Con
dos presidentes en Brasilia, la peor recesión económica del país en 80 años y
el estado de Río de Janeiro casi en quiebra, el ambiente en la primera ciudad
de Sudamérica que acogerá en tres semanas los Juegos Olímpicos no es de fiesta.
Bajo
el sol invernal de la playa de Copacabana, con clementes 23°C a media mañana,
un salvavidas observa escéptico el ajetreo de decenas de obreros que trabajan
día y noche en el estadio olímpico de voleibol de playa, aún inconcluso.
Los
problemas en torno a las obras de esta monumental estructura de caños metálicos
erguida sobre la arena, alta como un edificio de siete pisos, simbolizan el
desafío de organizar los Juegos Olímpicos en Rio, una ciudad tan caótica como
deslumbrante, donde la pobreza golpea en los ojos a todo momento.
Primero
las obras fueron suspendidas por falta de permisos ambientales. Luego las
fuertes olas dañaron la base de la estructura, por lo cual debió construirse un
muro de unos 300 metros de largo para protegerla. Pero el mar lo lame sin
cesar, y máquinas excavadoras lo encaran incansablemente. Después, el cuerpo descuartizado de una mujer fue hallado a
unos metros.
Para los miles que trabajan en las obras, la preocupación es otra: qué harán cuando tras los Juegos pasen a engrosar la lista de 11.4 millones de desempleados brasileños. “Después de los Juegos, solo Jesús sabe. Los políticos roban en Brasilia y nosotros pagamos el pato”, dijo Hermeson Oliveira, uno de los trabajadores de las obras.
Los
organizadores de Río 2016 auguran unos Juegos “increíbles” del 5 al
21 de agosto, cuando la ciudad reciba a más de 10 mil deportistas y medio
millón de turistas del mundo entero. Pero aún falta mucho por trabajo por
hacer.

FOTO: AFP
“Todo
me preocupa”
La
seguridad inquieta a muchos. Hasta un vehículo de la Fuerza Nacional, una
unidad policial de élite que protegerá los Juegos, fue atacado a tiros hace una
semana cuando transitaba por la Avenida Brasil, una de las principales arterias
de la ciudad.
Más
de 13 personas por día fueron asesinadas en el estado de Río de enero a mayo,
14 por ciento más que en el mismo periodo de 2015. Los asaltos y robos han
subido casi 25 por ciento. Y la brutalidad policial es un hecho: la policía de Río mató a
645 personas en 2015, y a más de 8 mil en una década.
Por
esto, el alcalde de Río está preocupado:
“Todo me preocupa y estoy atento a
todo”, dijo Eduardo Paes a la agencia AFP. “Los Juegos Olímpícos son un evento muy
complejo y muchas cosas pasan al mismo tiempo en la ciudad. Los problemas de
hoy no son los problemas de mañana y a veces son recurrentes, pero las cosas
avanzan en el buen sentido. Estoy seguro de que será una Olimpíada increíble”.
“El
metro será entregado el 1 de agosto. La limpieza de la Bahía de Guanabara es
uno de los pocos objetivos que no fue alcanzado. El Estado regional (y no la
alcaldía) debía descontaminarla en 80 por ciento y alcanzaron de 50 a 55 por ciento. No es lo
ideal pero avanzamos. En cuanto a la seguridad siempre dije que no tenía
inquietudes. Tenemos experiencia en la organización de grandes eventos. La
violencia es un problema de Río, no a causa de las Olimpíadas, sino porque la
ciudad es violenta y sigue siéndolo. Tengo prisa de que comiencen y prisa de
que terminen también, de llegar a la clausura en el Maracaná cuando el alcalde
entra en el gramado y devuelve la bandera, en este caso al alcalde de Tokio,
donde tendrán lugar los próximos Juegos. ¡Después me voy a tomar un
trago, escuchar samba y beber cerveza!”, dijo.
La
presencia de las fuerzas del orden durante los Juegos será tremenda: 85 mil policías y soldados patrullarán las calles, más del doble que en Londres 2012.
En cuanto a la posibilidad de un ataque terrorista, una inquietud en alza tras
los atentados de la organización Estado Islámico en Estambul, Bagdad y Dacca,
el gobierno la estima como mínima.
En
cuanto a los costos, Paes dijo que son unos Juegos Olímpicos baratos.
“”Hicimos cosas simples. Los JO de Río no tienen ningún estadio realizado
por grandes arquitectos de renombre internacional. Son arenas funcionales,
simples y bellas. Aquí, con el paisaje de la ciudad, no precisamos
construcciones grandiosas. Las arenas deben fundirse con el paisaje y no
hacerle competencia”.
“Cuando
fui electo alcalde (en 2008 y reelecto en 2012) y cuando fui elegido para
recibir los JO (en 2009), ni siquiera en mis más bellos sueños imaginé poder
hacer tantas transformaciones a la ciudad. Las Olimpiadas fueron un gran
catalizador de transformaciones: la red hotelera se duplicó, tenemos mejores
infraestructuras para recibir a los turistas, la ciudad es más internacional.
Se ha tornado una ciudad más justa donde las personas se desplazan más
fácilmente. Hubo muchas inversiones y ganó en calidad de vida, pero aún hay
grandes desafíos a superar. Si en los países del primer mundo las personas
siempre quieren más, imagine aquí donde hay problemas sociales y algunos
servicios funcionan mal”.
El
virus del zika, por su parte, transmitido por mosquitos y vinculado a malformaciones en
recién nacidos, preocupa más a atletas y
turistas que llegarán a Río munidos de repelente. Sin embargo, las autoridades
insisten en que el riesgo de contagio cae casi a cero en el invierno austral.
“Siempre
quise ser alcalde de Río”, concluye Paes. “Cuando termine tomaré un año
sabático, voy a desaparecer. No digo que no disputaré otras elecciones. Mi rol
como alcalde es entenderme bien con el gobernador de Río y con el presidente,
sea quien sea”.
“Bonito para los extranjeros”
“Los
Juegos Olímpicos absorben dinero que podría ser gastado para mejorar la vida de
la población de Río, en vez de invertir en maquillaje para que todo quede
bonito”, lamentó Felipe, un salvavidas de 32 años que vigila a los
bañistas frente al estadio olímpico y no quiso dar su apellido a la agencia AFP.
“Sería
bonito si viviésemos en otra realidad. Pero la realidad es que falta mucho por
hacer, falta inversión para que jóvenes de las periferias puedan tener un
futuro mejor. Y mientras, se gobierna para una élite que vive en la zona sur,
en Barra (da Tijuca, donde está situado el cuartel general de los Juegos), para
que esto quede higienizado, sin pobres, bonito para los extranjeros”,
insistió el salvavidas, que está recibiendo su salario en cuotas porque las
arcas públicas están vacías.
Entre
el malestar por la crisis, el veredicto del juicio de destitución de la
suspendida presidenta Dilma Rousseff previsto apenas después del fin de los
Juegos y la impopularidad del presidente interino Michel Temer, nuevas
protestas pueden surgir.
“Certificado
de muerte olímpico: aquí yace Rio de Janeiro”, leía el cartel de un
manifestante en una protesta de profesores que la semana pasada exigía el pago
de sueldos atrasados y que terminó en el enfrentamiento de un grupo de
infiltrados con la policía.