Despertar cuando aún es de noche afecta la salud

Con el
cambio de horario surge el consabido debate del reloj biológico de las personas
y cómo influye el uso de la luz. Un estudio realizado en Melbourne, Australia,
explica que despertarse antes de que
salga el sol puede producir lo que se conoce como ‘jet lag social’. Nada
que ver con el cambio de hora al viajar grandes distancias; es el nombre que se
le da a los efectos que tiene el cambiar el ritmo natural del sueño, como
ocurre cuando la gente se despierta antes de salir el sol. 

No es algo sin
importancia, según la investigación puede ser el causante de desequilibrios
hormonales y en parte responsable de aumentar el riesgo de enfermedades del
corazón, accidentes cerebro vasculares, diabetes y depresión.

Rafael del Río, neurofisiólogo del Hospital Vithas
Nuestra Señora de América, en Madrid, dice que el término de ‘jet lag social’ abarca el impacto que
tiene sobre el ciclo sueño-vigilia la presencia de estímulos persistentes que no respetan los impulsos naturales del sueño o
la vigilia, como son la luz y la oscuridad”. El efecto más fuerte, según
del Río, es “la presencia de luz intensa y actividad social e intelectual a
horas inadecuadas o discrepantes con las del ciclo luz-oscuridad natural”; es
decir, estar activos por el día y descansar por la noche.

Por su
parte, la también neurofisióloga Inmaculada López, del Hospital Universitario
Rey Juan Carlos, en Madrid, añade que el jet lag social es “una falta de sincronización entre el reloj
corporal y el modo de vida”. Señala que es muy común la exposición a luz
intensa durante la noche (pantallas y dispositivos electrónicos) que mantienen a
las personas activadas, y, “en general, por la tendencia a retrasar el horario
de ocio y de vida social, dando lugar a una falta de sueño acumulada durante la
semana”.

Más
allá de la flojera que supone empezar el día cuando aún no ha salido el sol, lo
que el jet lag social provoca es “la privación crónica de sueño, uno de los
factores que marcan la mala salud del sueño de la población, que tiene graves
consecuencias cardiometabólicas y psiquiátricas, entre otras”.

La
idea que defiende el estudio de Melbourne es que despertar antes de que salga el sol desequilibra los niveles de
melatonina y cortisol, lo que también desequilibra el ritmo biológico. Del
Río apunta que “la luz que entra por los ojos está directamente conectada con
las estructuras del cerebro que regulan el ciclo internamente; privarnos de la
luz de la mañana dificulta al sistema mantenerse en la hora que le corresponde
y se modifican el resto de los ritmos circadianos, como la secreción de
melatonina o el cortisol (entre otros muchos), que tienen un ritmo muy
marcado”. La doctora López aclara que “con la luz se inhibe la secreción de
melatonina, que es la hormona que ayuda a dormir, y por la mañana aumentan los
niveles de cortisol, que es la hormona del despertar, la que aporta energía”.