La independencia de México en los sueños de un irlandés

POCOS SABEMOS DE ÉL. Me atrevería a decir que ningún libro de
educación primaria en México menciona su nombre, y que quienes
se asoman por la ventanilla de entrada a la Columna de la Independencia en la Ciudad de México, por lo general se siguen de largo al
no ver en él a una cara conocida, simplemente es la estatua de un
hombre atado a un madero. Pero lo cierto es que Guillén de Lampart
fue, quizás, el primer símbolo de la Independencia de México con
respecto a España.

Nació en Wexford, Irlanda, en 1611. Su familia le transmitió
sentimientos de rebelión contra la ocupación inglesa protestante de
Irlanda, pues era hijo y nieto de revolucionarios irlandeses. Lampart viajó a Dublín donde estudió retórica y latín, y tiempo después
arribó a Londres para aprender matemáticas y griego para luego
concluir sus estudios en España.

Antes de llegar a este país fue capturado por piratas y tuvo
que pasar dos años con ellos, pero lejos de sentirse amenazado
los convirtió al catolicismo con tal de salvarlos, puesto que les dijo
que si llegaban a España como protestantes probablemente no
vivirían para contarlo.

En suelo español trató de convencer al rey de apoyar la rebelión de Irlanda para separarse de Inglaterra, hecho que ocurriría
en 1649, lo cual demuestra que Lampart estaba sumamente adelantado a su época.

Al cumplir 29 años se embarcó hacia la Nueva España. Cuando
llegó, este joven de formación jesuita fue testigo de las arbitrariedades que sufrían los indígenas y negros a manos de los españoles y
criollos. Recordó su propia experiencia en Irlanda cuando los ingleses prohibieron el catolicismo y despojaron a los habitantes de sus
tierras. Lampart hizo un símil entre lo que España era para México
y lo que Inglaterra era para Irlanda: ambos invasores en busca de
dominación sobre territorios que no les pertenecían.

Se cambió de nombre, comenzó a acercarse a la población indígena y esclava como Guillén de Lombardo. Observó las condiciones
en las que trabajaban en las minas y labraban el campo, y no sólo
cuestionó la legitimidad de los europeos al regir sobre Mesoamérica, sino que indignado por el trato a los indígenas se dio a la tarea
de liberarlos.

En un inicio asesoró a varios de ellos para que elaboraran sus
demandas y recuperaran sus tierras. Después se hizo pasar por

hijo natural de Felipe III con el objetivo de gobernar la Colonia y
pensó que una vez instalado en el poder estaría en condiciones de
liberar a los subyugados.

Escribió cartas a personajes destacados de la época compartiéndoles su malestar por la denigración de la que eran víctimas los locales, con quienes incluso llegó a compartir ritos tradicionales como
el consumo del peyote; sin embargo, cometió el error de confiar sus
delicados planes al capitán Felipe Méndez Ortiz, quien acudió a los
juzgados de la Inquisición a delatarlo el 26 de octubre de 1642.

En su denuncia, Méndez argumentó que Lampart utilizaba el
peyote –prohibido por la Santa Inquisición– y que atentaba contra
la fe católica por medios ilícitos. Incluso llegó a aseverar que el irlandés había pactado con el propio diablo.

La Inquisición ordenó su captura de inmediato. Todos los documentos que Lampart tenía en su casa se trasladaron al Santo Oficio
para probar su culpabilidad y ¡vaya que encontraron material para
acusarlo de conspirador y hereje!

Había papeles que detallaban planes que involucraban a su país
natal, tales como unaPropuesta al Rey Felipe IV para la liberación
de Irlanda, documento entregado por la nobleza irlandesa al duque
de Olivares en el que los rebeldes ofrecían a la corona de Castilla hacer de Irlanda un protectorado autónomo.

También se halló unaProclama insurreccional para la Nueva
Españaque proponía emancipar a los indios y esclavos y declarar la
separación del Imperio español. En pocas palabras Lampart pretendía independizar a México a 168 años de que el cura Miguel Hidalgo
y Costilla llamara a las armas al pueblo de Dolores, Guanajuato, para
iniciar el movimiento de Independencia.

