El karoshi cobra víctimas desde hace
cuatro décadas, cuando un saludable hombre de 29 años sufrió una apoplejía –la suspensión
súbita de algunas funciones cerebrales, debida a hemorragia, obstrucción o
compresión de una arteria del cerebro– luego de acumular turnos de trabajo en
el departamento de distribución de uno de los periódicos más grandes del país.
Para que cuente como un caso de
karoshi la víctima tiene que haber trabajado más de 100 horas extras en el mes anterior a su muerte, u 80 en dos o más
meses consecutivos de los últimos seis.
Parece una leyenda urbana, pero el karoshi
es un fenómeno social reconocido en Japón desde 1987, cuando el Ministerio de
Salud empezó a recopilar estadísticas. Al principio, las cifras oficiales
reportaban un par de cientos de casos cada año, en 2015 el número de víctimas alcanzaba 2 mil 310, según el Ministerio
del Trabajo.
De acuerdo con el Consejo Nacional en Defensa de las
Victimas de Karoshi, la verdadera cifra alcanza 10 mil muertes anuales, más o
menos el número de personas que fallecen cada año en accidentes de tránsito. Es,
de hecho, un asunto de salud pública.
Está tan extendido que si un juez determina que
alguien murió por karoshi, su familia
recibe una compensación de unos 20 mil dólares por parte del gobierno, y pagos
de hasta 1.6 millones por parte de la compañía que lo empleaba.
De acuerdo con las investigaciones de un grupo de
científicos en relación a los hábitos y la salud de más de 600 mil personas, determinaron
que los que trabajan 55 horas a la semana tienen un tercio más de probabilidad
de sufrir un infarto que aquellos que trabajan menos de 40 horas. No saben la
razón precisa, los autores especulan que el problema podría ser simplemente estar sentado por largos periodos
frente al escritorio; es decir, cumplir la jornada y algo más.
El ranking mundial de trabajar horas extras lo
encabeza México; hasta hace poco tiempo los japoneses eran los campeones, pero desde
2015 les ganan los mexicanos y los estadounidenses. Como consecuencia, el
karoshi ya no es un drama
exclusivamente japonés. En China, por ejemplo, mueren al día unas mil 600
personas por guolaosi, que es como se conoce a la muerte por exceso
de trabajo en ese país.
Todo parece apuntar a que la causa está en el tiempo que pasas en la oficina. En muchos
países, parte del problema no es la
cultura de trabajar duro, sino la necesidad de aparentar que lo estás haciendo.
“Hacer ver que llegas temprano y eres de los últimos en irte, aunque este
comportamiento sea improductivo”, comenta Cary Cooper, un experto en manejo del
estrés, de la Universidad de Lancaster, Reino Unido.
En Japón –y en otros sitios del mundo– muchos
empleados jóvenes se sienten incómodos si se van de la oficina antes que sus
jefes. Prefieren quedarse al final, actualizando el perfil en redes sociales o
explorando en internet, solo para hacer creer que la jornada es más larga.