Tarifas comerciales de Trump no traerán los empleos de vuelta a EE UU

Una narrativa común que oímos en los medios noticiosos es que Donald Trump se ha vuelto popular al aprovechar el sentimiento anticomercial entre los trabajadores de cuello azul “en el lado perdedor de la globalización comercial”.

Las premisas básicas de esta narrativa son que (1) el comercio ha afectado a un segmento grande de la población de EE UU y (2) esas personas votarán por Trump.

Pero ninguna de estas premisas es cierta.

La narrativa ha sido alimentada por un ensayo publicado previamente este año por el economista David Autor, David Dorn y Gordon Hanson titulado “La sacudida de China: Aprender del ajuste al mercado laboral hasta grandes cambios en el comercio”. El ensayo ha recibido mucha atención de gente en ambos bandos del debate de política comercial.

El hallazgo clave del ensayo se resume mejor con esta oración de la sinopsis: “A nivel nacional, el empleo ha disminuido en las industrias de EE UU más expuestas a la competencia importadora, como se esperaba, pero las alzas de empleo compensadoras en otras industrias todavía no se materializan”.

La idea es que el comercio con China ha sido tan perturbador que mucha gente quien perdió su empleo a causa del aumento en importaciones de China no ha sido capaz de hallar trabajo.

La semana pasada,The Wall Street Journal publicó un artículo largo ligando la imagen presentada en el ensayo de Autor et al. Con el “desencanto por la globalización” y finalmente el apoyo a Donald Trump.

Lo que sucedió con las importaciones chinas es un ejemplo de cuánto la creencia popular sobre la economía que dominó a finales de la década de 1990, incluido el papel del comercio, la tecnología y la banca central, se ha desenredado lentamente desde entonces.

Las réplicas siembran un disgusto político profundo en este año de elecciones. El desencanto por la globalización ha alimentado una de las temporadas políticas menos convencionales en la historia moderna, con Bernie Sanders y en especial Donald Trump aprovechando el poderoso sentimiento contra el libre comercio.

Es entendible que los periodistas se sientan atraídos por la idea de que el ascenso de Trump encaje en tramas más amplias de cambio y desigualdad económicos. Pero hay cierta cantidad de razones por las cuales la narrativa no tiene sentido.

Para empezar, el comercio no es el principal eje impulsor detrás de la disminución en el empleo fabril, la cual empezó en 1979, mucho antes de que China se convirtiera en un importante socio comercial de EE UU. Parte de la caída se debe al comercio, pero la gran mayoría se debe a las mejoras tecnológicas que han permitido una mayor eficiencia y automatización.

Por ello es que aun cuando el empleo fabril ha disminuido, la producción fabril ha seguido aumentando y ahora está en un máximo histórico.

También, a muchos de los lugares donde una disminución en el empleo fabril puede ligarse a la competencia de importaciones chinas en realidad les está yendo muy bien económicamente. Si a algunos lugares afectados por el comercio les va bien y a otros les va mal, eso nos debería dar una pista de que el comercio (u otros ejes impulsores de la destrucción y el crecimiento creativos) no es en sí responsable de la incapacidad de una comunidad de amortiguar la sacudida económica.

Mi colega Scott Lincicome ha hecho un trabajo excelente en explicar cómo la “sacudida de China” en realidad es una historia sobre la falta de dinamismo laboral en la economía de EE UU. Las políticas de gobierno, muchas de las cuales difieren de un estado a otro, pueden impactar significativamente en la posibilidad de que la gente encuentre un trabajo nuevo después de que su labor se volvió obsoleta.

Las políticas que reducen el dinamismo en el mercado laboral —leyes de salario mínimo, concesión ocupacional proteccionista, varios impuestos y regulaciones— les dificultan más a las empresas y los trabajadores el emparejarse después de una perturbación económica.

Entonces, la primera premisa de la narrativa —que el comercio es responsable de la caída económica en muchas comunidades estadounidenses— es falsa.

Pero tal vez la gente apoya a Trump porque culpan falsamente al comercio de sus problemas. Un estudio nuevo que usó amplia información de sondeos de Gallup hace pedazos esa teoría. Como reporta elWashington Post:

Los apuros económicos y la ansiedad en el Estados Unidos blanco de clase obrera se han convertido en una explicación ampliamente discutida del éxito de Donald Trump. Parece tener sentido. Los partidarios más fervorosos de Trump tienden a ser hombres blancos sin grados universitarios.

Este mismo grupo ha sufrido económicamente en nuestro mundo cada vez más globalizado, conforme las máquinas han remplazado a los trabajadores en las fábricas y el trabajo se ha pasado al extranjero. Trump ha prometido reducir el comercio y otras cosas percibidas como amenazas a los trabajadores estadounidenses, incluidos los inmigrantes.

Pero un nuevo análisis importante de Gallup, basado en 87,000 entrevistas que la compañía encuestadora hizo durante el año pasado, sugiere que esta narrativa no está completa.

Según este análisis nuevo, quienes ven favorablemente a Trump no han sido afectados desproporcionadamente por el comercio exterior o la inmigración, en comparación con la gente con opiniones desfavorables del candidato presidencial republicano. Los resultados sugieren que sus partidarios, en promedio, no tienen ingresos más bajos que otros estadounidenses, tampoco tienen más probabilidades de estar desempleados.

El estudio halló que aun cuando los partidarios de Trump tal vez vivan en los tipos de lugares que la gente considera afectados por el comercio, esos partidarios personalmente gozan de un rendimiento económico por encima del promedio. Así, la segunda premisa de la narrativa —que los problemas económicos de la gente la ha llevado a apoyar a Trump— también parece ser falsa.

Recapitulemos:

El sector fabril de EE UU está pujante. El empleo fabril ha seguido disminuyendo, porque EE UU tiene una economía moderna y desarrollada en la que se hacen más cosas como nunca antes usando menos manos de obra y la gente tiene mejores opciones de empleo que trabajar en una fábrica.

Sin embargo, conforme desaparecen los empleos fabriles (debido principalmente a un aumento en la automatización), algunas personas han batallado para encontrar trabajos nuevos (debido a varias realidades económicas y políticas no relacionadas con el comercio.)

El análisis de Gallup muestra que este grupo de personas no es, en todo caso, el grupo demográfico más representado entre los partidarios de Trump.

Entonces, persiste la pregunta: “¿Por qué Trump ha sido capaz de ganar apoyo al culpar falsamente al comercio con China de una caída económica que sus partidarios no han padecido?”

El análisis de Gallup tiene una teoría interesante basada en su información:

La evidencia está a favor de que la teoría del contacto es muy clara. El aislamiento racial y la falta de exposición a inmigrantes hispánicos aumenta la posibilidad de apoyo a Trump. A la par, el apoyo a Trump cae cuando aumenta la exposición al comercio y la inmigración, que es lo opuesto de la relación predicha.

La idea es que los partidarios de Trump se oponen al comercio y la inmigración, no porque hayan tenido malas experiencias con ellos, sino porque tienen muy poca experiencia con ellos.

Vale la pena recordar que, aun cuando Donald Trump ha sido particularmente vociferante en su condena al comercio, no hay nada especialmente nuevo en la disposición del público a creer cualquier retórica contra el comercio durante una elección o que los políticos se aprovechen de ello.

Los políticos son excelentes en desviar la culpa de sus propias políticas fallidas hacia la gente o las instituciones en que los votantes ya desconfían. Estos pueden ser extranjeros (en especial los gobiernos extranjeros) o corporaciones (en especial las corporaciones multinacionales).

El éxito del mensaje anticomercial de Trump posiblemente se deba a su disposición a aprovecharse de algo de la desconfianza de la gente en cosas que le son extrañas. Él tendrá el mayor éxito entre la gente para quien el comercio y la inmigración le son en su mayoría extraños. Mucho de lo mismo puede decirse sobre la popularidad del tipo de golpeteo populista al comercio del senador Bernie Sanders entre la izquierda anticorporativista.

Tratar de ligar el apoyo al comercio a factores económicos lleva a malos resultados, porque todos los estadounidenses se benefician inmensamente del comercio abierto. El comercio ha hecho más ricos a los partidarios de Donald Trump, y gravar las importaciones en aras de un nacionalismo económico no les ayudará, incluso si solían trabajar en una fábrica.

Este artículo se publicó primero en el sitio del Instituto Cato.

K. William Watson es un analista de política comercial del Centro Herbert A. Stiefel de estudios en Política Comercial del Instituto Cato.