Las deportaciones masivas de ciudadanos centroamericanos que han orquestado los gobiernos de México y Estados Unidos no han frenado el flujo migratorio y, junto a la falta de mecanismos para brindar asilo a las personas que huyen “de la pobreza endémica y la violencia epidémica”, han alimentado una crisis humanitaria y fortalecido a distintos grupos delincuenciales, convirtiendo a gran parte de Centroamérica “en un campo de batalla criminal”, plantea un informe de International Crisis Group presentado este día.
El informe “Presa fácil: violencia criminal y migración de Centroamérica” refiere que el aumento de las autoridades desplazadas en México ha desviado a los migrantes indocumentados hacia caminos “más costosos, tortuosos y peligrosos”.
El reporte indica que son las bandas criminales y los funcionarios corruptos resultan los únicos beneficiarios “de una política que obliga a las personas desesperadas a pagar sumas cada vez mayores para evitar la detención, la extorsión o el secuestro”.
“El fortalecimiento del control fronterizo inadvertidamente alimenta el contrabando humano y fortalece a las bandas criminales que controlan cada vez más esa industria. Los gobiernos deben garantizar a aquellos que huyen de la violencia la oportunidad de solicitar asilo mediante procedimientos justos, eficientes”, refiere el reporte la organización internacional.
International Crisis Group insta a los líderes de América Central, especialmente a los de El Salvador, Guatemala y Honduras, a atender con mayor eficacia la inseguridad crónica, a la par que vigilar y asisten a los deportados, especialmente a los niños y adolescentes, “aquellos que no tienen una diferente distinta que huir de nuevo”.
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El informe indica que la crisis humanitaria de 2014, cuando el gobierno de los Estados Unidos se esforzó para hacer frente a una oleada de inmigrantes sin papeles, especialmente de niños no acompañados, nunca fue resuelta.
“Fue simplemente un empujón hacia el sur. En el año fiscal 2015, México regresó aa 166,000 centroamericanos, incluyendo a unos 30,000 niños y adolescentes, mientras que los EE.UU. deportó más de 75,000. Sin embargo, la capacidad del gobierno de México para controlar el flujo de inmigrantes y refugiados está llegando a su límite”, planeta el documento.
La organización refiere que muchos migrantes ven a México como un lugar de destino, y no sólo como un país que cruzan en su tránsito a los EE.UU. Precisa que precisamente las peticiones de asilo a este país se han más que duplicado, forzando la capacidad para procesarlas de manera justa y eficiente.
“Aunque la tasa de aceptación se ha incrementado en 2016, sigue siendo insuficiente para proteger a los hombres, mujeres y niños cuyas vidas y medios de vida están amenazados por los delincuentes que dominan muchas comunidades empobrecidas”, dice el reporte.
Menciona que los migrantes de México y del triángulo norte de la región de América Central (NTCA) han huido de la pobreza para buscar una vida mejor en el extranjero mediante el envío de remesas a sus hogares que son una fuente importante de ingresos y un apoyo esencial para las economías de sus países de origen.
Sin embargo, explica el informe, México y los EE.UU. tratan a lo que hoy es en gran parte una crisis de refugiados impulsada por la violencia como si todavía fuera solamente un problema de migración económica.
“Muchas víctimas hoy por la privación económica y la exclusión social también se enfrentan a la persecución de los grupos delictivos organizados, desde las bandas de barrio hasta los narcotraficantes transnacionales”, plantea.

Son los jóvenes los que son más vulnerables a la violencia. Foto: Cuartoscuro.
International Crisis Group indica que el desplazamiento forzado es cada vez más generalizado, “mientras la violencia alcanza niveles de guerra civil” con alrededor de 150,000 personas muertas en la región del triángulo del Norte de América Central desde el año 2006. Estas cifras implican un promedio de más de 50 homicidios por cada 100,000, más del triple de la tasa en México y más de diez veces la media de EE.UU..
La investigación señala que son los jóvenes los que son más vulnerables a la violencia, ya que pueden ser perpetradores o víctimas de la misma. Aunque también quedan indefensos ante la trata de personas con fines sexuales.
El documento expone no obstante que México no puede cargar con el problema de los refugiados solo. Habla sobre la necesidad de un genuino intercambio regional de responsabilidad: “Guatemala también debe proporcionar una mejor seguridad y refugio a las personas en tránsito y combatir la trata de personas. Los EE.UU. debe intensificar el apoyo legal, económico, médico y psicosocial para las agencias internacionales, instituciones gubernamentales y organizaciones no gubernamentales locales que trabajan con refugiados”.
Dice que a pesar de la hostilidad descarada de algunos sectores políticos a la migración desde América Central y México, se debe explorar la manera llevar a más refugiados, especialmente a los niños, directamente a los EE.UU., para evitarles un viaje peligroso, y considerar parar temporalmente las deportaciones de jóvenes que corren el riesgo de convertirse en víctimas o miembros de las bandas.
“Erigiendo más barreras y obligando a los migrantes y refugiados a ocultarse ha exacerbado la crisis humanitaria, y fortalecido las redes ilegales que han convertido gran parte de Centroamérica en un campo de batalla criminal”, concluye el documento.