Para nadie es un secreto que no es la violencia la que registra
incremento exponencial, lo que en realidad sucede es que ahora cualquiera con
su teléfono celular puede grabar y retrasmitir en las redes sociales al
instante lo que se encuentre por ahí, llámese un lindo perrito haciendo
gracias, o el asesinato de un tipo cuyo crimen fue que se le descompusiera la
camioneta, y que la policía que llegara a averiguar qué pasaba le soltara un
tiro.
Si
bien es cierto que los medios de comunicación tradicionales han mostrado
imágenes gráficas y videos horribles, como algunos ataques terroristas o la
golpiza propinada a Rodney King en 1991, no es comparable con la violación de
una adolescente en Ohio o un suicidio en Francia, por ejemplo.
El
contacto con la violencia a través de cualquier medio provoca lo que se conoce
como trauma vicario, y puede ser –para ciertas personas– más sobrecogedor que
una experiencia inmediata. Existen razones para sospechar que el impacto
emocional de imágenes fuertes en las redes sociales o de las noticias
provenientes de internet es distinto, y quizá más duradero, que el de las
anteriores fuentes de comunicación.
En un
estudio publicado en 2013 en la revista PNAS
se compararon los síntomas de estrés agudo de las personas que vivieron la
explosión en el Maratón de Boston (ahí presentes, de algún familiar o amigo
cercano que lo haya vivido) y los que sólo estuvieron expuestos a través de los
medios; las personas expuestas a seis o más horas diarias de noticias
relacionadas con el ataque desarrollaron niveles más altos de estrés agudo que
quienes estuvieron expuestos in situ.
La
investigación sostiene que la exposición directa a un trauma colectivo termina
cuando el clímax del evento pasa, mientras que los medios mantienen activo el
estrés agudo y lo reviven en la mente de las personas, una y otra vez. “La
exposición mediática repetida puede contribuir al desarrollo de trastornos
relacionados con el trauma y prolonga o exacerba los síntomas agudos”.
Estos
hallazgos no establecían diferencias entre los tipos de medios de comunicación.
En un trabajo presentado en la conferencia anual de 2015 de la Sociedad
Británica de Psicología, Pam Ramsden, de la Universidad de Bradford, encontró
que casi un cuarto de los participantes que vieron imágenes y videos de sucesos
noticiosos inquietantes en las redes sociales –los del 11 de septiembre,
tiroteos en escuelas, ataques suicidas con bombas– reportaron síntomas que
coinciden clínicamente con los del trastorno de estrés postraumático.
Ramsden
señaló que la principal diferencia entre las noticias tradicionales y las de
las redes sociales, es que las últimas “han permitido que el público vea
historias violentas e imágenes gráficas con terribles detalles que no fueron
editados”.
Los
jóvenes evitan la televisión y los medios impresos, y eligen internet –a menudo
por las redes sociales– como su única exposición a las noticias. Los primeros
hacen labor de edición y avisan de la violencia de las imágenes a trasmitir, mientras
que tales medidas se ignoran con frecuencia en la red, en especial cuando las
transmiten individuos y emisoras no muy establecidas.
Además,
y sobre todo, consumir noticias en internet –a diferencia de hacerlo en medios
impresos o la televisión– brinda acceso constante; la puerta está abierta para sumergirse
a tope en el suceso más catastrófico del momento, como lo demuestra el estudio
sobre el Maratón de Boston.
Si el
asesinato de Kennedy sucediera hoy, no se examinaría la grabación única y de
baja definición de Zapruder, habría una gran cantidad de videos tomados en
teléfonos inteligentes desde todos los ángulos, y miles de tuits escritos por
testigos oculares.