Cuatro años invirtieron Matthew y Mark McLachlan,
hermanos inventores, para crear un dado con interruptores, rueditas y botones
que no activan nada. El objetivo del adminículo es simple: satisfacer la
compulsiva necesidad de pulsar, girar, apretar o hacer clic sin parar, sólo por
el placer de hacerlo.
Cuando estuvieron satisfechos del prototipo, registraron
este gadget analógico, al que bautizaron
Fidget Cube (Fidget significa movimientos nerviosos), en el sitio web
Kickstarted, página de micromecenazgo para proyectos creativos. La sorpresa que
se llevaron los jóvenes inventores es que llevan 5.2 millones de dólares recabados,
cuando su meta era conseguir 15 mil dólares.
Los hermanos McLachlan sabían que repitiendo funciones
sencillas, como la de encender, mover o girar botones, se consigue mejorar la
concentración y reducir el estrés, y sobre esa premisa elaboraron su diseño.
Para diseñar el aparato a los McLachlan les bastó
detenerse a ver qué hacían con las manos mientras trataban de idear la mejor
forma –literal– de conseguir el novedoso dispositivo. Y se descubrieron
apretando sin parar el botón del bolígrafo o moviendo un pie con insistencia,
algo que es muy común en las personas cuando traen muy ocupada la mente, o la
fabulosa solución –a lo que sea– a punto de aparecer.
Ante las evidencias, los hermanos se propusieron
descubrir cómo utilizar la tecnología de una manera simple para sacarle el
máximo provecho a los efectos positivos que tiene toquetear cosas mientras las personas
están concentradas en otras tareas.
Según un estudio de los psicólogos Roland Rotz y Sarah
Wright, de la Universidad de California, publicado en 2015, señala que si en lo
que se está ocupado no es lo suficientemente interesante como para mantener
toda la atención, estímulos motores adicionales –apretar un botón– permiten que
el cerebro se enfoque por completo y que la concentración se mantenga en la
actividad principal.
Los psicólogos creen que manipular cosas distrae a la
parte del cerebro que está aburrida e incentiva a las áreas principales para
que centren en lo que se lee, escucha o ve. Esta “atención flotante” podría ser
un rasgo evolutivo que data de los tiempos prehistóricos, cuando la habilidad
de concentrarse 100% en una sola tarea no era lo más deseable; abstraerse
en un objetivo podía poner en peligro la vida del cazador que, concentrado en
encontrar una presa, no fuera capaz de darse cuenta de que le estaban acechando
tras los arbustos.
Varias investigaciones demuestran una correlación
importante entre trabajar con las manos y un incremento de la memoria y la
creatividad. Un estudio reciente señala que escribir a mano –en lugar de
teclear en la computadora– ayuda a procesar y retener la información con mayor
eficiencia, y en un estudio anterior se comprobó que dejar que los niños
jugaran con un gadget parecido al Fidget Cube en clase, aprendían más rápido
que aquellos a los que no. A jugar, pues.