México es un socio de primer nivel: Mattarella

Nació en Palermo, la capital de Sicilia, y en sus genes e historia la política se hallaba latente, pero no la ejercía. Su padre, Bernardo Mattarella, un declarado antifascista que ejerció de ministro en el gobierno italiano en varias ocasiones, ayudó a fundar el partido de la Democracia Cristiana en plena invasión de Italia por parte de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Sergio Mattarella ejercía de abogado hasta que la mafia asesinó a su hermano Piersanti en 1980, crimen que determinó a la postre su ingreso a la política. Ha ejercido de diputado, de ministro de relaciones parlamentarias, ministro de educación, viceprimerministro de la nación, ministro de defensa y juez de la Corte Constitucional. Finalmente, el año pasado fue elegido 12º presidente de la República de Italia. A propósito de su visita oficial a México, Sergio Mattarella concedió a Newsweek en Español una entrevista exclusiva.

Señor Presidente, ¿cuál es el motivo de su visita a México?

—El objetivo es simple: dar testimonio de la amistad de Italia en las relaciones con México, e imprimir un posterior impulso a una relación bilateral sólida, particularmente viva y llena de oportunidades. Italia y México comparten la presencia en numerosos foros internacionales y a menudo sostienen las mismas posiciones. Son democracias y economías que juegan un papel en el contexto global. México es una gran democracia de América Latina, así como Italia desempeña un papel significativo en Europa. Es más, México es la decimoquinta economía del mundo y la segunda del sub-continente, forma parte del G5 y del G20; es un país abierto al comercio, a las inversiones internacionales y ocupa una posición geoestratégica de excepcional relevancia. Su población es en gran parte joven, el nivel de instrucción es muy elevado y los líderes políticos aparecen empeñados en un programa de reformas de gran interés. Es entonces de algún modo “natural” que Italia mire a México como un socio de primer nivel, no solamente en el marco del continente americano, sino también en el plano global. Es igualmente normal que ambos países hayan madurado, paralelamente en el incremento de sus relaciones, la recíproca conciencia de la existencia de vastos, en buena parte inexplorados, espacios para la posterior ampliación y refuerzo de la colaboración bilateral, en beneficio de los ciudadanos mexicanos e italianos.

Usted es el doceavo Presidente de la República fundada hace 70 años, ¿cómo ha cambiado Italia en esos 70 años del gobierno republicano?

—Italia ha consolidado en estos decenios las decisiones de libertad tras su batalla tanto contra el nazismo como el fascismo, y en sus 70 años de vida republicana ha atravesado profundos cambios. Intento sintetizar algunos. Sobre el plano político, por ejemplo, nuestro país ha sabido consolidar el modelo democrático confirmado después de la guerra, afirmando con el tiempo un modelo de gobierno difuso, con una descentralización Estado-Regiones sostenible y en línea con su historia. Sobre el plano económico, las transformaciones han sido verdaderamente extraordinarias: Italia ha pasado de una economía de carácter predominantemente agrícola a una industrial y manufacturera situada entre las más importantes del mundo. Nuestro sistema económico ha sabido además transformar las tradiciones, la creatividad y el estilo, expresiones típicas de nuestras pequeñas y medianas empresas, en un modelo ganador y en un sector productivo de gran éxito. Sobre el plano social los resultados sobre el terreno de la educación y de la salud permiten decir, por ejemplo, que han sido conseguidos los objetivos importantes en lo que concierne a la igualdad sustancial de los derechos de los ciudadanos. En el campo internacional, Italia, además de convertirse en alma y motor del camino de integración europea, ha sabido trabajar con esfuerzo y autoridad, afirmando en cada ocasión su opinión a favor del multilateralismo, trabajando en el ámbito de la ONU, OTAN y G7, sosteniendo las iniciativas de paz también a través de la participación en las misiones militares-civiles encaminadas a atenuar y prevenir los conflictos, con un amplio reconocimiento a su actuación. Nos ha movido la convicción de que a los problemas globales –desde el del clima hasta el del desarrollo, de las crisis financieras internacionales al tema de los emigrantes y de los refugiados, de la lucha contra la criminalidad organizada al narcotráfico o al terrorismo– es preciso dar soluciones globales.

¿Qué opinión le merecen las posiciones aislacionalistas que se manifiestan en algunos países hoy en día?

