Miles
de personas están convencidas de que no despiertan por completo hasta después
de tomar la primera taza de café. En lo que todavía no hay consenso es si ayuda
o perjudica la salud. La American Heart Association señala que son
contradictorios los resultados de las investigaciones de cardiopatías por causa
del café. La Organización Mundial de la Salud (OMS), que por años clasificó el
café como ‘posiblemente’ carcinógeno, hace poco dijo ‘que siempre no’; argumenta que la evidencia de un vínculo entre
el cáncer y el café es ‘inadecuada’.
Ahmed
el Sohemy, profesor de la Universidad de Toronto, anotó desde hace diez años que
la investigación sobre el café no arrojaba resultados contundentes, y sí muy
variadas las maneras de reaccionar de las personas que lo tomaban; mientras
algunos con un par de tazas se alteran y se agitan, otros con la misma dosis
apenas y abren bien los ojos.
Sohemy
dedujo entonces que la relación entre el café y las cardiopatías también podría
variar de un individuo a otro, y se centró a estudiar un gen en particular, el
CYP1A2, responsable de controlar la enzima (también llamada CYP1A2) que
determina qué tan rápido el cuerpo procesa la cafeína.
Encontró
que una variante del gen provoca que el hígado metabolice la cafeína muy rápido,
y quienes heredan dos copias de la variante ‘rápida’ –de cada uno de sus padres–
metabolizan la cafeína alrededor de cuatro veces más rápido que los de las
personas que heredan una o más copias de la variedad lenta del gen.
Para
hacer experimentos más a profundidad, Sohemy
y sus colaboradores reclutaron a 4,000 adultos, la mitad con antecedentes de
infarto, y analizaron tanto los genes como el consumo de café de cada uno. Al
final encontraron que ingerir cuatro o más tazas de café al día se asociaba con
36% más de riesgo de infarto.
Sin
embargo, cuando separaron a los sujetos en dos grupos (metabolizadores de
cafeína rápidos y lentos) descubrieron que el consumo alto de café solo parecía
relacionarse con una probabilidad aumentada de infartos en los metabolizadores
lentos. “Cuando analizamos a los metabolizadores rápidos, vimos que no había
riesgo incrementado en lo absoluto”, señaló Sohemy. De hecho, quienes tomaban
de una a tres tazas de café al día tenían un riesgo muy reducido de padecer
infartos, lo que sugiere que para los metabolizadores rápidos el café tiene un
efecto protector.
Aún cuando los resultados apuntan a que el café
hace bien o mal según sean los genes de cada quien, un estudio realizado en
2015 por Marilyn Cornelis (profesora adjunta en la Facultad de Medicina de la
Universidad Feinberg del Noroeste) identificó ocho variedades genéticas que
parecen hacer que la gente sea más propensa a buscar café, incluyendo al menos
dos variedades involucradas en los efectos psicológicos de recompensa de la
cafeína.