Antonio Armstrong, quien fuera jugador de los Delfines de Miami, fue asesinado junto a su esposa, por el hijo de ambos, un joven de 16 años de edad.
Los primeros reportes sobre su muerte indican que fueron atacados en su domicilio localizado en Houston, Texas, durante la noche.
Armstrong llegó muy grave al hospital
con un fuerte golpe en la cabeza, no pudo resistir mucho tiempo y murió en el
lugar. Su esposa Dawn murió en el lugar del ataque.
La pareja tenía tres hijos. Los dos hermanos del presunto asesino, menores que él y que dormían en un cuarto contiguo al momento del ataque, no fueron atacados.
Los vecinos, conmocionados por el doble homicidio, declararon a la prensa que se trataba de una familia
que no presentaba problemas, aparentes o dignos de recordarse.
“Él era un pastor de una iglesia en esta
área. Un hombre muy bueno. Según su familia, la madre también era una gran
mamá”, comentó Jimmy Dodson, un detective de la ciudad de Houston.
La prima de Dawn, Vaun Lee, se mostró incrédula al conocer la noticia: “No les hacía falta nada a sus hijos, nunca
habían sido desatendidos, nada que pueda justificar esta situación”.
Scott Binkley, un amigo de la familia, declaró a su vez estar completamente sorprendido: “Eran personas fantásticas. No tengo idea porque les está pasando esto a ellos”, dijo.
Armstrong fue un linebacker de Texas A&M que llegó a la NFL en el Draft de 1995. Los Delfines lo reclutaron en la sexta ronda.
Antonio formó parte del equipo de prácticas de Miami, San Francisco y los Rams, para después emigrar al football de Canadá para jugar con los BC Lions y los Blue Bombers de Winnipeg, equipo con el que se retiró en 2001.