Heridas del brexit

La votación a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea fue una victoria de los viejos sobre los jóvenes, de los menos educados sobre los educados, del nacionalismo sobre el internacionalismo. No es de sorprender que el presunto candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, que visitaba uno de sus campos de golf en Escocia cuando se anunció el resultado el 24 de junio, se haya mostrado encantado. Las encuestas muestran que los votantes a favor del brexit y la base de partidarios de Trump están motivados por una mezcla similar de temor y fantasía: el anhelo de controlar la inmigración, revertir la globalización y restaurar la grandeza nacional al desligarse del enorme y amenazante mundo.

“Las personas quieren recuperar su país”, dijo Trump cuando comenzaron a surgir noticias sobre la votación. “Desean tener independencia… en toda Europa desean recuperar sus fronteras”.

Trump tiene razón: la votación del brexit no es más que la manifestación más clara y reciente de populismo y nativismo que une a los pobres de Europa y Estados Unidos contra el orden político establecido. Es probable que la primera víctima de este grito primigenio político de los desposeídos sea el Reino Unido mismo. Tras la votación del brexit, la primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, anunció que un nuevo referendo sobre la independencia de ese país era “muy probable” debido a que los votantes escoceses apoyaron rotundamente la opción de permanecer en la Unión Europea. Sturgeon dijo que no permitiría que Escocia “fuera echada de la Unión Europea contra su voluntad”. Martin McGuinness, viceprimer ministro de Irlanda del Norte, llamó a una votación sobre la reunificación con la República de Irlanda, y calificó este hecho como “el siguiente paso lógico para todos nosotros que creemos en la Unión Europea y deseamos seguir siendo parte de Europa”.

Londres, hogar de más de un millón de inmigrantes europeos y el centro neurálgico del Reino Unido, también está echándose atrás. Sadiq Khan, el nuevo alcalde de Londres, pidió que la ciudad tuviera “una voz en la mesa” durante las renegociaciones del Reino Unido con Europa, y a pocas horas del resultado, más de 100 000 personas habían firmado una petición en línea que instaba a Londres a declarar su independencia del resto del país.

“Hay ocasiones, no muy frecuentes, en las que puedes sentir que se está haciendo historia”, escribió el historiador Dominic Sandbrook en el periódico Daily Mail, que está a favor del brexit. “Un archiduque cae, un muro se derrumba, un avión se estrella contra un edificio y, en ese momento, puedes sentir que la tierra se mueve bajo tus pies”.

Y no es sólo la tierra británica la que Sandbrook siente moverse. Es toda Europa. La unión europea ha sido el experimento político más audaz de los tiempos modernos, el cual ha ayudado a llevar paz y prosperidad a un continente rebelde y dividido. Apenas en la década de 1970, España, Portugal y Grecia estaban gobernados por dictadores fascistas o juntas militares, y hasta 1989, toda Europa Oriental se encontraba de hecho bajo la ocupación militar soviética. La Unión Europea ha absorbido la mayoría de esos países, y muchos de los que se encuentran fuera desean integrarse. Sin embargo, al mismo tiempo, la Unión Europea se encuentra a sí misma bajo un ataque constante que proviene de su interior.

Enormes cantidades de votantes en toda la Unión han comenzado a exigir separarse no sólo de la Unión Europea, sino, en el caso de Escocia, Cataluña en España y Flandes en Bélgica, también de sus respectivos países. En Francia, la lideresa del Frente Nacional, Marine Le Pen, saludó la votación como “una victoria para la libertad… He venido diciendo por años que debemos realizar el mismo referendo en Francia y otros países de la Unión Europea”. El político holandés antiinmigración Geert Wilders dijo que era el momento de realizar una votación para promover la salida de la UE de los Países Bajos o nexit, mientras que Matteo Salvini, líder de la Liga del Norte de Italia, publicó un tuit donde decía que “el corazón, la mente y el orgullo superaron a las mentiras, las amenazas y el chantaje. Gracias, Reino Unido, ahora es nuestro turno”. Los demócratas suecos antiinmigración declararon que “¡esperan el swexit!”, mientras que Beatrix von Storch, del partido euroescéptico alemán Alternative für Deutschland, escribió que “la Unión Europea ha fracasado como una unión política”. El euroescepticismo también es profundo en Polonia, donde Beata Szydlo, la nueva primera ministra de derecha, ordenó retirar las banderas de la Unión Europea del podio donde dio su primera conferencia de prensa en noviembre pasado. En Hungría, el primer ministro Viktor Orban critica frecuentemente a la Unión Europea.

