Neurólogo
por la Universidad de Standford, Tony Wyss-Coray impulsa el primer ensayo con
pacientes de Alzhéimer para probar los efectos rejuvenecedores del plasma de
voluntarios jóvenes. Parte de una pregunta: si el análisis de
sangre convencional refleja de manera indirecta la salud de otros órganos:
riñones, hígado, corazón, entonces ¿por qué no también del cerebro?
Hace
cinco años, Tony Wyss-Coray comenzó a investigar los efectos del envejecimiento
en el cerebro. Buscó remedios a la degeneración neurológica que llega con la
edad y que a menudo desemboca en Alzhéimer, cuya incidencia se espera que se
triplique en 40 años.
Pronto
se topó con la misma barrera que muchos otros expertos en su campo: no se puede
obtener tejido cerebral de una persona viva, hay que esperar hasta que muere,
lo que impide seguir los cambios moleculares que hacen al encéfalo más
vulnerable a la pérdida de memoria y las enfermedades como Alzhéimer o Párkinson.
Y
es así, dándose de topes en el mismo obstáculo que todos, que decidi estudiar
la sangre en busca de las diferencias entre un organismo joven y otro viejo. Es
fácil darse cuenta: de joven, llegas a un centro comercial y mientras buscas
dónde estacionar el auto vas escuchando música, hablando con un amigo, pensando
en qué quieres comprar. Al volver sabes dónde está el coche casi de forma
inmediata. Con los años, al llegar a dejar el auto hay que mirar con cuidado
alrededor, fijar una memoria del sitio
(tal poste, tal árbol, tal número), a fin de que lo encuentres cuando
termines las compras.
Varios
grupos de investigación independientes han hecho transfusiones de sangre de
ratones jóvenes a otros de edad avanzada; ven beneficios en los músculos y también
en casi cualquier otro órgano que se analiza: corazón, hígado, páncreas, hasta
el pelaje recupera su vigor. El grupo de Wyss-Coray muestra que también hay
efectos notables en el cerebro.
Wyss-Coray
ha probado la capacidad de memorización con ratones de laboratorio en un
laberinto en el que deben orientarse. “Si le damos sangre joven a un ratón
viejo, vuelve a funcionar mejor. Muchos de ellos lo hacen tan bien como los
jóvenes. Hay algo en la sangre joven que puede reactivar estos procesos”,
explica el neurólogo, joven él.