Amani Mohamed Fadil, quien volvía a su casa llevando a
su hermano, un bebé de brazos, fue víctima de la furia natural de un leopardo,
mascota de un vecino, que había escapado de una granja en una localidad ubicada
a las afueras de El Cairo, donde vivía con su dueño, informa la cadena de
televisión saudí Al Arabiya.
El animal, fiel a sus instintos, atacó por el cuello a
la niña, de forma repentina, sigilosa. Por fortuna, en medio de la desgracia,
no alcanzó a hacerle daño al hermanito porque residentes de la localidad trataron
de detener al animal lanzándole piedras. No lo lograron del todo, pero sí lo necesario para que
no siguiera con el bebé. El leopardo huyo a su “hogar”, y las autoridades lo
siguieron y ahí le dispararon.
Amani no murió de inmediato, ni en el lugar donde el animal
la agredió, alcanzó a llegar al hospital, y tras varios intentos por salvar la
vida de la pequeña, falleció.
El dueño del animal ha sido detenido y se ha abierto
una investigación en su contra. Reconoció que el animal era suyo, que lo tenía
como mascota.
No es la primera vez que ocurren accidentes al tener
animales salvajes rondando por ahí, como si fueran los mejores amigos de los
dueños. Hace unos años, en 2011, un agricultor en Sudáfrica fue asesinado por
un hipopótamo que suponía su compañero fiel.
Mario Els, de 41
años, fue encontrado sin vida sumergido en un estanque en su propiedad. El
hombre murió a causa de los mordiscos de Humphrey, con el que se suponía que
tenían una juguetona relación. Els declaró en varias ocasiones que Humphrey era
“como un hijo para él”. Meses antes de la muerte de Els, Humphrey atacó también
a un abuelo y su nieto quienes salvaron de milagro, ayudados por Mario.
Es común que hombres
que se rodean de animales salvajes se sientan seguros por un tiempo en su
compañía, hasta que el animal inevitablemente los ataca y sólo algunos tienen
la suerte de poder contarlo.