El origen del Día Mundial de la Sonrisa

En 1999, Harvey Ball impulsó la idea
de celebrar cada primer viernes de octubre el Día de la sonrisa. Por cierto,
Ball tenía cierta autoridad en el tema: fue el creador de la Smiley Face (carita feliz), que los 70 era mejor conocida como Happy Face.

Harvey Ball era diseñador gráfico, se le
contrató en 1963 para que hiciera un logo, gráfico o emblema para apoyar la
campaña que había lanzado una compañía de seguros entre sus empleados,
motivándolos a sonreír en todo momento.

La actitud era importante; la State Mutual Life
Insurance había adquirido a Guarantee Mutual Company y buscaban crear un
ambiente propicio para la productividad.

Llamaron a Ball, al que le tomó 10 minutos crear
la famosa carita sonriente por la que cobró 45 dólares. Se hicieron botones con
la sonrisa impresa en fondo amarillo, y los empleados aplicados la portaron en
la solapa.

Pocos años después, y como el diseño de Ball
nunca se registró, Bernard y Murray Spain, de
Filadelfia, empezaron a producir sus propios botones, además de poner la carita
sonriente en camisetas y calcomanías. Se calcula que en 1972 se vendieron
alrededor de 50 millones de botones con la carita sonriente. Ellos sí hicieron
dinero con la sonrisa.

Hace 30 años, varios físicos de la Universidad
Carnegie Mellon discutían sobre cómo poder expresar de forma sencilla la
felicidad que pudieran sentir. Tras crear los códigos textuales para lo que hoy
se conoce como emoticones, la carita feliz volvió a cobrar fuerza.

En 2001 falleció el diseñador, y en su
honor se estableció la Harvey Ball World Smile Foundation. A partir de
ese año la fundación es patrocinadora del Día Mundial de la Sonrisa; cada año
se recaudan fondos para obras de caridad, se fomenta la alegría y buenas obras
en todo el mundo.