MENSAJE EUROPEO: el Reino Unido se ha convertido en la primera nación occidental en sucumbir ante la revolución populista antiinmigración. Otros países parecen estar cerca. Foto: Justin Tallis/AFP

Si alguien duda del poder de este populismo, consideremos esta amarga ironía del brexit: en realidad, el Reino Unido tiene un acuerdo mucho más flexible e independiente con la Unión Europea que la mayoría de los demás estados miembros y, aun así, votó a favor de su salida. El Reino Unido se encuentra fuera de la eurozona y mantiene el control de su propia moneda. También se encuentra fuera del Área de Schengen, donde no se requiere visa, y ha mantenido un mayor control sobre sus fronteras. La economía británica creció casi 3 por ciento el año pasado, en comparación con una eurozona prácticamente estancada. En el Reino Unido, el desempleo juvenil es de apenas 13 por ciento, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Nacionales, en comparación con 45 por ciento en España y un sorprendente 48 por ciento en Grecia. La prosperidad británica ha atraído una ola de inmigrantes, como los miles de personas que acampan en Calais, Francia, esperando una oportunidad para abordar un camión a Dover, pero de acuerdo con Eurostat, otros 14 países de la Unión Europea aceptaron más migrantes per cápita el año pasado que el Reino Unido.

“Francia tiene posiblemente mil razones más que los ingleses para desear salir de la Unión Europea”, dijo Le Pen en una reunión de partidos de extrema derecha realizada en Viena en mayo pasado, y culpó al euro y a las reglas del libre movimiento de la Unión Europea por las altas tasas de desempleo y por no poder mantener fuera a “contrabandistas, terroristas y migrantes económicos” (se espera que Le Pen tenga un buen desempeño en las elecciones presidenciales de Francia que se realizarán el próximo año).

Sin embargo, el Reino Unido se ha convertido en la primera nación occidental en sucumbir ante la revolución populista antiinmigración. Otros países parecen estar cerca. El 23 de mayo, Norbert Hofer, del austriaco Partido de la Libertad, de extrema derecha, fundado en la década de 1950 por exnazis, fue derrotado en la carrera por la presidencia de su país por apenas 30 000 votos. El mensaje de Hofer fue esencialmente el mismo que Nigel Farage, líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés), ha venido impulsando durante años: la inmigración, el islamismo radical, la Unión Europea y las fuerzas de la globalización amenazan con destruir el futuro de Austria y del Reino Unido, y por extensión, de la mayoría de las naciones occidentales.

Los carteles de campaña del UKIP muestran una fotografía de miles de refugiados haciendo fila en las fronteras de la Unión Europea, con el subtítulo “Punto de quiebre: la Unión Europea nos ha fallado a todos”. Los usuarios de Twitter señalaron rápidamente su similitud con los cortometrajes de propaganda nazi en las que aparecían migrantes, así como la visión alarmista de Trump de Estados Unidos arrasado por terroristas musulmanes y violadores mexicanos. Ni siquiera ese racismo mal disfrazado desalentó a los votantes británicos.

