En un comunicado de prensa del 26 de agosto pasado,
Facebook notificó de un cambio en su política de clasificar y ponderar noticias
en el muro de sus usuarios, con el fin de atacar el vicio del clickbait,
o lo que es lo mismo, titulares llamativos que ponen algunas páginas web para
atraer a potenciales lectores, que en el contenido no cumple lo que prometen.
Todo suena muy bien, la situación en realidad es menos
amable. Facebook eliminó de su esquema a 26 trabajadores; los últimos editores
humanos que quedaban. La responsabilidad de clasificar las noticias ahora la
desempeñan algoritmos diseñados para ese fin. Hay que precisar, la red social
no produce noticias ni tiene un departamento de redacción, lo que sí sucede es que
sus decisiones impactan la forma en la que se consume información, porque los
usuarios acceden a ellas por su muro.
La compañía de Mark Zuckerberg explicó que la decisión
se tomó en función de los gustos y perfiles de las interacciones de los
usuarios. Es decir, el algoritmo tomará en cuenta qué tan popular es un tema o
una nota entre la comunidad a la que pertenezca el consumidor y, con base en las
interacciones, las noticias aparecerán más arriba o abajo en su timeline.
La polémica empezó cuando las notas que aparecían
entre lo más visto, eran falsas; se colocaron en los primeros lugares de
popularidad de Facebook al tener un alto grado de interacciones y ser
compartidas por un público muy amplio.
Según la empresa, sus programas “aprenden” de los
editores humanos y por eso ahora pueden tomar decisiones. Las notas falsas
o satíricas que se hacen pasar por verdaderas fueron retiradas, y no lo ha
hecho un algoritmo sino un humano. “Alguien” de Facebook desempeñó la labor de
editor. No han dicho todavía si se volverán a contratar a los editores que
dejaron ir.
Para entender un poco más. Hace poco apareció la famosa
foto de la niña desnuda huyendo de un ataque de napalm, durante la Guerra de
Vietnam, censurada. La imagen, subida por un periódico noruego, violaba las
políticas que “prohíben mostrar desnudos infantiles”. Los directivos del AftenPosten,
el diario involucrado, reclamaron en una carta abierta a Zuckerberg que
rectificara la acción que había tomado y advirtió de los peligros de que el
filtro sea un programa complejo en lugar de un ser humano.
La empresa, antes de ceder, señaló que “no eran
un medio” y que por lo tanto, las críticas en su contra eran infundadas. En
respuesta, publicaciones como The Guardian o personalidades del sector como
Emily Bell, directora de la Universidad de Periodismo de Columbia, una de las
más prestigiosas en el mundo, exigieron que la red social se tome en serio su
papel, no de medio, sino de “distribuidor” de información.