Otro documento encontrado fue elPregón de los justos juicios
de Dios, que castigue a quien lo quitare, el cual años después se
convertiría en el estandarte de su última lucha.

Con todos esos documentos fue sencillo enviar a Lampart a los
calabozos donde se encontraban los criminales más peligrosos. Aunque clamaba su inocencia, lo único que consiguió fue que lo amordazaran durante varios días, de manera que no tuvo más opción que
callar para sobrevivir en la cárcel si bien los barrotes de las celdas no
lograron aprisionar el espíritu revolucionario del irlandés.

Pasó ocho años en prisión, de 1642 a 1650. Durante todo ese
tiempo escribió cientos de páginas en las que abogaba por su defensa, e hizo textos misceláneos, poemas de ocasión y dos obras extensas:Regio Salteriocompuesta por 900 salmos y 17 himnos en latín, y
Cristiano Desagravio. Para escribir, conseguía como podía telas para
plasmar sus ideas y se valía de lo que tenía a su alrededor: restos de
ceniza y cacao como tinta, y plumas de gallina como bolígrafo.

En silencio, día tras día, Lampart se fue preparando para dejar el
cautiverio y poner en marcha su visión de una Nueva España sin las
directrices de la Corona del viejo continente. Fue así que el 25 de diciembre de 1650 escapó junto con su compañero de celda Diego Pinto.

Ya libre se dedicó a colocar suPregón de los justos juiciosen
lugares públicos con el fin de denunciar a sus verdugos y hasta logró
colocarlo en la Catedral de México y en la Cámara del Virrey.

Llegó hasta San Lorenzo de los Negros, lugar que hoy conocemos como Yanga, Veracruz, cuya población estaba conformada por
esclavos negros fugitivos llamados “cimarrones”. Ahí terminó su
fuga pues a los pocos días fue reaprehendido y reingresado en la
cárcel, pero en esa ocasión la Inquisición ya no quiso correr el riesgo
de que se volviera a escapar y Lampart fue sentenciado a morir en la
hoguera en 1659.

Su última hazaña fue convencer a los inquisidores de que redactaría una disculpa pública mostrando arrepentimiento de sus
“pecados” al escapar; los inquisidores aceptaron darle tinta y papel,
pero lo que hizo el irlandés fue redactar su defensa contra los cargos
que se le imputaron y aun intentó demostrar que no había cometido
pecado alguno.

Dado que sabía que todo lo que se escribía en la cárcel era enviado
a la Suprema de Toledo, Lampart esperó a que la Inquisición en España

se enterara de lo que hacía la Inquisición mexicana y lo liberaran; pero
los jueces archivaron el escrito y el texto jamás llegó a su destino.

El día fatídico en que el revolucionario irlandés debía enfrentar la hoguera, como último recurso se suicidó con las cuerdas
que lo sujetaban.

La historia nacional no le ha hecho justicia a este precursor de
la Independencia de México, un irlandés que sentó las bases para
desafiar a una de las instituciones de mayor poder en la Colonia: la
Santa Inquisición. Guillén de Lampart construyó los cimientos para
la separación de la Corona española; anhelaba un territorio donde
la nobleza indígena estuviera a la par de la española y donde los
esclavos fueran libres y existiera igualdad de oportunidades para
los conquistados.

Los escritos originales de la querella de este hombre que
inspiró al periodista neoyorquino –también de origen irlandés–
Johnston McCulley a crear al mítico personaje conocido como el
Zorro,se encuentran en el ramo “Inquisición” del Archivo General
de la Nación.

Asimismo, algunos de los documentos del irlandés descansan
en la Biblioteca Cervantina ubicada en el tercer nivel del edificio de
Rectoría del Campus Monterrey del Tecnológico de Monterrey.

La historia de México no se puede contar completa si no se hace
mención de Guillén de Lampart, un irlandés que soñó con la igualdad entre los individuos que habitaban la Nueva España.

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