Hijo de un hombre de negocios y de una pianista,
Orson Welles fue un niño prodigio que comenzó su carrera a los 16 años en el
Gate Theatre de Dublín, y cinco después (1936) debutó como actor y director en
Nueva York.
Cuando Orson se desarrollaba en el teatro
alcanzó notoriedad con montajes shakespearianos como Macbeth
–íntegramente representada por actores negros– y Julio César,
producidos por la Mercury Theatre, compañía fundada por el propio Welles y su
socio John Houseman en 1937.
La versión radiofónica de La guerra de los mundos (Herbert
George Wells) que hizo Orson cuando apenas tenía 23 años, fue tan
realista que miles de oyentes entraron en pánico convencidos de que en realidad
sí se estaba produciendo una invasión de extraterrestres. Con semejante éxito
como aval, firmó con la productora RKO un contrato que le otorgaba total
libertad creativa, circunstancia que aprovechó hasta el límite en su primer
filme, Ciudadano Kane (1941).
Esta película es considerada como una de las obras más significativas de
la historia del cine; se trata de una biografía imaginaria del magnate de la
prensa William Randolph Hearst, que protagoniza el propio Welles, además de coautor
del guión en colaboración con Herman J. Mankiewicz. En opinión de los expertos
es un trabajo medular para sentar las bases del nuevo lenguaje narrativo
cinematográfico. En pocas palabras: la obra
maestra de Orson Wells y una de las mejores películas de todos los tiempos.
Entre sus muchos proyectos, Welles produjo y
dirigió películas como El cuarto mandamiento (1942), su segundo filme y
el único de los que no apareció como actor, sufrió considerables recortes de la
productora, final feliz incluido; La dama de Sanghai (1947), un thriller protagonizado por Rita
Hayworth, entonces su esposa; Macbeth
(1948); Otello (1952), filme
cuyo caótico rodaje se prolongó durante tres años y que, pese a haber sido
galardonado con la Palma de Oro del Festival de Cannes, representó un fracaso
comercial; Touch
of Evil (1958), El proceso (1962),
versión de la novela homónima de Franz Kafka, y F for Fake (1975).
Murió el 10 de octubre de 1985 en Los Ángeles,
California, de un ataque cardíaco. Su fama creció más después de esa fecha, y
ahora es considerado uno de los más grandes directores de cine y teatro del
siglo XX.