Las FARC ya no reciben miembros y dejan de cobrar “impuestos”

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han dejado de recibir nuevos miembros en su organización y de cobrar “impuestos revolucionarios” en las zonas donde tienen presencia armada, informó su jefe máximo Timoleón Jiménez, conocido como “Timochenko”.

Jiménez explicó en entrevista con la Agencia Prensa Rural que en el marco los acuerdos de paz entre la guerrilla y el gobierno de Colombia se han llevado una serie de acciones que aún no han sido comunicadas al pueblo.

“Hace más de tres suspendimos el reclutamiento de hombres y mujeres para las filas de las FARC, y acabo de dar la orden, a todas las estructuras de las FARC, se suspendan los impuestos a toda la actividad económica legal que hay en las regiones, impuestos que le tenemos a los ganaderos, a las distintas fuentes de financiación, al gran comercio”, dijo “Timochenko”.

Timoleón Jiménez dijo que desde la FARC se consideró el momento de llevar a cabo estas acciones. Explicó que si no hizo antes, no fue por falta de voluntad, “sino porque nosotros tenemos que comer y no es la comida para una, dos o tres personas”.

“Son cientos, miles de guerrilleros, a quienes hay que garantizarles la comida, la ropa, la medicina que cuesta mucho más que la comida, y bueno, todo lo que necesita el ser humano en el día a día”, precisó.

Las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos negocian desde noviembre de 2012 en Cuba para poner fin a más de medio siglo de conflicto armado. En el marco de esos diálogos, el pasado 23 de junio las partes sellaron las condiciones del cese al fuego bilateral y la entrega de armas de los rebeldes, que se concretarán una vez firmada la paz.

Por avances como esos, que hacen vislumbrar la pronta firma de un acuerdo definitivo, el líder guerrillero dijo que había tomado las decisiones de acabar con el reclutamiento de nuevos rebeldes y el cobro de extorsiones.

“Creemos que ya falta poco, que con lo que tenemos ahí logramos llegar al final del acuerdo”, aseguró también “Timochenko”, quien durante la entrevista informó que ya pidió a sus hombres irse estudiando los acuerdos que han alcanzado hasta ahora con el gobierno de cara a una próxima conferencia guerrillera en la que los discutirán y aprobarán internamente.

Las FARC, surgidas en 1964 de una sublevación campesina, son la guerrilla más grande deColombia con unos 7000 combatientes, según cifras oficiales. Colombia vive un conflicto armado que ha enfrentado durante más de 50 años a guerrillas, paramilitares y agentes del Estado, dejando un saldo de alrededor de 260,000 muertos, 45,000 desaparecidos y 6.9 millones de desplazados.

“La guerra es terrible por el dolor humano, por eso nosotros no iniciamos la guerra que es algo muy importante y que siempre hay que tener como referente a la hora de hablar de este proceso”, refirió Timoleón Jiménez.

La paz también tiene que venir de debajo de la tierra

Alexander, con unas tenazas en la mano derecha y una barreta en la otra, remueve el musgo y la frondosa vegetación que crecen en la humedad antioqueña. Avanza despacio, recortando la cubierta vegetal centímetro a centímetro, en un carril de un metro de ancho. Debe retirar un metro de tierra para llegar al suelo original. Es un trabajo metódico, hay jornadas en las que sólo alcanza a retirar dos metros cuadrados. Maneja las tenazas de frente y desde abajo. La manera más segura para encontrar minas antipersonales sin hacerlas explotar. Si presionase una desde arriba, ya sea con su cuerpo o con las herramientas, saldría volando.

Pero Alexander tiene la parsimonia de quien ha sobrevivido a la muerte y a sí mismo. Con esas manos anchas y labradas con que ahora desentierra minas, antes las fabricaba y las sembraba. Armar una mina y sembrar una mina cuesta unos minutos y apenas cuatro dólares, desenterrarla ahora lleva varias semanas. Y vale miles de dólares.

Luego de 52 años, Colombia transita hacia la paz con el cese al fuego entre el gobierno y las FARC. El camino para lograrla, sin embargo, está aún plagado de minas antipersonas sembradas por los diferentes grupos armados, y costará décadas desaparecerlas. Estas bombas han arrojado un saldo de más de 11 000 víctimas. Newsweek en Español acompañó a un exguerrillero que cambió el fusil por el pico y la pala y constató que recuperar la normalidad va más allá de una mesa de negociaciones.