Reducidos a la opción de orinar

KEO YEUN señala con la cabeza dos varillas de metal, luego un pequeño agujero cercano, lleno de agua marrón. “No es magia”, dice, y encoge los hombros. “Estoy experimentando con agua para sobrevivir”.

Keo vive en una pequeña granja cerca del antiguo complejo de templos Angkor Wat en Camboya, y lo que hace es igual de venerable: radiestesia, o adivinar dónde hay agua, para ayudar a su familia a soportar la sequía más brutal en décadas en el sudeste de Asia.

Keo se pasea por su porción seca de tierra con las varillas sostenidas holgadamente en un extremo, cerca del pecho, esperando a que los extremos opuestos empiecen a separarse, indicando (espera él) la presencia de humedad. Cuando esto sucede, perfora el suelo en el punto indicado. Si encuentra agua —y Keo dice que a menudo lo hace—, la usará para sus cultivos. Hace dos semanas, explica, una organización no gubernamental coreana lo instruyó en el método. Sin embargo, no hay una ciencia real detrás de la radiestesia del agua, y la mayoría de los expertos no está convencida de que sea la respuesta a la crisis del agua en Asia. “Mi tía solía tenerle fe, pero no estoy seguro de que sea mejor que sólo perforar cinco agujeros”, dice Jeremy Bird, director general del Instituto Internacional para el Manejo del Agua (IWMI, por sus siglas en inglés). “Hallarás agua en muchos lugares, pero el punto principal es cuánto durará, y ningún adivino puede decirte eso”.

La situación es desesperada: la sequía de 2015-2016 ha afectado a casi 100 000 hogares en la Camboya rural, junto con muchos millones más de personas en países vecinos, incluido Vietnam. Un patrón especialmente fuerte del Niño que causó estragos alrededor del orbe provocó el clima extremo del año pasado, pero los científicos dicen que la región del Mekong en particular (incluidas partes de China, Camboya, Vietnam, Tailandia, Birmania y Laos) enfrenta un futuro incierto: temporadas de sequías más intensas, monzones más húmedos, inundaciones, tormentas y aumento en los niveles del mar. Está “entre las regiones más seriamente en peligro del planeta”, dice Virginia Burkett, la científica en jefe para el clima y cambio del uso de la tierra del Sondeo Geológico de Estados Unidos.

Aún más. El poderoso Mekong y sus alrededores enfrentan retos más allá del cambio climático. El río también ha visto una explosión de construcción de embalses, primero corriente arriba en China y, ahora, a lo largo de su recorrido, conforme los países batallan para aprovechar el poder del río para energía. El impacto potencial de los embalses todavía no se comprende. “Es difícil saber cómo y a qué grado el delta del Mekong puede mantenerse habitable o productivo en el futuro, pero con el ritmo actual del cambio climático y el desarrollo hidroeléctrico, será alterado más allá de lo reconocible”, dice Maureen Harris, directora en el sudeste de Asia del grupo de protección de ríos International Rivers. Estos cambios afectarán el flujo del río y los peces; los ríos menos hondos dificultan la supervivencia de los peces, y hay miedo a que los embalses de plano bloqueen las rutas migratorias, amenazando la supervivencia de gran cantidad de especies. Esto haría la vida mucho más difícil para los 60 millones de personas que viven en el área y dependen del Mekong para su agua, alimento y sustento.

Tampoco está del todo claro qué debería hacerse exactamente, en gran medida porque los expertos todavía no tienen siquiera la información más básica sobre la situación, dice Yasmin Siddiqi, la principal especialista en recursos acuíferos en la región para el Banco de Desarrollo Asiático. “Apenas hemos hecho algo de trabajo, y los hallazgos preliminares son que tres cuartos de esta región enfrentarán escasez de agua a menos de que tengamos un mejor manejo de ella”, explica. “Uno de los primeros pasos a tomar es empezar a medir cuánta agua se usa en realidad y por quién. Esto en verdad es un agujero negro para nosotros”.

El banco ha financiado un proyecto usando satélites para monitorear el uso del agua en países piloto, incluidos Vietnam y Camboya. A un nivel macro, el proyecto medirá el uso del agua en todo el país. Pero, dice Siddiqi, las implicaciones más excitantes están más localizadas. “Históricamente, no hemos sido capaces de medir cuánto arroz podemos cultivar con un metro cúbico de agua”, manifiesta. “Ahora, al usar la tecnología satelital, podemos empezar a ver las parcelas de granjeros individuales y ver a través de un sistema de irrigación qué granjero cultiva más con una unidad de agua. Luego podremos descifrar qué está haciendo diferente ese granjero y usarlo como una especie de agente de cambio para ayudarnos a trabajar con otros granjeros”. El impacto potencial es enorme: alrededor del 80 por ciento del agua usada en Asia se destina a agricultura, a menudo de manera ineficiente.

