Con el inicio de los XV Juegos Paralímpicos de verano, los primeros en sudamérica, el próximo 7 de septiembre la llama olímpica volverá a arder en Río de Janeiro, Brasil, y con ello, el país enfrentará un reto financiero en busca del fervor popular.
A tres semanas de haber concluído los polémicos Juegos Olímpicos en Río, la Cidade Maravilhosa enfrenta una dura resaca en plena crisis política y económica, no obstante, recibirá hasta el 18 de septiembre a más de 4,300 deportistas discapacitados procedentes de 161 naciones, todos listos para luchar en los estadios para hacer olvidar sus minusvalías.
Las competencias incluirán futbol para ciegos, atletismo, rugby y voleibol en silla de ruedas, natación, esgrima o equitación, un total de 22 deportes que formarán parte del programa de esta edición, dos más que hace cuatro años, con la entrada del canotaje y el triatlón. Además de la participación histórica de un equipo de refugiados compuesto por un atleta iraní y un nadador sirio.
Una de las principales dificultades que tendrá que enfrentar Río es el poco interés anunciado para la cita paralímpica, en paralelo a la reciente destitución de su presidenta, Dilma Rousseff.
Pero la más radical es el reto financiero que implicarán los juegos, ya que para costear los imprevistos durante la veraniega olímpica, que incluyó reparaciones en los apartamentos de los atletas, limpieza de la piscina que se hizo verde, entre otros, el Comité Olímpico Internacional (COI) echó mano del presupuesto global de Río 2016, esperaba que los ingresos redujeran el déficit, sin embargo, la débil venta de entradas para los Paralímpicos y la falta de patrocinadores no lo permitió.
Apenas 1.4 millones de entradas habían sido vendidas hasta el viernes pasado, sobre un total de 2.5 millones, una cifra en “clara progresión”, según informó a la AFP el Comité Paralímpico Internacional (CPI).
La ciudad de Río ofreció cerca de 46 millones de dólares y el gobierno brasileño otros 30.7 millones de dólares a través de patrocinios de empresas públicas. Cifras que parecen insuficientes para Comité organizador, que denunció una “situación inédita” y adelantó recortes en el presupuesto: ceremonias de apertura y clausura más modestas, servicios de transporte reducidos o instalaciones polivalentes para reducir los gastos de funcionamiento.
Por otro lado, Brasil deberá superar a Gran Bretaña, cuna del paralimpismo, país que en 2012 elevó el nivel al organizar unos Juegos récord y sin fallos, con competiciones disputadas ante el ánimo del público y las entradas casi agotadas.
En contraste, la estrella indiscutible de Londres, el corredor sudafricano Oscar Pistorius, no participará en esta edición de los paralímpicos, pues cumple una condena en prisión, luego de haber sido culpable del asesinato de su novia Reeva Steenkamp, en 2013.