—El péndulo de la historia periódicamente empuja a los países a unirse frente a peligros percibidos como comunes, o bien a pensar en poder afrontar por cuenta propia y con recetas a menudo simplistas, nuevos desafíos contemporáneos. Un mundo complejo como el que vivimos, sugiere prudencia en la valoración de las tendencias aislacionistas que emergen. Sobre un plano general, sin embargo, considero las políticas aislacionistas sustancialmente miopes: imaginan poder cerrar la puerta a la globalización, el resto del mundo. Mejor dicho, tomar las partes que les convienen, que parecen deseables, sin asumir las consecuencias de los procesos de la globalización que han dominado la evolución de la política, de la economía y de la sociedad contemporánea. Se escucha a menudo afirmar que nuestras economías, nuestras políticas, nuestras sociedades, nuestros mismos modos de vivir, sean interdependientes. Quizá se precisaría una reflexión madura sobre el concepto de interdependencia, sobre sus características y –sobre todo– sobre sus consecuencias. Quien se aísla tiende a hacerlo con el objetivo de “desligarse” de los problemas, pero estos son –como a menudo sucede– de carácter global, no respetan las fronteras: entonces aislarse significa solamente encontrarse de frente al obstáculo cuando sus dimensiones lo hacen, de hecho, insuperable. Permítame hacer sintéticamente referencia, en este contexto, a un tema muy sentido en Italia, además de central para el futuro mismo de Europa, del Mediterráneo y, bueno, bien conocido en América Latina: el de las migraciones. Los que sostienen poder afrontar un fenómeno histórico como el que hoy estamos viviendo, erigiendo muros y barreras –físicas o políticas– no entienden la esencia de la cuestión y no contribuyen a su solución, determinando, en el caso de la Unión Europea, más bien un “retroceso” de la cohesión entre socios y un redimensionamiento de la autoridad conquistada, en el tiempo y fatigosamente, por la Unión. Resolver los problemas juntos es sinónimo de eficacia y previsión. Por lo demás, cultivar el diálogo y abrirse a la diversidad ha traído en la experiencia europea bienestar, prosperidad y 60 años de paz interrumpida: deberíamos tenerlo siempre bien presente.

¿Cómo define usted las relaciones de Italia con la Unión Europea?

—En el 2017 celebraremos el 60 aniversario de la firma de los Tratados de Roma, que han señalizado el inicio del camino de integración continental. Se ha tratado de un camino no sencillo pero que ha dado mucho a nuestros ciudadanos. El interés con el que desde otros continentes –África, Asia– se mira a nuestro camino con ánimo de extraer esperanza para caminos análogos, es testimonio de su envergadura histórica. Hoy, los muchos éxitos cosechados con el tiempo por la UE, ceden el paso a un momento de reflexión, dominado por la incertidumbre y el miedo de realizar pasos posteriores sobre el camino de la integración. Italia considera que tal coyuntura pueda ser superada no con un retroceso de la colaboración intra-europea, sino con más y mejor integración. Actualmente, gran parte de las legislaciones nacionales de cada país europeo son de matriz comunitaria; nuestros jóvenes han nacido en la Unión y la viven como una auténtica casa común, en la cual se mueven, estudian y trabajan libremente: es el resultado de vivir juntos, de la unidad en la diversidad, que contribuye cada día al enriquecimiento de aquel “demos” europeo que es interés de todos reforzar. Italia, en definitiva, cree en la necesidad de decisiones valientes y a la altura de los ideales que animaron a los padres fundadores en los años difíciles después de la Segunda Guerra Mundial. Esta conciencia guía la acción del Gobierno italiano en Bruselas y ha permitido a Roma adquirir un capital de credibilidad. Trabajamos, dialogando con todos nuestros socios, para reforzar esta visión, en beneficio de la Unión en su conjunto.

¿Qué representa el conjunto de América Latina para Italia?

