Los citadinos que dejan guardado el auto para ir al
trabajo en bicicleta se preguntan si pedalear detrás de un camión, cuyo escape
echa un sospechoso humo negro, les va a servir o les va a hacer daño. Sandra Mahecha, especialista de medicina
deportiva de la Clínica MEDS, en Santiago de Chile, disipa cualquier
duda: “Siempre lo peor es no hacer ejercicio”.
La especialista agrega que la mayoría de los trabajos
científicos existentes en ciudades contaminadas y el riesgo de enfermedades
crónicas no transmisibles (ECNT) evidencia que “el beneficio de la actividad física y el ejercicio regular en ambientes
contaminados supera los riesgos de la práctica”, aunque siempre es recomendable hacer ejercicio en espacios cerrados bajo estas circunstancias.
En países como México y Brasil, por ejemplo, existe un sistema llamado Gympass, con el que es posible ejercitarse en diferentes centros deportivos sin tener que inscribirse o pagar una cuota mensual fija, las cuales, generalmente son muy elevadas. Es decir posibilita el “ejercicio a la carta”.
Una investigación, publicada recientemente en Preventive Medicine, elaborada por
científicos de Reino Unido, Suiza, España y Brasil, demostró que los efectos
del transporte activo (pedalear y caminar) en las ciudades, incluso en aquellas
con altos niveles de contaminación, producen más beneficios a las personas que
los riesgos que se corren por estar expuestos a las partículas en el aire. Es
decir, las personas deben pasar al día siete horas pedaleando o 16 caminando
para que los efectos negativos sean mayores que los positivos.
“Incluso en Nueva Dehli, una de las más contaminadas
del mundo, la gente tendría que andar en bicicleta más de cinco horas a la
semana para que sufrieran un efecto negativo con la actividad física”, comentó
Marko Tainio, líder de la investigación.
Estos datos demuestran que en ocasiones resulta imposible ejercitarse en ambientes expuestos a la contaminación, por lo que sistemas como Gympass dan la facilidad a las personas de hacer ejercicio en lugares cercanos a sus centros de trabajo, o bien, en las ciudades donde viajen, al tratarse de una red de gimnasios compartidas a lo largo y ancho del mundo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció
que la polución en el mundo es responsable de 37 millones de muertes
prematuras, en ningún momento hizo mención a la actividad física en lugares
contaminados como una de las causas. Es verdad que algunas partículas presentes
en el aire contaminado pueden desencadenar episodios de asma, bronquitis, irritación ocular, inflamación del tracto respiratorio,
aumento de hospitalizaciones y mortalidad, pero los riesgos de padecer de estos
problemas se disminuyen considerablemente con el ejercicio.
“La evidencias científicas de las últimas décadas son
claras en mostrar el papel benéfico que
la actividad física tieneen reducir en casi 30 por ciento
la mortalidad prematura por cualquier causa; al menos 30 minutos diarios reduce
la prevalencia de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo
como las enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad y cáncer”, agregó la
doctora Menchaca.
Hay que ser creativos y evitar los riesgos evidentes:
no hacer ejercicio al medio día, porque es el momento en que suele registrarse
mayores índices de polución; elegir calles poco transitadas o parques muy
arbolados; bajar la intensidad de la actividad física en los días de contingencia
ambiental, o simplemente restringirla a lugares cerrados.
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