: la misma cara bajo las
mismas circunstancias, la gente tiende a juzgarla de la misma manera. Esta
máquina también.