Los delincuentes dedicados al robo de hidrocarburos partieron el negocio ilícito en Hidalgo en dos, impidiendo interferirse en esta millonaria actividad ilegal en la que participan profesionales y conocedores de oficios. Incluso, hasta rentan por horas las tomas clandestinas.
Los resultados de una investigación interinstitucional, –a la que permitieron el acceso a Criterio sólo vía lectura–, pormenorizan el modus operandi de los huachicoleros, como se denomina a los saqueadores de combustible en la red de mil 217 kilómetros de ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) en la entidad.
El proceso delictivo se encuentra dividido por etapas, las cuales consideran desde la planeación, perforación y extracción hasta la venta y renta del hidrocarburo ordeñado.
La zona de Mixquiahuala divide al estado en dos grandes zonas, mismas que consideran el paso de redes de ductos de combustibles líquidos y gaseosos, propios para la industria.
La zona de Tula-Tepeji es más compleja por la telaraña de ductos de distintos calibres y contenidos, mientras que la red procedente de Puebla, que entra a Hidalgo por la zona de Cuautepec, está considerada como la más desprotegida porque existen grandes distancias descubiertas y sin vigilancia, señala la investigación.
En la primera fase se encuentran considerados exempleados o jubilados de la empresa productiva del Estado de las áreas de ingeniería, pailería, soldadura y áreas de ventas, quienes aportan mano de obra calificada en esta cadena delictiva.
La contratación de los técnicos para realizar la perforación de la tubería e implantación de válvulas regularmente se realiza en Poza Rica, Veracruz, donde el contratante paga 95 mil pesos por cada toma y gastos de traslado, así como hospedaje y comida.
Por 15 mil pesos, extrabajadores de Pemex marcan los ductos de acuerdo con el producto que llevan dentro, según las pesquisas.
Entre los casos citados se encuentran los grupos enviados a perforar para extraer el combustible, trasladarlo y venderlo por cuenta propia a grandes empresas con quemadores, o al menudeo, en pequeñas tiendas de zonas de la serranía: Cardonal y Chapulhuacán, por ejemplo.
Hay otros que perforan para rentar las tomas por hora o día a grupos delincuenciales, la mayor parte del Estado de México, quienes obtienen hasta 15 mil pesos por hora. Y ellos se encargan de pagar cochupos con las policías o autoridades comunales.
La investigación, fechada en diciembre de 2015, advierte del recrudecimiento de los ataques a las redes en este año, ante la poca participación de la policía estatal y cierta complicidad de los municipales, que omiten los delitos a cambio de bidones como pago.