El resultado del brexity el amplio surgimiento de un nuevo nacionalismo han sorprendido a muchas personas debido a que se han producido en un momento de gran estabilidad y prosperidad en el Reino Unido y en Europa. Sin embargo, aunque la globalización ha sido positiva para las élites educadas y urbanas, las clases trabajadoras tradicionales de Occidente no han participado del crecimiento en el ingreso y de las oportunidades de que disfruta la clase media. No es ninguna coincidencia que los centros más importantes del brexit y de la trumpmanía sean las áreas del Cinturón Industrial de la zona centroccidental de Estados Unidos y lo que fue alguna vez el centro industrial del norte del Reino Unido. Estas áreas han sido golpeadas duramente por el hecho de que los trabajos de fabricación han sido trasladados al extranjero y por los migrantes que compiten por empleos mal pagados y educación, atención a la salud y asistencia social proporcionada por el Estado. La misma historia se repite en Francia: las áreas con mayores probabilidades de apoyar a Le Pen se encuentran en las zonas económicamente deprimidas de Nord-Pas-de-Calais-Picardie y Provence-Alpes-Côte d’Azur, antiguos baluartes del Partido Socialista francés.

Estos votantes, en Europa y Estados Unidos, han desarrollado un sentido de desconfianza particularmente fuerte. Sus blancos son, en general, las personas que ejercen una influencia, aun si esas personas no son aliadas. Aglutinados en su campo enemigo percibido se encuentran los banqueros, los periodistas y sus jefes, así como los políticos de carrera, aunque los periodistas y los políticos mismos provocaron gran parte de la desconfianza. En el Reino Unido y en algunos otros países, muchos votantes de la clase obrera muestran un desdén particular por los políticos y las figuras de los medios de comunicación de tendencia izquierdista, cuyos valores liberales y metropolitanos son considerados como cada vez más opuestos a los menos privilegiados que alguna vez dijeron representar. “La tempestad que se desató por toda Inglaterra [fue] una gigantesca revuelta contra la élite política que, durante mucho tiempo, han subestimado a los votantes de la clase trabajadora”, señaló Sandbrook. “Esta será una victoria para la gente real, una victoria para la gente ordinaria”, declaró Farage, que anteriormente fue banquero. “Hemos combatido a las multinacionales. Hemos combatido a los grandes bancos comerciales. Hemos combatido a los grandes partidos”.

Los burócratas no elegidos de Bruselas también se han convertido en figuras de odio particulares, principalmente porque han pasado por alto repetidamente la voluntad democrática de los europeos. Dinamarca votó en contra del Tratado de Maastricht que delineó la unión monetaria en 1992 y contra la Constitución Europea en 2005; Francia rechazó la Constitución al mismo tiempo. Los irlandeses rehusaron ratificar el Tratado de Lisboa, que actualizó las hipertrofiadas instituciones de la Unión Europea en 2008. A pesar de ello, la Unión siguió adelante con sus planes de integración.

Es posible que los líderes de la Unión Europea respondan al brexit introduciendo reformas, por ejemplo, al devolver mayores poderes sobre las leyes laborales y el asilo a las naciones Estado, en una apuesta para detener la propagación del euroescepticismo. Sin embargo, la reacción inicial de Bruselas ante la votación fue todo menos humilde, y sugirió al Reino Unido que se apresurara para abandonar el club europeo. Los presidentes del Consejo, de la Comisión y del Parlamento Europeo emitieron una declaración conjunta pidiendo al Reino Unido que se retirara “lo antes posible, independientemente de lo doloroso que pudiera ser el proceso” (muchos políticos continentales consideran insoportables a sus tercos y reacios homólogos británicos). Mientras trataban de echar al Reino Unido, al mismo tiempo, los líderes de la Unión Europea intentaban disuadir a otros países de dirigirse a la salida señalando que es muy probable que el Reino Unido enfrente problemas económicos. “El Reino Unido acaba de cortar sus lazos con el mercado más grande del mundo”, advirtió Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo. “Eso tendrá consecuencias, y no pienso que otros países se animarán a seguir esa peligrosa vía… La reacción en cadena que está siendo celebrada ahora en todas partes por los euroescépticos no ocurrirá”.

