En la alberca de Río 2016, más que una atleta competirá un sueño. Hagul y su familia dejaron Libia cuando
ella era una niña; en Malta, su nueva residencia, comenzó a nadar a los 4 años
y para los 12 ya estaba en competencias.
último campeonato internacional de Qatar, el Comité Olímpico de Libia la
contactó para que aceptara representar al país en Río, sin embargo, no tenían
dinero para pagarle sus gastos.
Los papás de Hagul hicieron una colecta con
una organización y lograron conseguir 7,700 dólares, apenas para lo mínimo, como el transporte.
Después de los Juegos Olímpicos, Hagul quiere
estudiar arquitectura y espera servir de ejemplo para los niños de su
país, aunque está consciente que el territorio es conflictivo y muchos de ellos
no podrán conocer su historia tan fácilmente.
“Mucha sangre, sudor y lágrimas se han ido
para que ella pueda competir, así que todo ha valido la pena”, dijo la mamá de
Hagul al Libya Herald al respecto.