Durante las últimas dos décadas,
la cuestión central para la política comercial estadounidense ha sido si el
gobierno puede avanzar en la liberalización del comercio.
La respuesta suele ser sí, pero
lentamente.
Durante los próximos cuatro años,
después de la elección de Donald Trump como presidente, la cuestión central
será distinta: ¿Estados Unidos dará marcha atrás en temas de comercio y, si es
así, que tan rápido lo hará y cuáles serán las consecuencias?
La respuesta honesta (y habrán de
pasar varios meses o más para tener un recuento completo de lo que ocurrió en
esta elección) es que las incógnitas son más grandes que las respuestas. Y,
citando al ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, las “incógnitas que
aún no conocemos” podrían ser las más importantes de todas.
Comencemos por establecer lo que
ya sabemos:
·
La oposición a los acuerdos
comerciales en la forma en que han sido realizados durante muchas décadas fue
una parte central de la plataforma de Donald Trump. Él fue más explícito y
detallado con respecto a este enfoque del comercio que sobre casi cualquier
otro tema. Y dicha oposición fue muy importante para su victoria en esta
elección. Todos los estados que le dieron la ventaja (Pennsylvania, Michigan,
Ohio, Wisconsin y Carolina del Norte) han sido golpeados fuertemente por la
competencia comercial. De acuerdo con las encuestas de salida, una amplia
franja de los votantes de esos estados pensaban que los acuerdos comerciales les
habían costado empleos.
·
El Acuerdo Transpacífico (ATP) ha
muerto. Estas negociaciones megarregionales en las que participarían Estados
Unidos, Japón y otros 10 países de la Cuenca del Pacífico fueron apoyadas por
los gobiernos de George W. Bush y Obama. Trump denunció el acuerdo
durante su campaña, señalándolo como “otro desastre realizado e impulsado por
intereses especiales que desean violar a nuestro país”.El ATP ya
enfrentaba una creciente oposición el Congreso, y el aliado republicano de Trump,
el senador Jeff Sessions de Alabama advirtió que habría “sangre en el
piso” si el Congreso impulsa el acuerdoen la sesión después de la
elección.
·
China, México y otros países que
tienen grandes superávits comerciales con Estados Unidos se encontrarán bajo
una creciente presión ejercida por el nuevo gobierno. En la visión del mundo de
regateo de suma cero de Trump, que exhibió con mucha frecuencia en su campaña,
los balances comerciales son como un marcador deportivo, y en las partes en las
que Estados Unidos está “perdiendo”, él querrá comenzar a “ganar”.
·
Habrá al menos una presión
simbólica para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC)
con Canadá y México, un acuerdo que Trump calificó repetidamente durante la
campaña como “el peor acuerdo comercial jamás negociado”.
Pasemos ahora a las incógnitas:
·
¿Qué es lo que el presidente Trump
desea con respecto al comercio? Durante su campaña, dejó claro que quiere
utilizar la amenaza de la venganza comercial (imponer aranceles a las importaciones
de China y México, por ejemplo) como elemento de negociación para lograr
mejores acuerdos. Pero nunca ha dicho qué es lo que quiere realmente que China
o México hagan en esa área. Por ejemplo, cuando el presidente Ronald Reagan
impuso altos aranceles a las importaciones de semiconductores japoneses en 1986,
el objetivo era evidente: obligar a Japón a comenzar a adquirir más microchips
fabricados en Estados Unidos (y como escribo en mi nuevo libro, tuvo un gran
éxito al hacerlo). En tanto no sepamos más acerca de lo que Trump desea de los
socios comerciales de Estados Unidos, será difícil realizar cualquier
evaluación de las consecuencias.
·
¿Qué mecanismos utilizará?Si opera
dentro del espíritu de las reglas bajo el TLC o la Organización Mundial de
Comercio (OMC), todos los remedios serán lentos, inciertos y requerirán el
empleo de una gran cantidad de tiempo. Podría presentar nuevas demandas contra
China ante la OMC, por ejemplo, con respecto a sus subsidios a las acereras o
su discriminación contra las empresas tecnológicas estadounidenses, pero dichas
demandas tardarán años en resolverse. En forma alternativa, podría utilizar los
poderes ejecutivos tan expansivos que mencionó recientemente Gary Hufbauer del Instituto Peterson para imponer penalizaciones
comerciales a otros países y esperar a que estos pongan en tela de juicio
dichas medidas ante la OMC o en las cortes estadounidenses. Como escribe
Hufbauer, es indiscutible que el presidente Trump tendría los poderes
ejecutivos para poner en práctica la mayoría de sus amenazas en el área
comercial, incluida la imposición de aranceles a las importaciones provenientes
de China y México.
Las “incógnitas desconocidas”:
·
¿Cómo responderán los socios
comerciales de Estados Unidos? ¿Negociarán con el presidente Trump al enfrentar
amenazas de venganza comercial que serían ilegales según la OMC y el TLC?
México podría hacerlo, mientras que es casi seguro que China no. China tiene
una larga historia de retribuciones ojo por ojo ante cualquier restricción
comercial. Mientras que los medios de comunicación hacen un uso terriblemente
excesivo del espectro de una “guerra comercial”, en la que los países aumentan
recíprocamente los aranceles, esta es una posibilidad real si Trump cumple sus
amenazas.
·
¿Otros países se alejarán de
Estados Unidos en futuros acuerdos comerciales? Ahora que el Acuerdo
Transpacífico ha muerto, muchos países de Asia recurrirán ahora a la Asociación
Económica Regional Integral (RCEP, por sus siglas en inglés), encabezada por China.
Como temía el presidente Barack Obama, China bien podría terminar escribiendo las
reglas del futuro comercial para Asia. En otras regiones, es posible que casi
cualquier otro posible socio comercial, con excepción del Reino Unido después
del Brexit, tenga muchas reservas para establecer un nuevo acuerdo comercial
con Estados Unidos.
·
¿Sobrevivirá la OMC? El sistema
comercial mundial, del que la OMC es el ancla, ya se encontraba bajo una
tensión tremenda. El fracaso de la Ronda de negociaciones de Doha ha creado una
creciente brecha entre el sistema vinculante de resolución de disputas de la
OMC y las reglas comerciales subyacentes que no han sido actualizadas en más de
dos décadas. Trump ha amenazado con sacar a Estados Unidos de la OMC, pero aún
si no llega a esos extremos, la OMC ya ha perdido a su más poderoso defensor,
Estados Unidos.
·
El impacto en la política exterior.
El comercio ha sido una poderosa herramienta para la diplomacia estadounidense,
así como una manera de impulsar reformas económicas en todo el mundo. El
crecimiento de las oportunidades comerciales ha ayudado a sacar a millones de
personas de la pobreza durante las últimas décadas. Sin el estímulo del mercado
estadounidense, la política exterior del gobierno de Trump tendrá una mano
atada a la espalda. Para el nuevo presidente electo, que
ha bosquejado una visión más nacionalista e interna del lugar de Estados Unidos
en el mundo que cualquier otro presidente de los tiempos modernos, esto podría
no ser un problema. Pero para la estabilidad y la prosperidad del mundo,
ciertamente lo será.
Edward Alden es
miembro Bernard L. Schwartz de alto rango del Consejo de Relaciones Exteriores.
Este artículo apareció por primera vez en el sitio web del Consejo de Relaciones Exteriores.
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Publicado en colaboración con Newsweek / Published in colaboration with Newsweek