ACABADOS: Un abrumador 73 por ciento de los votantes de entre 18 y 24 años deseaban permanecer en la Unión Europea, mientras que la mayoría de los votantes de más de 55 años deseaban salir. Foto: Kevin Coombs/Reuters.

El caos político puede ponerse mucho peor. Muchos británicos, especialmente los que tienen menos de 24 años, cuyo 75 por ciento votó a favor de permanecer en la Unión Europea, en comparación con tan sólo 39 por ciento de los mayores de 65 años, presionan para la realización de un segundo referendo. Una petición en línea publicada en el sitio oficial del gobierno del Reino Unido había recibido 3.5 millones de firmas en apenas tres días, lo que significa que el parlamento deberá, al menos, considerar la idea. Poco después de la votación, el hashtag #bregret (una combinación entre las palabras “Britain”, el Reino Unido, y “regret”, arrepentimiento) se volvió trending topic en Twitter. Técnicamente, los resultados del referendo no son vinculantes para el Parlamento, que debe ratificar un acuerdo final para salir de la Unión Europea, y una abrumadora mayoría de los miembros del Parlamento apoyó la campaña para permanecer en la Unión.

En su discurso de renuncia, el primer ministro británico David Cameron dijo que corresponderá a su sucesor, que será elegido por el gobernante Partido Conservador en octubre próximo, poner en marcha la cuenta regresiva formal para salir de la Unión Europea, descrita en el Artículo 50 del Tratado de Lisboa. Esa fue una importante diferencia con respecto a la postura de Cameron antes del referendo y deja un cáliz envenenado para el próximo líder del Partido Conservador, que enfrentará críticas no sólo por seguir adelante con el brexit,sino también por desencadenar casi seguramente una secuencia de hechos que podrían llevar a la desintegración del Reino Unido. Esto deja mucho espacio para acobardarse en los caóticos meses y años futuros, conforme el atractivo del brexit se desvanezca y los votantes se den cuenta de que no va a revertir la inmigración ni las políticas de austeridad introducidas por el gobierno de Cameron. Boris Johnson, exalcalde de Londres y el candidato favorito para suceder a Cameron, inicialmente hizo campaña a favor de la idea de tener dos referendos. El opositor Partido Laborista, que actualmente atraviesa por una batalla interna de liderazgo, también podría acabar uniéndose a una posición antibrexit.

Es probable que cualquier nuevo acuerdo con la Unión Europea se parezca mucho al antiguo, excepto que el Reino Unido habrá quedado despojado de su derecho a opinar en la elaboración de políticas de la Unión Europea. A cambio del acceso a este mercado único, es probable que el Reino Unido acepte el principio de libertad de movimiento para los ciudadanos de la Unión, justo como otras naciones asociadas que no son miembros, como Suiza y Noruega.

Los líderes del brexit hablan acerca de un reordenamiento civilizado de las relaciones comerciales y políticas del Reino Unido con Europa. “Nuestros socios de la Unión Europea deben saber que seguiremos comprometidos”, tuiteó Daniel Hannan, miembro del Parlamento Europeo que ha sido una de las principales luces intelectuales de la campaña a favor de salir de la Unión. “Asumir el control de nuestras leyes no significa alejarnos de nuestros aliados… La tarea ahora es unir al país, avanzar en una forma mesurada y paulatina hacia un Estado que puedan aceptar quienes estuvieron a favor y en contra de salir de la Unión”.

Esta es una visión muy optimista. De hecho, el brexit es un síntoma de poderosas fuerzas perturbadoras que son mucho más grandes que la política británica. La votación en ese país no se relacionó tanto con Europa como con un futuro globalizado, un futuro que los perdedores de la globalización rechazan en todo el mundo. Los siguientes episodios de la batalla prometen ser mucho más amargos y posiblemente desencadenen algunas de las fuerzas más oscuras del nacionalismo europeo. Tú tienes la palabra, Marine le Pen. Donald Trump, a ti te toca en noviembre.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek