Quiere someterse al primer trasplante de cabeza en la historia

Valery
Spiridonov está haciendo una apuesta donde a simple vista tiene todo para
perder, sabe que
será una suerte de conejillo de Indias en un procedimiento quirúrgico de
extrema peligrosidad, en el que decenas
de médicos deben cumplir cada paso sin margen de error, desde la
anestesia inicial hasta el fin de la operación, 36 horas después.

Es consciente de que, para que todo
vaya bien, su cabeza y el cuerpo del donante no deben rechazarse mutuamente, y
que tendrá que superar un mes en
coma y un año de fisioterapia. También entiende que deberá superar el
impacto psicológico y social de vivir con un cuerpo ajeno, de ser lo que
algunos considerarán como el monstruo
de Frankenstein del siglo XXI.

“Tengo 31 años y la mayor parte de
mi vida, de hecho, desde que tengo uso de razón, he vivido con mi diagnóstico: atrofia Werdnig-Hoffmann”, la forma
más grave de la atrofia muscular espinal, una enfermedad degenerativa rara que
se manifiesta en los primeros meses de vida y provoca dificultades para
moverse, comer, tragar e incluso respirar.

De niño Spiridonov ya entendía que
su diagnóstico era irreversible y permanente. Es ingeniero y dirige una compañía de desarrollo de software con
especial énfasis en materiales educativos. Es uno de los creadores de la
fundación Desire for Life (Deseo de
vivir), centrada en conectar grupos de investigación que desarrollen
tecnologías médicas y de rehabilitación innovadoras. Es activista de los derechos
de las personas con discapacidades y miembro de la Cámara de Diputados en su
ciudad natal, Vladimir, ubicada 200 kilómetros al este de Moscú.

En la década de los 70, el cirujano
estadounidense Robert White pasó a
la historia por realizar con éxito trasplantes de cabeza en monos.
Con sólo 10 o 12 años, Spiridonov leyó sobre los experimentos de White: “Para
mí el reemplazo completo y total
de todas las partes del cuerpo que no funcionaban sonaba interesante y lógico”.

White luchó hasta su muerte en 2010
para conseguir financiación para estas investigaciones tan alabadas como
criticadas. El principal sucesor de White es un excéntrico neurocirujano
italiano de 51 años llamado Sergio Canavero, que se autodenomina Doctor
Frankenstein.

Se trata de un especialista que en
2013 hizo pública su intención de realizar el primer trasplante de cabeza en
humanos. Spiridonov se puso en contacto con Canavero y su equipo internacional
de médicos y consiguió ser el primero en la lista de conejillos de Indias. Dependiendo
de dónde se realice la operación, el
trasplante de cabeza podrá costar entre diez10 y quince millones de
dólares.

“Antes de que me presentara como
voluntario, Canavero era visto como un doctor monstruoso que proponía cosas
extraordinarias e incomprensibles; yo fui la cara humana que proyecto precisaba
para adquirir un contexto realista”, dice el ruso.

El dinero
es uno de los mayores inconvenientes para el ruso; si no llega a recaudar la cantidad necesaria, podría
perder su número uno en la lista en favor de un paciente chino, que es probable
que el gobierno de China financia el proyecto. Según Canavero, su equipo podría estar listo para
operar a fines de 2017.

Son 36 horas de operación
planificadas por Canavero. Lo primero es encontrar el cuerpo de un donante que
sea compatible con Spiridonov. “Sólo quiero un cuerpo un poco más saludable que
el actual. Creo que el resto se puede ajustar con ejercicio y nutrición”.

Una vez anestesiado, lo importante para mantener vivo el cerebro
de Spiridonov es bombearle a bajas temperaturas la mayor cantidad de
fluidos posible. El cuerpo del donante, por su parte, debe estar sentado en el
momento de la decapitación, posición en la que permanecerá aún después del
trasplante. Los médicos deben cortarles
las médulas espinales a ambos al mismo tiempo e inmediatamente proceder a la
unión contrarreloj de todos los tejidos, nervios y demás entre el cuerpo
de uno y la cabeza del otro.

A pesar de todo, Spiridonov
se siente optimista. Ya sabe qué hará si todo sale bien: “Hacerle el amor de
forma apasionada a mi novia. Montarme en una moto deportiva y andar por
carreteras que bordeen el mar. Tener una familia e hijos.Una
vida normal
”.