El monitoreo por satélite es ciencia moderna, pero muchas de las otras técnicas que ahora se promueven en la región para mejorar el uso del agua involucran giros a métodos tan antiguos como la radiestesia. Por ejemplo, cavar pozos para captar el exceso de agua durante las inundaciones puede reducir el impacto de la inundación y ahorrar agua para la temporada de sequía. Y hay algunas maneras simples de usar el agua con mayor eficiencia todo el año al considerar todos los aspectos del ciclo del agua, incluidos los desperdicios humanos, específicamente la orina. “Las aguas residuales son ricas en nutrientes y pueden producir alimento para peces”, dice Pay Drechsel, quien encabeza la recuperación de recursos para el IWMI. Drechsel trabaja en cierta cantidad de proyectos de mitigación climática que se centran alrededor de reciclar la orina humana. El más intrigante, explica, es implementar un sistema que utiliza lenteja de agua, una de las plantas de más rápido crecimiento en el mundo y una amante de la orina. Flota en la superficie y transforma los nutrientes de la orina, como nitrógeno y potasio, en proteína. Esto limpia el agua, y la planta crece para ser un valioso alimento para peces y otros animales.

Los peces podrían ser una clave para ayudar a la región a adaptarse. La Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos, que trabaja con el grupo de investigación sin fines de lucro WorldFish, ha gastado dos millones de dólares en Camboya ayudando a las comunidades a diversificarse de cultivar arroz a atrapar peces en sus arrozales cuando son inundados en la temporada de lluvias. Esto no es nada nuevo, pero las técnicas modernas usadas para mejorar los “estanques comunitarios de refugio para peces” —pequeños cuerpos de agua protegidos por la comunidad, diseñados para proveer santuarios a peces en arrozales incluso durante la temporada de sequía— incrementaron la biomasa de peces en 30 por ciento en dos años. Esa es una mejoría suficiente con la que los granjeros ahora pueden sobrevivir, si una inundación severa daña su cultivo, al atrapar peces.

En la región del delta del Mekong en Vietnam el arroz sigue reinando, y es aquí donde las innovaciones podrían dar lo que Bird, del IWMI, dice que es un cambio radical. Hasta hace poco, el área presumía condiciones perfectas, combinando temporadas de sequía largas y cálidas con temporadas de humedad que mantenían el arroz húmedo sin ahogarlo. Estos alrededores idóneos han ayudado a convertir Vietnam en uno de los tres principales exportadores de arroz en el mundo. Pero el cultivo atesorado ahora es amenazado por la sequía, la inundación y un fenómeno conocido como intrusión salina, cuando el agua de mar penetra en el delta fértil como resultado del aumento en los niveles del mar combinado con ríos disminuidos por la sequía.

En respuesta, los investigadores han desarrollado cepas de arroz resistentes a estas amenazas y, ahora, trabajan con los granjeros para plantarlas. “Este ha sido un cambio de paradigma”, dice Reiner Wassmann, director de la división de cambio climático del Instituto Internacional de Investigación del Arroz. “Ahora hemos desarrollado variedades de arroz que pueden hacerle frente a la sumersión total, dentro de un rango de dos a tres semanas”. Por otra parte, el equipo ha desarrollado variedades de arroz que son resistentes a la sequía y la salinidad. “No estamos introduciendo una variedad nueva a la que no estén acostumbrados los granjeros, en las que a la gente no le gusta el sabor —dice Wassmann—. Sólo estamos tomando variedades que son populares en cualquier lugar y luego, mediante reproducción precisa, añadimos un rasgo muy específico”.

Por supuesto, corriendo el año 2016, también hay una aplicación para ello: la aplicación para celular Rice Crop Manager da recomendaciones a los granjeros en cosas como fertilizantes, y los investigadores trabajan en incluir advertencias sobre niveles de salinidad.

Y hay un desarrollo final, tal vez inesperado, del siglo XXI que podría tener un efecto enorme en el futuro de la región del Mekong: derechos iguales para las mujeres. “Estamos persiguiendo la tecnología y la innovación, pero la integración de las mujeres es crucial”, dice Siddiqi. Cuarenta por ciento de los granjeros en Asia son mujeres, pero los gobiernos y las agencias locales a menudo no reconocen su posición, y como resultado estas granjeras batallan para tener acceso a instrucción e incluso fertilizantes. Si las mujeres se involucraran apropiadamente en estos programas, las cosechas anuales de alimento en la región podrían aumentar hasta en 30 por ciento, calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Así que si en verdad se requiere la participación de todos para sobreponerse al futuro incierto del Mekong, es esencial que algunas manos pertenezcan a granjeras, como Thong Throm, quien vive cerca de Angkor Wat en Camboya. Apoyada por Plan International, una ONG tradicionalmente enfocada en aliviar la pobreza infantil, Thong está probando una serie de técnicas nuevas para ayudar a sus cultivos durante la temporada de sequía. Estas incluyen cultivar vegetales en bolsas de cultivo, similares a las que se usan en los jardines de todo Estados Unidos y Europa. Plan International las ha distribuido en 200 poblados para ayudar a los granjeros a cultivar vegetales usando menos agua.

“Mi marido es un recurso, pero yo soy la lideresa de nuestro grupo”, dice ella contundentemente mientras me muestra su granja. Thong dice que las mujeres como ella tienen que estar a la cabeza de la carga hacia las nuevas tecnologías porque tienen una conexión más estrecha con alimentar a sus familias que los hombres. Pero ella sabe que necesita ser una pionera. “Tengo que educar a las otras madres y esposas para que cultiven como yo” —concluye Thong—. Porque me preocupa que las cosas vayan a empeorar y empeorar”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek