Los miembros de la familia Nishiyama
Onsen Keiunkan, en Kyoto, Japón, llevan 52 generaciones aplicados en el manejo de
su hotel de aguas termales, que lleva su nombre. Los años pasan y la vocación de anfitriones no
mengua ni se modifica; fieles todo el tiempo a hacer lo que tan bien les sale,
que es recibir a los huéspedes. Guinness lo tiene inscrito en su famoso libro
de récords como el establecimiento hotelero más antiguo en funcionamiento.
Los Nishiyama Onsen Keiunkan han ampliado
el espacio del establecimiento, sin variar la intención primaria: ofrecer al
visitante las comodidades que les caracterizan y las aguas termales. Son conscientes
y atentos de las necesidades de los clientes por lo que se han empeñado en
mantener siempre al día las instalaciones, lo que se aprecia en los baños
recién reformados que bombean más de mil litros de agua calentada de forma
natural por minuto.
Los dueños han hecho un bueno
trabajo; por un lado han sabido conservar el estilo histórico, y llevar bien
puesto el título del hotel más antiguo en funciones, sin dejar de lado los
aires modernizadores, hasta conseguir un resultado que les permite ostentar con
orgullo las cuatro estrellas con las que se cataloga su establecimiento.
Son claras las fronteras entre lo
que sí se ha hecho y lo que perdura; las habitaciones cuentan con suelo de
estera y tatami, y no hay acceso a Internet. Es decir, los visitantes se ven
obligados a disfrutar del tranquilo entorno. Y en tanta paz, tienen a la mano
la carne Koshu de la más alta calidad en el restaurante del hotel, así como
participar en la cultura japonesa con algún karaoke.
El plato fuerte, desde hace más de
mil años, son las aguas termales naturales, en un escenario que quita el
aliento; rodeados de impresionantes montañas y barrancos que logran que la
experiencia trascienda lo meramente físico para elevarse a otro nivel.
Fundado originalmente en el año 705 después
de Cristo por Fujiwara Mahito, hijo de un asistente del 38 emperador de Japón,
el hotel ha recibido desde samuráis y shogun, políticos y artistas, pasando por
cualquier matiz que imagine la mente; son siglos de servicio amable y de buena
calidad.