—Profundos lazos históricos y muy firmes vínculos de amistad nos unen a América Latina, continuamente renovados por la fuerte y bien arraigada presencia de ciudadanos italianos y de origen italiano. Es incluso superfluo insistir en el carácter original resultante de la cultura latinoamericana por el encuentro entre las europeas y las autóctonas. Y sobre cómo esta cultura influya y haya, a su vez, influido sobre la europea. América Latina no es un continente homogéneo: su complejidad, anterior incluso que la resultante por la riqueza de sus culturas primigenias, es antes que nada, geográfica, por tanto geo-económica y geopolítica. Por un lado, incluye tres países miembros del G20, además de otros países y economías decididamente abiertas, tanto bajo el perfil político, como el económico-comercial y social. Al lado de esta realidad existen otras que parecen aspirar al desarrollo de un modelo nacional autosostenible y otras todavía están caracterizadas por una profunda inestabilidad, con todas las consecuencias negativas que ello comporta. Es todo un mundo: economías dinámicas, clases medias en crecimiento y largas franjas de población todavía, por desgracia, bajo el umbral de la pobreza. Italia sigue con respeto y atención todas estas diversas evoluciones, en la conciencia de que el potencial todavía no completamente manifestado de este continente es muy relevante y que Italia puede dar su propia contribución, también en el marco de las relaciones entre América Latina y Europa. Con el tiempo estas dos “familias” de países han establecido relaciones siempre más estrechas que esperamos puedan encontrar un desarrollo posterior gracias a acuerdos como aquel entre la UE y Mercosur en oportuna finalización. En otras palabras, se evidencia todavía una vez más la oportunidad, para una eficaz gobernanza mundial, de la creación de organismos sobre una base continental en grado de dialogar entre ellos, según el modelo de grandes miras preconizado por la Carta de las Naciones Unidas.

¿Cuáles son los sectores de mayor interés para Italia en México?

—Las relaciones entre Italia y México se están profundizando bajo múltiples frentes, como es evidente por la siempre mayor frecuencia de visitas oficiales y de encuentros a nivel político. Ello es síntoma de una convergencia de intereses y de una creciente colaboración que va desde los temas multilaterales en el seno de las Naciones Unidas y el G20, a la colaboración en materia judicial y de lucha contra la corrupción, a la del ámbito cultural, científico y económico. Por dar algún ejemplo, en el sector cultural se están realizando importantes eventos, como la exhibición de las obras de Antonio Canova fotografiadas por Mimmo Jodice, que será inaugurada en unos días en el Museo San Carlos de Ciudad de México, o la de los Mayas que se realizará en Verona el próximo otoño. Numerosos proyectos comunes han sido discutidos en ocasión de la visita a México del Ministro italiano de los Bienes Culturales, Dario Franceschini, hace solo unos pocos días. Además, se está desarrollando la colaboración en el ámbito cinematográfico para promover las coproducciones y las participaciones en los festivales de ambos países. En el sector científico se está consolidando la colaboración entre las principales instituciones académicas y los centros de investigación. En el ámbito económico, asistimos a un crecimiento constante del intercambio comercial, con un incremento de las exportaciones italianas que en el 2015 se ha situado en el 13,4%, mientras se está consolidando cada vez más la presencia de las empresas italianas en México (más de 1600). Sin duda, el sector energético está entre aquellos que en este momento reclama más la atención entre las empresas italianas con intención de invertir, gracias también a las reformas promovidas por el Gobierno mexicano. Siguen teniendo importancia, junto a esto, sectores como la industria automovilística, la alimentaria, el diseño, el sector farmacéutico y el turístico.

—¿Cuáles son los problemas más críticos que debe afrontar el mundo en este momento?

—Mencionaré el desarrollo sostenible en el respeto al medio ambiente y la estabilidad entre los múltiples –y muy relevantes– problemas con los que nos debemos hoy enfrentar. El reconocimiento de los derechos de los pueblos, de las comunidades y de las personas debe inspirar cada forma de ejercicio de pública responsabilidad. Porqué nos constituimos en poder y, ¿por qué se ejercita el poder si no por el progreso de vida de las personas? Es necesario ser fieles a este objetivo que comporta la afirmación de los valores de libertad e igualdad connaturales a la dignidad de las personas. Vencida esta batalla será más sencillo afrontar las emergencias con las que hoy nos enfrentamos: la lucha contra el terrorismo, la criminalidad organizada transnacional y las migraciones son temas absolutamente prioritarios en la agenda internacional que, teniendo en cuenta su envergadura, están destinados a permanecer así para largo sin un decisivo empeño de toda la comunidad. Es necesario atacar y drenar el humus en el cual estos fenómenos nacen y prosperan: conflictos, violencia, pobreza, dificultad de acceso a la educación y al cuidado de la salud y falta de oportunidades para el crecimiento económico. La magnitud del desafío supera –por mucho– las capacidades de respuesta de cada país, por muy fuertes que estas sean. Es por esto que consideramos indispensable una acción auténticamente colectiva de la comunidad internacional y de sus comunidades regionales.